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wanakes el 22-11-2012 20:13 UTC

Crónica y denuncia de un profesor de universidad sobre los estudiantes de hoy en dia:
...Ellos son los primeros en levantar la voz y protestar si se les quiere dar una enseñanza de calidad porque, no nos engañemos, han adoptado la posición cómoda, la que menos esfuerzo requiere. Poco importa luego caer en una contradicción flagrante y es que para qué quieres unos apuntes bonitos y completos si no miras para ellos. Les das un sermón con consejos útiles para estudiar y comprender la materia y te miran aburridos... etiquetas: estudiantes, universidad, educación negativos:
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“Están matriculados en unas carreras, como son ingeniería o química, por citar sólo dos ejemplos, no habiendo cursado en el bachillerato la asignatura de física. ¿Qué van a entender y/o sacar en claro cuando yo les hable de mecánica, termodinámica, ondas, electromagnetismo, óptica o similar? ¿Cómo han sido tan insensatos? La respuesta es que resulta más cómodo deshacerse, mientras se pueda, (y nuestro sistema educativo así lo permite) de las asignaturas incómodas, complicadas y que requieren un esfuerzo superior a la media. Ya me preocuparé de la física cuando llegue a la universidad, la culpa es del sistema, la culpa la tiene mi instituto que no ofertaba la asignatura o no había profesor para impartirla. Todo excusas y mentiras para autoengañarse y descargar la responsabilidad en otros y no en uno mismo. Si te quieres ir a la escuela de ingeniería dentro de uno o dos cursos, te tienes que matricular de física en el bachillerato y si no puedes, te buscas la vida de otra manera, estudias por tu cuenta o asistes a una academia, pero no te vayas a los dos años a la universidad y le digas al profesor que lo que está contando no tienes que saberlo porque nunca te lo han explicado”.
#4 ¿Mente privilegiada? No lo creo y elegante tampoco.
pero también es cierto que el talante del profesor ayudando a los alumnos, mostrando interés y entusiamo por su trabajo es fundamental.
Despotricar es lo más fácil aunque sea cierto lo que se dice, es un desahogo, pero eso jamás debe mostrarlo el profesor. La paciencia es una virtud necesaria en estos casos.
Este señor en su texto plasma una situación existente en la universidad española y en la educación española en general. Una de esas cuestiones es la falta de nivel de los alumnos por la falta de interés con la que se llega (y la igualdad entendida como igualdad por abajo y no estimular a la mejora). Por muy motivador que sea el profesor, por mucha paciencia que tenga, es muy difícil motivar a gente que pasa por la universidad pero a los que la universidad no pasa por ellos.
Antes de seguir adelante, querido lector, te pediría que volvieses a leer el título de este post y, en caso de que te ofenda, por mínimamente que sea, debo rogarte que no sigas adelante porque lo que te encontrarás será duro, sin pelos en la lengua
El debate no le apasiona. Parece que no cree en su potencial, ni tampoco en el de las personas para intercambiar ideas, a no ser que sean para reafirmar las que ya tiene.
Sí, puede que sea "mi" realidad, distorsionada por "mi" propia forma de pensar y de ver las cosas desde "mi" perspectiva individual
Se pregunta sobre -y pone bajo cuestión- la carga de subjetividad de lo que va a contar. Muestra de: 1) no lo debe de hacer muy a menudo, más que para sus adentros; 2) es un objetivista de tomo y lomo, confunde el mapa con el territorio, y lo peor es que no lo sabe, se conforma con ello, y tiene pocas posibilidades de salir de ahí. Debe de ser que está tan acostumbrado a repartir "objetividad" en sus clases, cual agricultor abonando el campo, que, claro, ahora se siente raro hablando de único que realmente sabe: su dificultad para enfrentarse a las dificultades derivadas de tratar de enseñar a otras personas.
[...] cinco cursos de sacrificio, horas interminables de estudio, clases diarias, prácticas de laboratorio y exámenes agotadores [...]
