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Alvierto el 14-02-2013 16:48 UTC
(Este artículo es la segunda del reportaje publicado ayer, sábado, bajo el título: Quien es honesto y sigue las normas es porque es tonto. Javier trabaja en una empresa de ingeniería en la que ha ocupado varios cargos directivos. Varios de sus compañeros, responsables de la fábrica, montaron una especie de ETT para contratar a los trabajadores de la planta, un método que era...
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cancion relacionada:www.youtube.com/watch?v=AtuKmrBFlQU
Este último párrafo resume de una manera totalmente diáfana la moral imperante.
#1 Curioso que aparezca sobre impresionado en el vídeo un anuncio de oposiciones a Policía Nacional.
"Los honestos son inadaptados sociales"
Me ha gustado mucho el artículo porque refleja el mismo pensamiento que tengo yo desde que me considero adulto: la sociedad entera tiene un problema de actitud muy serio, hemos pervertido por completo los valores que antaño se admiraban; ahora lo único que importa es ganar dinero, cuanto más mejor, el beneficio siempre justifica los medios.
Espero que esta forma de pensar sea algo transitorio, de lo contrario nos estaremos acercando poco a poco a la autodestrucción.
Hoy escuchaba en una radio hablar a un neurólogo sobre este tema precisamente, han detectado que, desde hace más de una década, determinadas zonas cerebrales se están inhabilitando; no recibir información hace que (no puedo repetir las palabras exactas) parezcan mutiladas al cortarse la comunicación, de ahí la escasa empatía de algunos o conductas donde los individuos, sin ser psicópatas, pueden parecerlo por la insensibilidad y frialdad de sus actos.
“Si vas diciendo que la gente tiene que comportarse en su profesión de un modo ético, y luego le enchufas 60.000 euros por contar en la tele que se ha acostado con este y con el otro… Podrás hablar de principios éticos y de lo que quieras, pero los estarás construyendo sobre una base social que has ayudado a pudrir”
Si los corruptos, los deshonestos o las personas sin principios no reciben la sanción adecuada, sino que además se les premia, como está ocurriendo ahora, no hay posibilidad de cambio. Por eso, señala Jiménez, tendríamos que dejar de pensar el problema de la corrupción como el resultado de los privilegios de la casta política, para empezar a abordarlo en términos mucho más amplios. “Hay que transformar la sociedad para que refuerce los valores”