El terrible crimen de Noruega ha puesto encima de la mesa el riesgo real de violencia que representan los movimientos de extrema derecha en Europa. Mientras los servicios de seguridad europeos derrochan recursos investigando e inflitrando movimientos pacíficos y pacifistas como el ecologismo – y como prueba ahí están las revelaciones de un polícía británico infiltrado en el ecologismo anglosajón – el virus del terrorismo anida más bien en otros lugares que, como hemos visto en Noruega avivan en racismo, la xenofobia y el ultranacionalismo.
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