Se supone que una bandera sirve para representar a un conjunto de personas, una nación… (¿algún vexilólogo en la sala?) Pero ¿qué ocurre cuando ese país o grupo al que representa se encuentra en pleno proceso de cambio? ¿Debería este afectar también al trozo de tela con el que se identifica? En el caso de la rojigualda, Julio Falagán tiene una opinión muy clara al respecto: «La nueva España Europea que se está configurando –¿o deberíamos decir desconfigurando?- necesita una nueva bandera: Spanien».
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