Estamos atravesando ese momento del año tan entrañable, el equinocio de otoño, que marca el fin de los pantalones cortos, las camisetas de tirantes y todas esas prendas que enseñan chicha y levantan el espíritu. Se acabaron las piscinas, las raves nocturnas al aire libre y los festivales de teatro vanguardista a los que sois tan aficionados. Llegan las noches en blanco, los abrigos plumíferos y el chándal para pasear al perro con el suplemento dominical de turno y la barra de pan debajo del sobaco. Visiones horrendas, sin duda, pero a las que t
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