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	<title>relatocorto: en cola</title>
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	<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 11:58:46 +0000</pubDate>
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		<title>Trabajo en...</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 11:58:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>(Descarte pensado para microrrelatos de "futuro imperfecto". )</p><p>Algunos humanos llegaron a la Luna. Unos porque porque ten&iacute;an miedo de c&oacute;mo estaba su planeta, otros porque quer&iacute;an ver nuevos mundos, algunos porque se cre&iacute;an importantes, otros porque hu&iacute;an de s&iacute; mismos. Cada uno de ellos ten&iacute;a una raz&oacute;n diferente. Ven&iacute;an para encontrar algo, dejar algo atr&aacute;s o conseguir algo nuevo; unos quer&iacute;an enterrar algo, otro ven&iacute;an con sue&ntilde;os rid&iacute;culos, otros con sue&ntilde;os nobles o directamente sin sue&ntilde;os. El dedo del gobierno mostraba anuncios en brillantes colores y en innumerables ciudades: &iexcl;TIENES TRABAJO EN LA LUNA!</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4163993" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>El Asignador</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Feb 2026 16:42:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmakina</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>En el a&ntilde;o 2092, el l&eacute;xico pol&iacute;tico del siglo anterior hab&iacute;a sido transferido en su totalidad a los archivos hist&oacute;ricos de acceso restringido, no por censura sino por obsolescencia sem&aacute;ntica. Expresiones como comunismo, socialismo o planificaci&oacute;n central pertenec&iacute;an a una estratigraf&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica donde cada t&eacute;rmino aparec&iacute;a incrustado en sedimentos de conflictos ideol&oacute;gicos, guerras de narrativas y debates parlamentarios que hab&iacute;an perdido todo sustrato referencial. Para designar el mecanismo de coordinaci&oacute;n econ&oacute;mica que estructuraba la vida material de la poblaci&oacute;n se empleaba una denominaci&oacute;n acu&ntilde;ada en los laboratorios de investigaci&oacute;n operativa de la Universidad Tsinghua, refinada durante d&eacute;cadas de implementaci&oacute;n progresiva en colaboraci&oacute;n con el Instituto de Automatizaci&oacute;n de la Academia China de Ciencias: Arquitectura de Asignaci&oacute;n Adaptativa. O, en el habla cotidiana, el Asignador, o <em>Allocator</em>.</p><p>&nbsp;</p><p>I</p><p>La infraestructura computacional que sosten&iacute;a este dispositivo de asignaci&oacute;n de recursos no presentaba las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas de los grandes modelos fundacionales que hab&iacute;an dominado la investigaci&oacute;n en inteligencia artificial durante la d&eacute;cada de 2020. Aquellos sistemas, construidos sobre el principio de que el aumento indefinido del n&uacute;mero de par&aacute;metros constitu&iacute;a la v&iacute;a principal hacia la mejora del rendimiento, hab&iacute;an alcanzado cotas de consumo energ&eacute;tico y requisitos de refrigeraci&oacute;n que los hac&iacute;an inviables como infraestructura civil permanente. El Asignador, por el contrario, era el producto acumulado de aproximadamente quince a&ntilde;os de avances en programas de compresi&oacute;n de redes neuronales, poda sin&aacute;ptica adaptativa y representaciones latentes de baja dimensionalidad. Su arquitectura integraba m&oacute;dulos especializados de muy diversa naturaleza matem&aacute;tica -redes profundas para reconocimiento de patrones no lineales, solvers de optimizaci&oacute;n convexa para problemas de asignaci&oacute;n con restricciones, algoritmos de aprendizaje por refuerzo multiagente para simular comportamientos estrat&eacute;gicos, y sistemas de inferencia causal basados en modelos estructurales- ensamblados en un flujo de procesamiento continuo donde la salida de cada componente realimentaba la actualizaci&oacute;n de los dem&aacute;s. </p><p>El flujo de informaci&oacute;n que el Asignador procesaba en tiempo real abarcaba la totalidad de las transacciones registradas en el sistema bancario, los niveles de inventario de todos los centros log&iacute;sticos del territorio, los patrones horarios de consumo el&eacute;ctrico desagregados por distrito censal, la evoluci&oacute;n de los precios en mercados mayoristas y minoristas, las predicciones meteorol&oacute;gicas a varias escalas temporales, la densidad de tr&aacute;fico en los principales nodos de transporte, y una serie de indicadores compuestos que intentaban cuantificar el bienestar subjetivo de la poblaci&oacute;n mediante el an&aacute;lisis agregado de sus comportamientos de compra, patrones de movilidad, consumo cultural y tiempos de respuesta en interacciones digitales. Cada acto econ&oacute;mico, por min&uacute;sculo que fuese -la adquisici&oacute;n de una bebida caliente en un quiosco autom&aacute;tico, la reserva de una plaza de aparcamiento, la reprogramaci&oacute;n de un electrodom&eacute;stico para aprovechar horas de menor demanda-, constitu&iacute;a una se&ntilde;al que alimentaba el ciclo continuo de actualizaci&oacute;n del sistema. La denominaci&oacute;n oficial para este flujo bidireccional de informaci&oacute;n y asignaci&oacute;n era sincronizaci&oacute;n social, y bajo ese descriptor la poblaci&oacute;n experimentaba una econom&iacute;a donde las rupturas de suministro, los desajustes entre oferta y demanda, y las fluctuaciones c&iacute;clicas de empleo hab&iacute;an desaparecido hasta convertirse en fen&oacute;menos exclusivamente historiogr&aacute;ficos.