Al acariciar cariñosamente a ratones e iguanas, su ritmo cardiaco y temperatura corporal aumentan; las mismas respuestas fisiológicas que estás asociadas con el placer en los seres humanos. Pablo Herreros nos descubre en el blog "Somos primates" cómo las emociones de los animales no difieren de las emociones de los humanos.
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