Ese es el verdadero currículum vitae del que él se siente orgulloso. No sé si tendrá papers con decenas de citas, pero me temo que eso, ese sacrificio, esas batallas y guerras ganadas son su verdadero valuarte para decidir qué, cómo y por qué hacerlo como profesor universitario. Yo me cuestione que esa experiencia que describe así sea la ideona para un estudiante universitario y para cualquier otro tipo de estudiante.
me encuentro en el papel opuesto, el de profesor universitario (además de investigador y divulgador, aunque a algunos les duela y les corroa la envidia porque ellos son incapaces de hacer las tres cosas al mismo tiempo con mediana dignidad),
Ahí empieza su repertorio de repartición de perdones a los demás. Deberíamos dar las gracias cada lector por cada palabra, qué digo, cada letra ahí escrita. No obstante, las tres posibles reacciones que permite reflejar en su blog para los lectores son: Muy bueno; Excelente; Insuperable. Es una persona que no conoce el fallo, no conoce el error, no puede permitírselo...o eso dice e » ver todo el comentario
La mayoría de gente inteligente no está acostumbrada a esforzarse para aprobar porque han llegado hasta la universidad sin estudiar absolutamente nada ni esforzarse nada, porque todo el colegio e instituto al ritmo que vas es al de la gente que no quiere estudiar.
Yo no recuerdo estudiar demasiado ni en colegio, instituto, ni siquiera para la selectividad. Solamente atendía en clase y me hacia unos esquemas para los exámenes que me estudiaba en el bus yendo al instituto. Claro, luego llegas a la universidad y llegan las hostias hasta que te acostumbras.
Este lo es y muy probablemente esos tres metros de altura desde donde mira a los borregos vagos y gandules de sus alumnos sean insalvables para él. Cuestionarse lo que hace dentro de clase sería el primer paso. Pero este artículo va en dirección opuesta.
Parece que deja entrever entre sus sabias palabras que esto de estudiar algunas carreras requiere de un buen par y una buena cocotera. Pues bien, igualmente podría empezar a plantearse que lo de dar clase y guiar y dirigir grupos quizás tampoco esté al alcance de todos, o, al menos, no al mismo nivel.
Supongo que tiene que ver con la elección de la carrera y las motivaciones que te llevan a estudiar. La mayoría de la gente que conozco que está estudiando una ingieniería (y conozco a unos cuantos) están allí porque "es lo que hay que hacer", o porque "no van a perder el tiempo en estudiar algo que no vale para nada" (y ese "no vale para nada", tiene que ver con las salidas de la carrera). Les han metido en la cabeza que hay que estudiar una ingieniería para luego tener un buen trabajo con un buen sueldo y comprarse el coche, la casa, casarse, tener los dos niños y el perro. No hay más motivación que esa y por ello no les importa una mierda lo que les están explicando en la carrera, ni siquiera les gusta estar allí. O eso creo yo. Sin embargo, yo estoy estudiando una carrera de letras bastante desprestigiada, Filología hispánica, que tiene pocas salidas y que quien se mete ahí tiene otro tipo de motivación: realmente nos interesa lo que nos están contando, no sólo nos interesa, sino que además, nos encanta. En mi clase hay gente que después se va a la biblioteca a estudiar, a leer libros, a saber más, o incluso van a clases de oyente sólo por aprender más (yo no llego a tanto, todo hay que decirlo).
Creo que el problema del que habla el artículo es mucho más profundo...
- Hay no Massa Jhon, que haría el pobrecito Tom si no tubiese a mass pa dicile lo qui debe hase´...
- No entienden. No sabrían gestionar su sueldo. Es por el calor de su tierra natal, ¿sabes? Eh, Tom, ¿Que es la trigonometría?
- Hay no se Massa Jhon, el pobrecito Tom es un negrito bueno y bien bautizado que no sabe de macumba ni brujería.
- Está bien, Tom, eres un buen negro, toma esta corteza de pan y dile a tu mujer que me chupe la polla.
- Oh, gracias, gracias, no sabría que hacer sin usted massa.
- Es lo que són, indolentes, perezosos, sin iniciativa *agitando la fusta* para hacerlos trabajar hay que usar el palo. Yo lo uso todas las semanas.
Pues esto lo mismo pero sin fusta. Como si no tuviésemos el culo pelao de aguantar profes imbéciles que se creen la ostia y seguirles el juego porque no te queda otra...
Y quizá si sólo los más brillantes triunfan sea porque están triunfando a pesar del sistema, y no gracias a él. Pero no, si los alumnos brillantes aprueban es porque él es un profesor cojonudo, si lo que no son tan brillantes suspenden es culpa de ellos mismos.
