Anécdota presencial: en una papelería-librería “no les suena” el Lazarillo de Tormes y vendedora ¿de chuches no comestibles? y madre de la criatura forzada a leer la obra preguntan insistentemente por “el autor”. Durante años el espejo de la picaresca española fue de lectura obligada en los colegios, veo que ahora también. Hay que saber qué nos ha tejido, qué nos sustenta, y entendiendo la crítica (anónima por miedo) a un sistema de valores, basado en el robo y la trampa, que hoy provoca orgullo e hilaridad.
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