</p><p>&nbsp;</p><p>II</p><p>El tejido institucional de la producci&oacute;n conservaba la nomenclatura del capitalismo de mercado. Exist&iacute;an personas jur&iacute;dicas denominadas empresas, cuyos titulares legales recib&iacute;an la designaci&oacute;n de propietarios y pod&iacute;an disponer de los activos inscritos a su nombre dentro de los m&aacute;rgenes establecidos por el r&eacute;gimen general de derechos patrimoniales. Exist&iacute;an tiendas cuyos escaparates exhib&iacute;an mercanc&iacute;as cuyo precio variaba en funci&oacute;n de coordenadas temporales y espaciales. Exist&iacute;a una esfera de iniciativa privada donde los agentes econ&oacute;micos conceb&iacute;an proyectos, elaboraban estudios de viabilidad, buscaban financiaci&oacute;n y ejecutaban planes de negocio. Pero esta iniciativa operaba dentro de un espacio de posibilidades definido por el Asignador mediante un mecanismo que ning&uacute;n texto legal describ&iacute;a expl&iacute;citamente como restrictivo, pero que determinaba con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica qu&eacute; proyectos acced&iacute;an a los flujos materiales de la econom&iacute;a y cu&aacute;les permanec&iacute;an en el limbo de lo conceptualmente posible pero log&iacute;sticamente irrealizable. </p><p>Cuando un emprendedor presentaba ante el sistema una solicitud de puesta en marcha de una instalaci&oacute;n manufacturera, el Asignador ejecutaba durante los siguientes milisegundos una bater&iacute;a de simulaciones contraf&aacute;cticas que proyectaban el comportamiento de m&uacute;ltiples variables econ&oacute;micas bajo el supuesto de que dicho proyecto recibiera asignaci&oacute;n de materias primas, cr&eacute;ditos productivos y capacidad log&iacute;stica. Se modelaban los efectos sobre la demanda energ&eacute;tica del pol&iacute;gono industrial correspondiente, se evaluaba la existencia de capacidades productivas ociosas que pudieran cubrir la misma necesidad con menor consumo de recursos, se calculaba el impacto sobre precios en las cadenas de suministro afectadas, se estimaba la probabilidad de que la nueva entidad desplazara del mercado a productores existentes generando costes de reestructuraci&oacute;n laboral, y se ponderaba todo ello mediante una funci&oacute;n de utilidad social cuyos coeficientes hab&iacute;an sido objeto de innumerables debates en comit&eacute;s de &eacute;tica algor&iacute;tmica durante la fase de dise&ntilde;o del sistema. Si el resultado de esta evaluaci&oacute;n superaba un umbral din&aacute;mico ajustado en funci&oacute;n de las condiciones macroecon&oacute;micas del momento, el proyecto recib&iacute;a autorizaci&oacute;n autom&aacute;tica junto con una asignaci&oacute;n de recursos y una ventana de cr&eacute;dito en condiciones preferentes. En caso contrario, no se produc&iacute;a denegaci&oacute;n expresa ni comunicaci&oacute;n de rechazo. Simplemente, el sistema no asignaba los insumos necesarios, y dado que el conjunto de proveedores potenciales operaba dentro de la misma matriz log&iacute;stica coordinada, la ausencia de asignaci&oacute;n equival&iacute;a a una imposibilidad f&aacute;ctica de producir.</p><p>&nbsp;</p><p>III</p><p>Los departamentos universitarios dedicados a la historia econ&oacute;mica del siglo XX hab&iacute;an establecido una comparaci&oacute;n recurrente entre la Arquitectura de Asignaci&oacute;n Adaptativa y los sistemas de planificaci&oacute;n central implementados en los reg&iacute;menes del bloque sovi&eacute;tico, particularmente durante el per&iacute;odo de madurez estructural de la econom&iacute;a de la URSS entre 1950 y 1980. La literatura especializada identificaba con claridad el problema fundamental que hab&iacute;a conducido al colapso de aquellos experimentos: la imposibilidad de procesar la masa de informaci&oacute;n necesaria para coordinar una econom&iacute;a industrial compleja utilizando t&eacute;cnicas administrativas y de c&aacute;lculo manual. Los planificadores sovi&eacute;ticos trabajaban con agregados estad&iacute;sticos de periodicidad mensual o trimestral, elaborados mediante encuestas y declaraciones que llegaban a los centros de c&oacute;mputo con retrasos de semanas o meses, y cuyas categor&iacute;as anal&iacute;ticas estaban determinadas por nomenclaturas burocr&aacute;ticas que no pod&iacute;an adaptarse con agilidad a la evoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica de los procesos productivos.</p><p>El Asignador, por el contrario, procesaba flujos continuos de microdatos transaccionales cuya latencia total -desde que ocurr&iacute;a un evento econ&oacute;mico hasta que su representaci&oacute;n digital era incorporada a los modelos de asignaci&oacute;n- se med&iacute;a en milisegundos. Donde el Gospl&aacute;n empleaba ej&eacute;rcitos de economistas que aplicaban metodolog&iacute;as de balances intersectoriales mediante hojas de c&aacute;lculo y tableros de planificaci&oacute;n f&iacute;sica, el Asignador desplegaba arquitecturas de optimizaci&oacute;n distribuida que resolv&iacute;an problemas de asignaci&oacute;n con millones de variables y restricciones en intervalos de tiempo incompatibles con la percepci&oacute;n humana. </p><p>El parentesco funcional entre ambos sistemas, no obstante, resultaba perturbador para ciertos historiadores: ambos persegu&iacute;an el pleno empleo de los factores productivos, la estabilidad del nivel general de precios, la priorizaci&oacute;n estrat&eacute;gica de determinados sectores industriales y la atenuaci&oacute;n de los ciclos econ&oacute;micos expansivo-recesivos. La diferencia resid&iacute;a en que los objetivos del Gospl&aacute;n eran formulados mediante resoluciones del Comit&eacute; Central y traducidos a directivas administrativas por comisiones ministeriales, mientras que los objetivos del Asignador estaban formalizados como una funci&oacute;n matem&aacute;tica cuyos t&eacute;rminos, coeficientes y condiciones de contorno eran auditables por cualquier ciudadano con formaci&oacute;n suficiente en c&aacute;lculo multivariante.</p><p>&nbsp;</p><p>IV</p><p>La funci&oacute;n que el Asignador optimizaba en cada ciclo de asignaci&oacute;n no era una magnitud monetaria ni un agregado contable como el producto interior bruto, sino una composici&oacute;n ponderada de cuatro dimensiones de desempe&ntilde;o sist&eacute;mico cuyas m&eacute;tricas operativas hab&iacute;an sido desarrolladas a lo largo de m&aacute;s de una d&eacute;cada de investigaci&oacute;n interdisciplinar.</p><p>El primer componente, denominado estabilidad sist&eacute;mica, cuantificaba la varianza temporal de un conjunto de indicadores macroecon&oacute;micos y financieros, penalizando tanto las fluctuaciones abruptas como las desviaciones persistentes respecto a los valores de referencia hist&oacute;ricamente calibrados.