Ya, ya me conozco esa línea de pensamiento.
Memos insignes como este los hubo toda la vida. Yo tuve que sufrir al menos dos.
A mi este tipo me parece un soberano imbécil. Desde aquí le digo que me saqué la carrera en cinco años, con buena media y emborrachándome cada fin de semana hasta las trancas. Jódete frustrado.
#22 Claro es que en los 80 la gente no salía ni bebía cerveza, se pasaban la vida estudiando con su raya en medio y los jerseys de rayas. Eso de las chupas de cuero, la movida y las drogas a montones es todo imaginación.
También en su día pensaba que mis profesores eran horribles, y que los que más suspendían, más inútiles eran. Ahora ya no lo pienso, lo se.
Los exámenes que hoy en día se ponen en el primer curso de universidad son pruebas que en mi época se realizaban cuando estabas en bachillerato (así, como suena, dejémonos de tonterías y afrontemos la realidad) y así y todo la gente se ve incapaz de resolver las cuestiones y problemas básicos y elementales. El primer curso de universidad se ha convertido en el tercer curso de bachillerato. La generación mejor preparada de la historia, una expresión que me saca de quicio, no sabe las leyes de Newton apesar de haberlas estudiado una docena de veces. Ya no te encuentras estudiantes brillantes todos los años, como sucedía en mi generación, de hecho casi no encuentras a ninguno. Hay una uniformidad absoluta, nadie destaca (salvo muy escasísimas excepciones), no leen siquiera cuatro libros al año, nadie pone en aprietos al profesor con sus preguntas ingeniosas o plenas de comprensión de la materia explicada, nadie intenta ir más allá de donde yo les dejo, del mundo que les muestro en clase, ese mundo fantástico que está ahí afuera, al lado de ellos y que parecen ignorar con absoluta pasividad.
Les preguntas cosas que has repetido una y mil veces en clase y ni aun así. Les repites convocatoria tras convocatoria (hasta tres veces consecutivas lo he hecho) el mismo examen, sin cambiar una coma o un punto y siguen sin saber hacerlo. Tampoco saben empollarlo de memoria, aunque solo sea por aprobar, joder. Hay que ser torpe y necio para no superar la asignatura cuando te dan puntos por asistir simplemente a las clases. He llegado a ver estudiantes matriculados durante 10 cursos consecutivos de la misma asignatura. Y pienso: qué padres tan generosos y comprensivos que son capaces de entender que su niño o niña emplee toda una década de su vida para aprobar una asignatura básica de primer curso, aunque nunca se haya presentado a los exámenes. Eso sí, a mi niño o niña que no le falten un ordenador, un iPad, un iPod y un smartphone con los que puedan enviar SMS en clase, mientras el profesor se cabrea porque hacen ruidito las teclas. Si mi niño o niña suspende es que el profesor es un incompetente y no le sabe motivar. ¡Señores papás y señoras mamás, a la universidad se viene motivado de casa!
Amigo, tú no eres de la generación de la que habla este hombre. ¡Que el tiempo pasa!
Les encargas un trabajo a personas ya licenciadas, con un título superior y, se supone, con una vocación docente a prueba de bombas. Pues no, se quejan, intentan escaquearse y esforzarse lo menos posible, se retrasan en la entrega con excusas miserables y faltas de creatividad
www.abc.es/20121107/familia-padres-hijos/abci-jovenes-aprender-sufrir-
Con destaque al último párrafo:
Para él, «los jóvenes, en la sociedad actual, aprenden a ser adictos, por ejemplo, a las nuevas tecnologías, a los éxitos, a las sensaciones, a los vídeojuegos y al alcohol» y «esa adición les resta libertad para autodeterminarse en el futuro y serán personas manipulables por el ambiente».
Añado: y esto genera problemas de concentración en universitarios que antes eran más bien propios de niños de primaria o secundaria.
Yo me fui con mis padres y mi hermano a un restaurante carísimo.
También lo celebré con los amigos pero no sé por qué eso fue menos especial (porque salir de fiesta, es siempre salir de fiesta)
Y si fuera a un restaurante, sería de bajo coste.
Mentalidad típica española. Que lamentablemente se inculca desde el primer día que se pisa un aula. Así el individualismo se ha implantado en el subsconsciente de la sociedad española. Yo me lo guiso, yo me lo como. Así tenemos una economía basada en pequeñas empresas, pymes y autónomos, mientras en otros paises se nos meriendan con grandes corporaciones.
