No os quepa duda. Estamos inmersos en una guerra que no hemos empezado. Una guerra que no usa fusiles sino la propia economía para sumir a la población trabajadora, la única que aporta valor real, en el más absoluto terror. Es una guerra de las élites financieras y otras castas para lograr la anulación de clase trabajadora, para acabar con el concepto de ciudadanía e instaurar una nueva y perversa servidumbre.
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