Seif Dabbur, sirio, 49 años, casado y con tres hijos, tenía aire acondicionado en su casa de Al Tadamu, un barrio residencial de clase media (y media-alta) a las afueras de Damasco. «Muchas noches aquí, en el campo, revivo cómo era mi vida: estoy viendo la televisión, en mi sofá, con mi mujer mientras los niños juegan fuera. Ahora tengo que dormir en el suelo». Seif es una de las millones de personas a las que la guerra de Siria ha destrozado la vida.
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