Luego descubres que esos grandes nombres realmente están formados por pequeños departamentos autónomos donde se fomenta la iniciativa (otra deficiencia de nuestro modelo educativo), pero que viven bajo el paragüas de las grandes marcas.
El "yo soy más listo que nadie" también es intrínsecamente culpable el modelo educativo, aunque para demostrarlo en la vida profesional, nos rodeemos de idiotas.
(Hoy, en cambio, me dicen que eso ha cambiado. Al parecer, corresponder a las pretensiones de un viejuno hasta se puede considerar cosa de prestigio.)
Y sí que ha cambiado sí.
Por desgracia refleja muchas actitudes que he podido ver, tanto en compañeros de facultad como en compañeros de trabajo con experiencia y chicos en periodo de formación.
Tienes suerte si no te encuentras con un médico al que le importa una mierda tu problema, o un profesor al que no le va la vida en que aprendas o no, o un aprendiz que piensa que no le incumbe lo que le estás contando. Y como dice el autor, no es un problema de edad o presión, es un problema, endémico, de actitud. Incluso diría que tienes suerte si te encuentras con alguien que no es así.
Es un error, bastante habitual, confundir lo puñetero que puede llegar a ser un examen (si es final, mejor) con eso que llaman nivel educativo o calidad educativa.
#40 Es imposible no reflejar la opinión, sobre todo cuando no se tienen más argumentos que lo que te han ido autoafirmando tus creencias, en un debate educativo. No obstante, lo que dice ahí está. Y es de lo que hablo. Probablemente sea un tío cojonudo fuera de clase y cuando no se acuerda de sus alumnos.
No es el mejor profesor al que le va la vida en que aprendan sus alumnos, sino el más profesional, el que más recursos tiene, el que mejor se sabe adaptar, el que mejor sabe cautivar, sugerir, motivar, enganchar, el que más sabe lo que hace, el que no cree en falacias sobre la transferencia del conocimiento (lo que sale por mi boca entra en tu cabeza), porque, al fin y al cabo, dar clase se trata de comunicar, no de creerse Dios. Te tiene que gustar dar clase y llevar una asignatura, eso es fundamental.
Y sí, la verdad es que puedo decir que he tenido muchísima suerte. Lo cual no quiere decir que me haya topado con muchísimos profesores excepcionales. Unos pocos buenos son suficientes para resolver el entuerto
fisicacf.blogspot.com.es/2012/11/apostillas-de-ratones-y-hombres.html
Sí, soy subjetivo en este caso.
Hace ya bastantes años escuché a un profesor de secundaria hablar de eso en una charla que nos dio en la facultad. Según él todos los profesores consideran que sus alumnos están menos motivados que la generación a la que el profesor pertenece. Eso se decía cuando yo iba al colegio, y se les dijo a mis padres antes. De eso concluyó este profesor que hace un par de cientos de años, todo el mundo tenía que ser un genio, ya que la educación va siempre en deterioro y hoy en día tan mal no andamos.
A mi me parece que es un error comparar una generación entera no con uno mismo, sino con una imagen idealizada que se tiene de este. Yo no estaba para contrastarlo, pero seguro que antes también había vagos, borrachos y fiesteros.
Por otro lado este debate da mucho que pensar. En mi instituto, que es bastante bueno, estamos 5 españoles. También tengo una amiga en Harvard, en Caltech y en casi todas las buenas universidades del mundo (que no son las españolas, me temo). Es curioso que una generación tan poco motivada consiga tan buenos objetivos. Será que además de fiestear sabemos hacer otras cosas.
Con esto no defiendo la absurda idea tan extendida de que "los estudiantes españoles están muy bien valorados fuera". Estamos igual de valorados que los italianos, franceses o iraníes. Si lo hacemos bien, bien, y si lo hacemos mal, mal.
En fin, esto es un debate eterno. En cuestiones de ciencia es sencillo. Habrá que ver lo que produce esta nueva generación, en cuanto a cantidad y calidad de la ciencia. Sólo con eso podremos saber si estamos o no a la altura de nuestros mayores. Yo, personalmente, creo que sí. La pena es que la ciencia la produciremos fuera, ya que nuestro propio país nos ha condenado al exilio.