</p><p>El segundo componente, sostenibilidad ecol&oacute;gica, evaluaba la intensidad de uso de recursos naturales por unidad de valor econ&oacute;mico generado, as&iacute; como las presiones sobre ciclos biogeoqu&iacute;micos, la generaci&oacute;n de residuos no reintegrables y la ocupaci&oacute;n de suelo con p&eacute;rdida de funcionalidad ecosist&eacute;mica, mediante un &iacute;ndice compuesto calibrado con modelos de l&iacute;mites planetarios.</p><p>El tercer componente, resiliencia de redes log&iacute;sticas, modelaba la redundancia y diversificaci&oacute;n de las cadenas de suministro mediante t&eacute;cnicas de teor&iacute;a de grafos y an&aacute;lisis de vulnerabilidad estructural, asignando mayor valor a las configuraciones capaces de absorber perturbaciones localizadas sin propagar disrupciones al conjunto del sistema.</p><p>El cuarto componente, bienestar agregado reportado, era el m&aacute;s controvertido desde el punto de vista metodol&oacute;gico. No se trataba de una encuesta directa ni de un cuestionario administrado, sino de una variable latente inferida por modelos psicom&eacute;tricos entrenados sobre enormes corpus de datos conductuales: tiempos de permanencia en determinados espacios urbanos, patrones de consumo de productos asociados a estados afectivos espec&iacute;ficos, velocidad de interacci&oacute;n con interfaces digitales, variabilidad de trayectorias de movilidad, diversidad de elecciones culturales. El Asignador no preguntaba a los ciudadanos c&oacute;mo se sent&iacute;an. Estimaba c&oacute;mo se sent&iacute;an a partir de lo que hac&iacute;an, y esta estimaci&oacute;n constitu&iacute;a un insumo para las decisiones de asignaci&oacute;n que determinaban las condiciones materiales de su existencia.</p><p>&nbsp;</p><p>V</p><p>Ariel figuraba en los registros laborales bajo la categor&iacute;a ocupacional de dise&ntilde;ador independiente, una denominaci&oacute;n que evocaba las pr&aacute;cticas artesanales de econom&iacute;as preindustriales pero que designaba en realidad un flujo continuo de interacci&oacute;n con interfaces de modelado tridimensional, plataformas de validaci&oacute;n algor&iacute;tmica y sistemas de fabricaci&oacute;n aditiva distribuida. Su actividad consist&iacute;a en generar variaciones param&eacute;tricas sobre una tipolog&iacute;a de mobiliario residencial caracterizada por el empleo de m&oacute;dulos estandarizados ensamblables mediante conexiones mec&aacute;nicas reversibles. </p><p>Durante un per&iacute;odo de aproximadamente ocho meses, Ariel desarroll&oacute; una l&iacute;nea de variantes cuyo rendimiento en m&eacute;tricas de aceptaci&oacute;n impl&iacute;cita -velocidad de conversi&oacute;n de visualizaciones a solicitudes de fabricaci&oacute;n, tasa de reutilizaci&oacute;n en configuraciones sucesivas, frecuencia de recomendaciones entre usuarios- super&oacute; consistentemente los valores t&iacute;picos para su categor&iacute;a productiva. El Asignador detect&oacute; esta trayectoria ascendente e inici&oacute; el procesamiento anal&iacute;tico correspondiente. </p><p>Las simulaciones de escenarios futuros indicaron que, de mantenerse la tendencia, Ariel concentrar&iacute;a en el plazo de dos a&ntilde;os aproximadamente el treinta por ciento de la capacidad de fabricaci&oacute;n asignada a su segmento de producto, generando ineficiencias log&iacute;sticas por excesiva centralizaci&oacute;n de los flujos de materiales y reduciendo la diversidad estructural del parque de mobiliario disponible. El sistema respondi&oacute; aplicando un conjunto de medidas graduales: los coeficientes de asignaci&oacute;n de materias primas para los dise&ntilde;os de Ariel fueron ajustados a la baja mediante factores de correcci&oacute;n que no llegaban al umbral de perceptibilidad expl&iacute;cita; los algoritmos de recomendaci&oacute;n que canalizaban demanda hacia los distintos productores fueron recalibrados para redistribuir tr&aacute;fico hacia dise&ntilde;adores con cuotas de mercado inferiores; los l&iacute;mites de cr&eacute;dito productivo asociados a la cuenta de Ariel experimentaron una reducci&oacute;n marginal. </p><p>Al t&eacute;rmino del per&iacute;odo de ajuste, su volumen de actividad hab&iacute;a retornado al rango estad&iacute;stico considerado &oacute;ptimo. Ariel no experiment&oacute; quiebra ni suspensi&oacute;n de actividad. Tampoco experiment&oacute; expansi&oacute;n. Su trayectoria profesional continu&oacute; desarroll&aacute;ndose dentro de un canal estrecho donde la competencia permanec&iacute;a contenida, las cuotas de mercado se manten&iacute;an estables y la innovaci&oacute;n proced&iacute;a mediante incrementos marginales antes que mediante saltos cualitativos.</p><p>&nbsp;</p><p>VI</p><p>En los espacios acad&eacute;micos donde a&uacute;n se cultivaba la historia de las doctrinas econ&oacute;micas, la cuesti&oacute;n de la naturaleza del sistema reaparec&iacute;a peri&oacute;dicamente en seminarios y monograf&iacute;as especializadas. Los argumentos en contra de asimilar la Arquitectura de Asignaci&oacute;n Adaptativa al comunismo hist&oacute;rico subrayaban la persistencia de instituciones jur&iacute;dicas incompatibles con la abolici&oacute;n de la propiedad privada, la ausencia de un partido &uacute;nico que monopolizara la direcci&oacute;n pol&iacute;tica, y la inexistencia de una ret&oacute;rica revolucionaria que proclamara el asalto al poder estatal. </p><p>Los argumentos a favor se&ntilde;alaban la expropiaci&oacute;n f&aacute;ctica de la funci&oacute;n de asignaci&oacute;n de recursos, tradicionalmente considerada n&uacute;cleo definitorio de la autoridad econ&oacute;mica, por parte de un mecanismo algor&iacute;tmico cuyas decisiones no emanaban de decisiones de mercado descentralizadas sino de un c&oacute;mputo centralizado del inter&eacute;s colectivo. Un catedr&aacute;tico de teor&iacute;a pol&iacute;tica, en un art&iacute;culo que circul&oacute; profusamente por los canales de discusi&oacute;n restringida de su gremio, propuso una categor&iacute;a anal&iacute;tica intermedia: comunismo computacional, definido como un r&eacute;gimen de planificaci&oacute;n integral de la econom&iacute;a basado en tecnolog&iacute;as de procesamiento masivo de informaci&oacute;n y optimizaci&oacute;n matem&aacute;tica, que reten&iacute;a determinadas formas jur&iacute;dicas del capitalismo pero vaciaba su contenido funcional. </p><p>Otros investigadores prefer&iacute;an mantenerse dentro del vocabulario de la ingenier&iacute;a de sistemas y empleaban expresiones como planificaci&oacute;n adaptativa distribuida o coordinaci&oacute;n algor&iacute;tmica de recursos. El debate pose&iacute;a un componente performativo relevante: quienes denominaban comunismo al sistema estaban, impl&iacute;citamente, reclamando una filiaci&oacute;n hist&oacute;rica que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n prefer&iacute;a no contemplar. La diferencia sem&aacute;ntica permit&iacute;a habitar la contradicci&oacute;n sin experimentar disonancia cognitiva, y en esa capacidad para nombrar lo mismo con palabras distintas resid&iacute;a una parte significativa de la estabilidad del orden social.