Tanto Mariano Rajoy como Alfredo Pérez Rubalcaba quisieron dejar bien claro ante los medios de comunicación que en el tercer folio ya se habían dado perfecta cuenta del error, pero que en vista de que los aplausos y los vítores eran mayores de lo acostumbrado decidieron terminar de leer el texto, y achacaron el suceso a la grandeza de la democracia.
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