Pues bien, hasta este señor dimite, presta oídos al pueblo que le ha elegido y –amante de la seguridad- se horroriza de ver la gente apaleada por exigir sus derechos. Diez días frente a un año en España con una media de diez manifestaciones diarias. También le repugna contemplar el parlamento vallado… como está el español. Para que allí se escenifique otra vez la parodia de un debate en el que tenemos cantado todo lo que va a ocurrir
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