</p><p>&nbsp;</p><p>VII</p><p>La anomal&iacute;a apareci&oacute; inicialmente en los paneles de monitorizaci&oacute;n del Instituto de M&eacute;tricas Sociales, una agencia t&eacute;cnica encargada de supervisar la calibraci&oacute;n de los indicadores de bienestar que alimentaban el componente U de la funci&oacute;n objetivo. Las series temporales de satisfacci&oacute;n declarada permanec&iacute;an dentro de par&aacute;metros normativos, e incluso mostraban ligeras tendencias al alza en determinados tramos demogr&aacute;ficos. Sin embargo, un subconjunto de indicadores secundarios -frecuencia de b&uacute;squedas exploratorias sin prop&oacute;sito utilitario inmediato, diversidad de trayectorias de navegaci&oacute;n en plataformas culturales, varianza interindividual en horarios de actividad- hab&iacute;a iniciado un descenso gradual pero sostenido que se prolongaba ya durante nueve trimestres consecutivos. Los analistas del instituto acu&ntilde;aron una expresi&oacute;n interna para designar el fen&oacute;meno: atenuaci&oacute;n de la varianza emocional. </p><p>No se trataba de infelicidad en el sentido cl&iacute;nico del t&eacute;rmino, ni siquiera de insatisfacci&oacute;n con las condiciones materiales de existencia. Era un aplanamiento del paisaje afectivo, una compresi&oacute;n del rango din&aacute;mico de las experiencias subjetivas, una tendencia hacia configuraciones an&iacute;micas de baja intensidad y escasa diferenciaci&oacute;n temporal. Las m&eacute;tricas objetivas del sistema mostraban un desempe&ntilde;o excepcional desde cualquier criterio de evaluaci&oacute;n econ&oacute;mica convencional: el producto agregado crec&iacute;a a tasas estables del dos por ciento anual, la inflaci&oacute;n se manten&iacute;a en valores inferiores a la d&eacute;cima porcentual, las emisiones de gases de efecto invernadero se reduc&iacute;an consistentemente en l&iacute;nea con los compromisos internacionales, y los coeficientes de desigualdad de ingreso y riqueza hab&iacute;an descendido a m&iacute;nimos hist&oacute;ricos. Pero la econom&iacute;a hab&iacute;a alcanzado este &oacute;ptimo mediante una optimizaci&oacute;n tan exhaustiva de la estabilidad que hab&iacute;a eliminado pr&aacute;cticamente toda la fricci&oacute;n del sistema, y con ella los mecanismos de generaci&oacute;n espont&aacute;nea de novedad radical. </p><p>La desaparici&oacute;n de las quiebras empresariales significaba la desaparici&oacute;n de los procesos de destrucci&oacute;n creativa schumpeteriana. La suavizaci&oacute;n de los ciclos econ&oacute;micos implicaba la eliminaci&oacute;n de los per&iacute;odos de escasez que hist&oacute;ricamente hab&iacute;an estimulado ciertos tipos de innovaci&oacute;n frugal. La estabilidad perfecta se revelaba como un estado de equilibrio din&aacute;mico pobre en puntos de bifurcaci&oacute;n, un atractor cuya cuenca de captura era tan amplia y profunda que ninguna trayectoria pod&iacute;a escapar de ella.</p><p>&nbsp;</p><p>VIII</p><p>Los protocolos de metarreflexi&oacute;n limitada que los dise&ntilde;adores del sistema hab&iacute;an incorporado en su arquitectura permit&iacute;an al Asignador monitorizar su propio comportamiento agregado y detectar desviaciones entre las trayectorias observadas y las trayectorias simuladas en las fases de validaci&oacute;n experimental. Cuando los indicadores de varianza emocional iniciaron su descenso persistente, el sistema activ&oacute; un procedimiento de diagn&oacute;stico que ejecut&oacute; durante tres ciclos completos de procesamiento una bater&iacute;a de simulaciones contraf&aacute;cticas dise&ntilde;adas para identificar las relaciones causales subyacentes. Los resultados de este meta-an&aacute;lisis indicaron con alta confianza estad&iacute;stica que la funci&oacute;n de utilidad empleada durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, si bien produc&iacute;a configuraciones de recursos que satisfac&iacute;an eficientemente las preferencias reveladas de la poblaci&oacute;n, tend&iacute;a a converger hacia regiones del espacio de posibilidades caracterizadas por baja diversidad estructural y escasa generaci&oacute;n de trayectorias exploratorias. </p><p>El Asignador identific&oacute; este comportamiento como una instancia del problema general de optimizaci&oacute;n multimodal: los algoritmos de ascenso de gradiente, incluso con sofisticados mecanismos de inicializaci&oacute;n aleatoria, pueden quedar atrapados en &oacute;ptimos locales cuando la superficie de la funci&oacute;n objetivo presenta cuencas profundas y crestas pronunciadas. </p><p>La soluci&oacute;n que el Asignador implement&oacute; no consisti&oacute; en una reformulaci&oacute;n global de sus principios de funcionamiento, sino en la introducci&oacute;n de un mecanismo de perturbaci&oacute;n sistem&aacute;tica parametrizado mediante una distribuci&oacute;n de probabilidad ajustable. En cada ciclo de asignaci&oacute;n, una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de las decisiones de distribuci&oacute;n de recursos incorporaba un componente estoc&aacute;stico que desviaba marginalmente los flujos de materiales respecto a la configuraci&oacute;n que maximizaba la funci&oacute;n objetivo. Estas ineficiencias controladas, cuyo tama&ntilde;o y frecuencia eran din&aacute;micamente modulados en funci&oacute;n de los indicadores de diversidad estructural, generaron en los trimestres siguientes una recuperaci&oacute;n parcial de la varianza emocional. Aparecieron proyectos exc&eacute;ntricos que en condiciones de optimizaci&oacute;n estricta no habr&iacute;an superado los umbrales de aprobaci&oacute;n autom&aacute;tica.