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Los cartuchos de la Megadrive, de la NES… o las cintas del Spectrum tomaron forma de archivos. Se abrían con el programa y se jugaban, como en su día pero con el teclado o con algún joystick o gamepad después de calibrarlo. A pesar de que en nuestras máquinas corríamos juegos más actuales los emuladores y especialmente las ROMS se convirtieron en uno de los materiales más buscados y demandados de la red., probablemente junto con los MP3.
menéame
Sea como sea, con el tiempo y al aumentar mi poder adquisitivo me convertí en un enamorado de mi CPC, por más que soñara despierto con las recreativas y con las capturas de Amiga de la Micromanía. A eso también contribuyó que mis padres fueran increíblemente reacios a considerar un nuevo ordenador o, cuando empezaron a popularizarse, alguna videoconsola. De esta forma seguí usando mi CPC hasta bien entrados los años 90, cuando la falta de software y el mal estado del aparato me obligaron a dejarlo de lado.
El siguiente paso fue conseguir una consola, y debido a las reticencias de mis padres, que no querían nada raro enchufado a la TV, fue una Gameboy original. Total, que no me salía de la gama del verde, pero desde el principio me pareció una buena máquina y los juegos una maravilla. Ahí descubrí joyitas como los "Super Mario Land" o la saga de "Star Wars", además de poder recuperar algunos de los clásicos que ya conocía, como el "Turrican".
Y finalmente, hacia 1994, conseguí mi primer PC, un 486/66, que ya conocía por haberlo usado en casa de varios amigos. Y aquí empezó la etapa de verdadero desenfreno jugatoril, gracias a juegos tan adictivos como "Dune II", "Doom" y "Doom II", "Syndicate" o "Stunts". Y también pude saciar mi curiosidad y jugar por fin a simuladores de vuelo y juegos de rol, aunque sólo algunos muy concretos llegaran a engancharme, como el "F-15 Strike Eagle III" o el "Cobra Mission".
Pero aún estando enormemente satisfecho con mi SVGA a todo color y mi Sound Blaster 16, notaba que me faltaba algo, juegos de una jugabilidad más inmediata, con más énfasis en la diversión pura y dura y más parecidos a los que se jugaba en los salones de recreativas o en las videoconsolas. Y también rabiaba por llegar demasiado tarde para poder jugar a muchos de los clásicos de 16 bits que conocía » ver todo el comentario