Eran muchos cuando se internaron en el desierto árido y hostil, empujados por la promesa de su Dios, quien les había prometido premiarlos con unas tierras donde manaba leche y miel todo el tiempo.
Llevaban más de treinta años de caminata, y la fertilidad de sus mujeres había super multiplicado el número de miembros de esta nación errante; ahora eran lo más parecido a un enjambre de parias, mas, ello no era problema, su Dios los protegía del sol inclemente con una nube que viajaba a la par sobre ellos. La comida tampoco era problema, esta caía
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