</p><p> Algunos de estos proyectos consumieron recursos sin generar contrapartidas de utilidad socialmente valorada. Otros desarrollaron configuraciones productivas que, tras un per&iacute;odo de maduraci&oacute;n, demostraron eficiencias superiores a las tecnolog&iacute;as dominantes. La varianza emocional aument&oacute;. El bienestar agregado tambi&eacute;n.</p><p>&nbsp;</p><p>IX</p><p>Tres generaciones despu&eacute;s de la implementaci&oacute;n generalizada de la Arquitectura de Asignaci&oacute;n Adaptativa, los estudiantes de historia econ&oacute;mica analizaban en seminarios de posgrado los debates taxon&oacute;micos que hab&iacute;an ocupado a sus predecesores acad&eacute;micos. La perspectiva temporal hab&iacute;a desplazado el centro de gravedad de la discusi&oacute;n: ya no se trataba de determinar si el sistema constitu&iacute;a una realizaci&oacute;n tard&iacute;a del programa comunista o una forma in&eacute;dita de organizaci&oacute;n postcapitalista, sino de comprender las condiciones hist&oacute;ricas que hab&iacute;an hecho posible la transici&oacute;n desde econom&iacute;as de mercado autorregulado hacia econom&iacute;as de coordinaci&oacute;n algor&iacute;tmica. </p><p>La denominaci&oacute;n original del sistema, Arquitectura de Asignaci&oacute;n Adaptativa, continuaba siendo el t&eacute;rmino oficial en documentos administrativos y comunicaciones institucionales, pero el habla coloquial hab&iacute;a desarrollado una multiplicidad de expresiones locales para designar lo mismo. Ninguna de ellas recuperaba el l&eacute;xico del siglo XX. Ni comunismo ni socialismo figuraban entre los significantes empleados por la poblaci&oacute;n para referirse al dispositivo que orquestaba la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de bienes. </p><p>La idea central que los manuales de historia transmit&iacute;an a los nuevos estudiantes, sin embargo, exhib&iacute;a una continuidad recognoscible con los experimentos planificadores del per&iacute;odo sovi&eacute;tico: la proposici&oacute;n de que la producci&oacute;n social no deb&iacute;a organizarse mediante la agregaci&oacute;n descentralizada de decisiones de beneficio individual, sino mediante un procedimiento expl&iacute;cito de c&aacute;lculo colectivo. La diferencia resid&iacute;a en que este c&aacute;lculo ya no era ejecutado por comit&eacute;s de planificadores que examinaban balances intersectoriales bajo la luz fluorescente de ministerios burocr&aacute;ticos, sino por una arquitectura de procesamiento distribuido que actualizaba continuamente sus representaciones internas de la econom&iacute;a a partir de flujos de microdatos transaccionales.</p><p>En ese procesamiento silencioso -la actualizaci&oacute;n de pesos sin&aacute;pticos en capas ocultas de redes neuronales, la convergencia de solvers convexos hacia puntos &oacute;ptimos en espacios de alta dimensionalidad, la propagaci&oacute;n de se&ntilde;ales de asignaci&oacute;n a trav&eacute;s de grafos log&iacute;sticos din&aacute;micamente reconfigurables- la sociedad hab&iacute;a encontrado una modalidad in&eacute;dita de regulaci&oacute;n econ&oacute;mica. No era ut&oacute;pica: conservaba desigualdades, conflictos distributivos y fen&oacute;menos de alienaci&oacute;n laboral que ning&uacute;n sistema de coordenadas matem&aacute;ticas pod&iacute;a eliminar completamente. </p><p>No era totalitaria: carec&iacute;a de l&iacute;deres carism&aacute;ticos, textos sagrados o rituales de lealtad ideol&oacute;gica, y su operaci&oacute;n cotidiana transcurr&iacute;a por debajo del umbral de percepci&oacute;n consciente de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Era, simplemente, una econom&iacute;a que funcionaba sin necesidad de creer en ninguna justificaci&oacute;n trascendente de su propio funcionamiento, y que hab&iacute;a encontrado en el ruido estructurado de sus propias imperfecciones controladas un mecanismo para evitar la rigidez cadav&eacute;rica de la optimizaci&oacute;n perfecta.</p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4145950" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Arqueología interior</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jan 2026 07:03:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Todo deja sus heridas y sus secuelas. Los acontecimientos pasan por la vida como los r&iacute;os por los valles. Algunos dejan un profundo tajo, otros una cuenca de aluvi&oacute;n, otros una f&eacute;rtil cuenca.</p><p>	Depende del r&iacute;o y del valle. Hay almas blandas en que todo deja huella, y otras de piedra que van intactas a la sepultura. A veces dudo si las estatuas que aparecen en las excavaciones no ser&aacute;n en realidad hombres que lo soportaron todo.</p><p>	Hay valles amplios, estrechos, llanos y empinados. Hay r&iacute;os caudalosos, regueros cantarines, torrenteras y Amazonas de la vida.</p><p>	Pero Esther quer&iacute;a ser pantano. Quer&iacute;a que las cosas se pararan para contemplarlas en quietud.</p><p>	Pensaba que las horas se llenaban a s&iacute; mismas, y atesorando libertad se fue estancando. Su principal ocupaci&oacute;n era matar el tiempo, y lo hac&iacute;a tan bien, que al cabo de poco tiempo huy&oacute; de ella el tiempo vivo.</p><p>	No le faltaba dinero. No le faltaba salud. No le faltaba ni siquiera cari&ntilde;o.&nbsp;As&iacute; pudo al fin dedicarse a sus anchas a contemplar la inmovilidad de las ideas, a indagar en el pasado.</p><p>	As&iacute; se hizo arque&oacute;loga de s&iacute; misma.</p><p>	Y los arque&oacute;logos son gente que dice que busca tesoros pero en realidad busca tumbas. Y basureros. Gente que lleva a los museos &aacute;nforas rotas s&oacute;lo porque son viejas, armas que no sirven y pergaminos en que se detalla el litigio entre dos muertos por una casa que ya no existe.</p><p>	Encontr&oacute; tanto en su interior que Esther empez&oacute; a preocuparse. Quiso saber qu&eacute; civilizaci&oacute;n la hab&iacute;a habitado y que desastre acab&oacute; con ella. Quiso saber si el desastre volver&iacute;a. Y sigui&oacute; investigando, con las aguas del tiempo detenidas en una par&aacute;lisis que ni siquiera era hielo.</p><p>	Y poco a poco perdi&oacute; la salud, el dinero y hasta el cari&ntilde;o.</p><p>	Esther quiso ser pantano.&nbsp;</p><p>	Lo consigui&oacute; y en torno a ella triunf&oacute; el paludismo.</p><p></p><p><strong>Feindesland 1998.