En ese pequeño rincón aleatorio y anodino de un pasillo como otro cualquiera, donde está la placa, ahí nació en 1989 la World Wide Web. Lo hizo de la mano de Tim Berners Lee, en el CERN de Ginebra, concretamente en ese despacho que tiene la puerta abierta y en uno de los contiguos, usando un NeXTcube, una computadora de NeXT, la empresa que fundó Steve Jobs tras su salida forzosa de Apple y que funcionó como el primer servidor web de la historia. Desde entonces ha avanzado hasta convertirse en lo que todos conocemos. (*)
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