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El origen del terror al dentista

Ramón Lobo: Una tarde en el Pinar de Chamartín, el barrio de mi juventud, acudí a un dentista junto a Jesús Álvarez, amigo desde aquellos años. Entramos juntos a la sala de disecciones para darnos ánimos y acabamos transmitiéndonos los temores. Tales fueron mis gritos, la mayoría reales y alguno exagerado, que al terminar no había nadie en la sala de espera. El hombre dijo: “Me has echado a la clientela”. No recuerdo si fue Jesús o si fui yo pero uno de los dos respondió: “Pues insonorice la sala”.No volví. De hecho casi nunca vuelvo.

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