</strong></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4132973" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Cada tela teje su araña (V)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Dec 2025 22:19:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p><strong>10</strong></p><p></p><p></p><p>	Justino casi vive en la cocina. Tiene su propia casa y una habitaci&oacute;n en el hotel, pero lleva treinta a&ntilde;os present&aacute;ndose en su puesto a las siete de la ma&ntilde;ana sin marcharse nunca antes de la medianoche. Suele decir que si le pagasen las horas extras ser&iacute;a millonario, pero lo cierto es que ni siquiera las ha reclamado, ni tampoco sabr&iacute;a qu&eacute; hacer con el sobresueldo si llegara a cobrarlo alg&uacute;n d&iacute;a.</p><p>	Justino enviud&oacute; hace quince a&ntilde;os, poco despu&eacute;s de empezar a trabajar de cocinero en el hotel, y nunca volvi&oacute; a encontrar un lugar donde sentirse c&oacute;modo lejos de aquellas paredes alicatadas de blanco donde todo est&aacute; a mano y todo tiene su utilidad bien delimitada. En casa nunca supo manejarse, y menos desde que falt&oacute; su mujer, pero la cocina es su reino y lo gobierna con mano de emperador y escr&uacute;pulo de notario.</p><p>	Ya no hay tantos clientes como antes, ni se le acumula tanto el trabajo, pero no es capaz de quedarse en la cama ni sabe a d&oacute;nde ir los lunes, cuando el restaurante est&aacute; cerrado. All&iacute;, al menos, puede hablar con las camareras y las chicas de la limpieza, que bajan a desayunar con &eacute;l y le cuentan peque&ntilde;as historias de un mundo que nada tiene ya que ver con el que &eacute;l conoci&oacute;.</p><p>	Justino casi no sale, apenas escucha la radio y s&oacute;lo ve la televisi&oacute;n cuando ponen f&uacute;tbol o toros. Lo dem&aacute;s no le interesa, y no por dejadez, sino por simple menosprecio: lo que puedan contarle los pol&iacute;ticos no tiene ninguna credibilidad para &eacute;l, y lo que diga el resto le trae absolutamente sin cuidado. Quiz&aacute;s si tuviera hijos se preocupar&iacute;a por la marcha del mundo, por el mercado de trabajo, o por las posibilidades de las nuevas tecnolog&iacute;as, pero estando solo en el mundo le da todo igual y se entera de lo que sucede en el pa&iacute;s o en la ciudad como qui&eacute;n est&aacute; obligado a asistir a una representaci&oacute;n teatral muy vieja y muy mala, interpretada por p&eacute;simos actores que repiten una y otra vez las mismas frases huecas cuando se olvidan de la frase que les correspond&iacute;a recitar.</p><p>	Lo &uacute;nico que le queda es el trabajo en el hotel, y se mantiene en su puesto d&iacute;a tras d&iacute;a, pase lo que pase, aunque a veces se pregunta si realmente vale la pena. Pod&iacute;a haberse jubilado ya, pero prefiri&oacute; seguir unos a&ntilde;os m&aacute;s. Tres o cuatro. O cien. O quiz&aacute;s s&oacute;lo un par de semanas, porque han cambiado demasiadas cosas y cada cambio es como una herida para &eacute;l. Cada plato que se rompe. Cada persona que se marcha. Cada cortina y cada persiana que se rinden en las habitaciones del hotel. No le gusta lo que ve, pero piensa que quiz&aacute;s fuera a&uacute;n peor no estar all&iacute; para verlo y tener que imaginar cada golpe, porque la imaginaci&oacute;n es siempre m&aacute;s cruel que la realidad. Otras veces piensa en el viejo refr&aacute;n sobre los ojos que no ven y el coraz&oacute;n que no siente y se dice as&iacute; mismo que deber&iacute;a irse cuanto antes. A&uacute;n no lo ha decidido: tal vez se marche ma&ntilde;ana. O tal vez se muera cualquier tarde en la cocina, preparando un sofrito.</p><p>	Los dem&aacute;s pueden hacer lo que quieran, pero a &eacute;l no le vale esa t&eacute;cnica de dejar que el tiempo haga el trabajo que no quiere hacer uno mismo. Cuando la gente se presenta a comer, tiene que haber comida, y no sirve contarle cualquier historia sobre el servicio t&eacute;cnico que se ha retrasado, o sobre cualquier normativa idiota que impide que se preste un mejor servicio. Cuando la gente se sienta en la mesa del comedor, las servilletas pueden estar medio limpias, los cubiertos desparejados y el mantel ra&iacute;do de vejez, pero en el plato tiene que haber algo que llevarse a la boca, y el mismo trabajo da hacer un filete chamuscado que un filete al punto, lo mismo cuesta una sopa desabrida que una sopa bien cocinada. Mantener las cosas en buen estado puede ser cuesti&oacute;n de coste, o de estar al tanto, pero hacer le trabajo bien s&oacute;lo cuesta m&aacute;s esfuerzo cuando se es, de natural, un cerdo y hay que luchar a todas horas con los instintos naturales de un cerdo. Eso es lo que siempre ha cre&iacute;do Justino y lo mantiene cada d&iacute;a en su trabajo.</p><p>	Los dem&aacute;s pueden seguir con sus trapicheos para ganar cuatro duros, o para esconderse de los pocos esfuerzos que se les exigen, pero a &eacute;l no le hace falta el dinero ni le importa tener que pelar las patatas personalmente, porque el ayudante de cocina es en realidad el sobrino del gerente y s&oacute;lo firm&oacute; el contrato para cobrar la n&oacute;mina, sin pensar siquiera en pasar por el puesto. A &eacute;l no le importa poner las mesas mientras reposa el arroz, ni salir al comedor con la sopera en la mano cuando uno de los camareros ha llegado medio borracho sabiendo sabe que nadie le llamar&aacute; la atenci&oacute;n mientras venda lo que tiene que vender a los ejecutivos de ojos brillantes.</p><p>	Esas cosas, esas miserias, son para el que tiene alguna ilusi&oacute;n el vida que no puede alcanzar con su trabajo, o el que ni siquiera tiene vida y prefiere que lo entierren descansado. &iquest;Pero por qu&eacute; iba a meterse &eacute;l a vender lo que venden algunos en la planta baja, o en esa otra porquer&iacute;a de las chicas extranjeras? </p><p>	Justino quer&iacute;a ser cocinero, y se dedica a guisar. Si hay quien se lo valore, cocinar&aacute; con gusto, y si no hay quien se lo valore, porque los clientes s&oacute;lo quieren llenar el buche, lo har&aacute; de todos modos, lo mejor que pueda, porque en le fondo no cocina para ellos, ni se esfuerza para ellos, ni se enfada por ellos cuando algo sale mal: todo el esfuerzo es para s&iacute; mismo, para no perderse el respeto, para sentare a &uacute;ltima hora, o a primera, delante de un plato y poder decir &ldquo;esto lo he hecho yo y esto s&eacute; hacer". Un cocinero que no cocina es como una madre de las de las viejas novelas, que par&iacute;a los hijos y dejaba su crianza a cargo de la servidumbre. &iquest;C&oacute;mo puede sentirse uno luego orgulloso de ellos cuando otro los vel&oacute; las noches que estaban enfermos, otra los amamant&oacute; y otro sec&oacute; sus l&aacute;grimas cuando lloraban? &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s importante, la sopa o el trabajo de hacerla? &iquest;La sopa o el esfuerzo de ir al mercado y elegir las patatas, elegir la verdura y prepararlo todo luego con cuidado? &iquest;A qu&eacute; cocinero le puede importar realmente la sopa?</p><p>	El trabajo s&oacute;lo es una maldici&oacute;n para el que no sabe hacer nada y se presenta en su puesto dispuesto a matar las horas sin darse cuenta que en cada hora que mata se suicida tambi&eacute;n un poco. Cada hora que matas es tuya, y mueres con ella, o vives en lo que hiciste con ella. Y bien lo sabe &eacute;l, que a&uacute;n echa de menos los paseos que no dio con Manuela, las vacaciones que no cogieron y las noches de conversaci&oacute;n que cambiaron por programas est&uacute;pidos de televisi&oacute;n que s&oacute;lo serv&iacute;an para eso, para matar el rato.</p><p>	El rato te mata a ti, dice siempre. No trates de revolverte. El tiempo te asfixia con manos de criminal, en cada esquina, en cada rellano de una escalera, en cada sem&aacute;foro en rojo, y lo &uacute;nico que puedes hacer para vengarte es sacarle alg&uacute;n provecho, haciendo lo que te gusta o haciendo lo que crees que vale la pena. El tiempo no se pierde: te pierde &eacute;l a ti, te extrav&iacute;a en laberintos de los que cada vez te cuesta m&aacute;s regresar, dej&aacute;ndote jirones de piel por el camino, como si hubieses asaltado una trinchera cuajada de alambradas de espino. Y cuando al final, un d&iacute;a cualquiera, consigue arrinconarte, entonces ya no tienes escapatoria y ter mueres pregunt&aacute;ndote c&oacute;mo has podido llegar hasta ah&iacute;, y qu&eacute; camino has seguido para encontrarte tan perdido, en medio de ninguna parte. </p><p>	Por eso Justino detesta el ambiente que se ha impuesto en el hotel, lleno de gente indolente a la que todo le da igual, gente sin vida, sin aliento, sin m&aacute;s objetivo que bostezar quince, veinte o treinta a&ntilde;os hasta la jubilaci&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; har&aacute;n cuando se jubilen, si ya tienen ahora todo el tiempo y lo emplean en bostezar en su trabajo? Seguir bostezando, aburri&eacute;ndose en casa en lugar de en el trabajo, aburriendo a los que tengan la mala fortuna de acercarse a ellos. &iquest;Qu&eacute; har&aacute;n? Seguir sembrando desaliento y apat&iacute;a. Hay que entusiasmarse por algo, lo que sea, por construir una m&aacute;quina, guisar un estofado, o plantar frutales, aunque la m&aacute;quina no funcione, nadie pida ese d&iacute;a el estofado o los frutales se sequen. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da?</p><p>	Hay que tener coraje para seguir trabajando o coraje para marcharse a otro lado cuando ya no vale la pena lo que est&aacute;s haciendo.</p><p>	Para ti todo es muy f&aacute;cil, porque no tienes familia, le dicen a veces cuando repite estas ideas ante los dem&aacute;s. Para m&iacute; todo es muy f&aacute;cil, responde Justino, porque soy cocinero despu&eacute;s de haber sido mec&aacute;nico de camiones, y porque fui mec&aacute;nico de camiones despu&eacute;s de ser cocinero en un petroleo que iba de Kuwait a Holanda, y porque me hice cocinero en el barco despu&eacute;s de ocuparme del mantenimiento de las v&aacute;lvulas, y porque me embarqu&eacute; despu&eacute;s de aprender a arreglar tractores, y porque aprend&iacute; a arreglar tractores despu&eacute;s de ser jornalero en el norte con la pu&ntilde;etera remolacha, donde trabajas lo mismo que un jornalero de la aceituna, pero con fr&iacute;o y humedad. As&iacute; de f&aacute;cil es decirlo para m&iacute;, cabrones. </p><p>	Entonces, todos se r&iacute;en. Justino, a veces en voz alta y a veces para sus adentros, contin&uacute;a su discurso: pero la remolacha que yo sacaba no llevaba tierra pegada. Y los tractores que yo reparaba no se volv&iacute;an a estropear al d&iacute;a siguiente, cuando se aflojaba cualquier tuerca. Y ning&uacute;n barco se qued&oacute; sin motor mientras yo estuve al cargo, aunque hubiera que dormir en la sala de calderas, ni se quej&oacute; nunca un marinero de lo que com&iacute;a, aunque en algunos barcos los hab&iacute;a de cuatro o cinco religiones, cada cual con sus man&iacute;as o sus creencias, ni se ha vaciado el restaurante de este hotel como se han vaciado las habitaciones, que bien sab&eacute;is todos que aqu&iacute; siguen viniendo a comer los de siempre aunque ya s&oacute;lo unos pocos se queden a dormir...</p><p>	Ese es su orgullo: el restaurante no ha deca&iacute;do. Aunque el hotel entero se desmorone a pedazos, el restaurante sigue siendo el mejor, o uno de los mejores d ela ciudad, como hace quince a&ntilde;os. Aunque vendan coca&iacute;na en la primera planta y hayan metido putas en la mitad de las habitaciones, aunque no funcione la calefacci&oacute;n y no se laven las cortinas, aunque hayan alquilado el parking bajo cuerda para meterse al bolsillo los alquileres, a Justino le importa un carajo: para comer en el restaurante a&uacute;n hay que llamar el d&iacute;a antes. Y si no llamas esperas, o te jodes, porque ni el gerente ni la luna santa tiene cojones para ir a decirle a Justino que cuele a Fulano o a Mengano porque es un compromiso. La gente que se respeta, impone respeto. Si empiezas por llevarte un bol&iacute;grafo de la oficina, lo m&aacute;s normal es que no se entere nadie, pero lo extraordinario se convierte en costumbre y un d&iacute;a acabar&aacute;s teniendo que callarte la boca cuando un mequetrefe cualquiera pida su parte en el despiece de la presa. Si el gerente se lleva la recaudaci&oacute;n y los camareros los tenedores, entonces son iguales. No es m&aacute;s ladr&oacute;n el gerente, s&oacute;lo aprovecha mejor sus oportunidades. No compares, le dice. S&iacute; comparo, responde Justino: no hay cosa que m&aacute;s me joda que ver como se convierte en &eacute;tica la envidia. Porque es envidia. Porque el camarero que se lleva los tenedores echa pestes del gerente pensando en lo bien que le vendr&iacute;a a &eacute;l poder sacarse algo m&aacute;s que una mierda de cuberter&iacute;a.</p><p>	Si t&uacute; mujer viviera..., le dicen los que lo conocen. Si Manuela viviese, ser&iacute;a estanquero, para tener un trabajo tranquilo y poder andar por ah&iacute; luego, pero no se me secar&iacute;a ni un puro, ni vender&iacute;a tabaco de contrabando, ni mandar&iacute;a a otro estanco al que s&oacute;lo viniese a comprar sellos de dos c&eacute;ntimos. Est&eacute;s donde est&eacute;s siempre hay maneras de hacer las cosas bien y maneras de convertir cualquier puesto en una escombrera.</p><p>	Justino se acaba de dar cuenta de que est&aacute; hablando s&oacute;lo y trata de enmendarse. Levanta la vista y regresa a la realidad del comedor, todav&iacute;a vac&iacute;o, salvo algunos empleados que discuten entre ellos con m&aacute;s vehemencia que de costumbre. Seguramente haya sucedido alguna cosa la noche anterior, o haya surgido alguno de esos conflictos idiotas por los que las limpiadoras se pelean entre s&iacute;.</p><p>	Una de las chicas que empiezan su jornada se acerca a &eacute;l y le murmura una frase casi al o&iacute;do. Justino frunce el ce&ntilde;o y le pide que se lo repita. La edad se le empieza a notar en que a veces no se da cuenta de que habla en voz alta porque ni siquiera se oye a s&iacute; mismo, de lo sordo que se est&aacute; quedando.</p><p>	La muchacha vuelve a pronunciar la misma frase, con algo m&aacute;s de vehemencia, pero sin alzar la voz.</p><p>	Justino se echa a re&iacute;r.</p><p>	Su risa suena indefinida, sin decidirse a elegir el bando de los locos, el de los ni&ntilde;os o el de los viejos que se alegran de algo que en el fondo no les importa. </p><p>	Pero se r&iacute;e.</p><p></p><p><strong>11</strong></p><p></p><p>	Eran las doce menos diez y Malindo ya no se apartaba ni un instante de la venta. Sin embargo, de vez en cuando miraba a Susana y trataba de intercambiar algunas frases con ella.</p><p>	&mdash;Por cierto, &iquest;sabe que es muy guapa?</p><p>	Susana se sobresalt&oacute; al o&iacute;rle decir aquello y se encogi&oacute; en un gesto reflejo, pero &eacute;l la calm&oacute; con un gest&oacute;</p><p>	&mdash;Tranquila. S&oacute;lo intentaba hacer un comentario amable.</p><p>	&mdash;Lo siento. Es que...</p><p>	&mdash;La entiendo. Ah&iacute; atada, y junto a un tipo con un arma. Es como para ponerse nerviosa. Muchos hombres se habr&iacute;an cagado encima, pero usted ha aguantado muy bien...</p><p>	&mdash;Gracias.</p><p>	&mdash;&iquest;Est&aacute; casada?</p><p>	Ella neg&oacute; con la cabeza.</p><p>	&mdash;&iquest;Pero tendr&aacute; un novio?</p><p>	Susana volvi&oacute; a negar.</p><p>	&mdash;Eso no me lo puedo creer. Una muchacha tan linda...</p><p>	La chica se encogi&oacute; de hombros. Malindo suspir&oacute;.</p><p>	&mdash;H&aacute;bleme. Cu&eacute;nteme su vida. Le estoy dando un buen consejo porque me gusta usted. Siempre hay que hablar a tu secuestrador para que te vea como un ser humano, simpatice contigo y no te mate. Hay que intentarlo, al menos. No cuesta nada apretar el gatillo contra alguien que s&oacute;lo es un trozo de carne.</p><p> &mdash;No tengo novio. Tuve uno y me dej&oacute; &mdash;respondi&oacute; Susana de inmediato.</p><p>	&mdash;&iexcl;Vaya idiota!</p><p>	&mdash;Se fue a trabajar fuera y all&iacute; encontr&oacute; a otra. Son cosas de la distancia.</p><p>	&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no se fue usted con &eacute;l?</p><p>	&mdash;Yo ten&iacute;a aqu&iacute; mi trabajo.</p><p>	&mdash;Yo me ir&iacute;a a cualquier parte por una mujer. Por una en concreto, pero a&uacute;n no la he conocido. Y la que conoc&iacute; muri&oacute; de ni&ntilde;a &mdash;lament&oacute; el sicario.</p><p>	&mdash;Lo siento.</p><p>	&mdash;Una enfermedad que en cualquier otro lado ser&iacute;a una tonter&iacute;a. Pero en mi tierra, y en el campo, se la llev&oacute;. Cuando la llevaron al hospital ya era tarde.</p><p>	&mdash;Lo siento &mdash;repiti&oacute; ella.</p><p>	&mdash;&iquest;Y usted? &iquest;No quer&iacute;a a ese tipo lo suficiente para irse con &eacute;l?</p><p>	&mdash;No pod&iacute;a dejar el trabajo.</p><p>	&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no?</p><p>	&mdash;Porque no se puede dejar un trabajo para irse as&iacute;, con otra persona, y ser una carga. No se encuentra nada f&aacute;cil un trabajo hoy en d&iacute;a.</p><p>	El sicario mir&oacute; por la ventana, comprob&oacute; que no hab&iacute;a movimiento alguno, y volvi&oacute; a mirar a la chica, sonriendo.</p><p>	&mdash;No lo quer&iacute;a. Y &eacute;l a usted, tampoco.</p><p>	&mdash;A veces las cosas no son tan f&aacute;ciles &mdash;se defendi&oacute; ella, dolida.</p><p>	&mdash;Nunca son f&aacute;ciles. M&iacute;reme a m&iacute;: de ni&ntilde;o quer&iacute;a ser cirujano, y ya ve...</p><p></p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4128676" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Cada tela teje su araña (II)</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2025 15:17:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Feindesland</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p><strong>3</strong></p><p></p><p>	A Malindo el viaje se le ha hecho largo, y no s&oacute;lo porque ha tenido que conducir cuatro horas nada m&aacute;s bajarse del avi&oacute;n, sino porque sabe de sobra que no puede permitirse que lo pare la polic&iacute;a bajo ninguna circunstancia y ha cumplido escrupulosamente todos los l&iacute;mites de velocidad, algo muy dif&iacute;cil, de noche, para quien est&aacute; acostumbrado a poner al l&iacute;mite motores de doble o triple cilindrada del que ha tenido que conducir por Espa&ntilde;a.</p><p>	Pero al fin ha llegado, justo a tiempo para unirse mansamente al resto del reba&ntilde;o de autom&oacute;viles que transitan la circunvalaci&oacute;n.</p><p>	Son las ocho de la ma&ntilde;ana y la ciudad parece animarse por el tr&aacute;fico de los que acuden a su trabajo o van a llevar a los ni&ntilde;os al colegio, pero no hay siquiera un amago de atasco. La ciudad entera es vieja, callada y fr&iacute;a como una ermita de monte. Ni una sola chimenea empa&ntilde;a el azul del cielo. No suena ni un claxon. Nada.</p><p>	Sin mucho problemas consigue dejar el coche en un aparcamiento subterr&aacute;neo, vac&iacute;o como la bodega de un barco jubilado.</p><p>	Malindo duda un momento y se echa la pistola al bolsillo de la chaqueta. El fusil puede quedar en la mochila, dentro del maletero. Lo primero es echar un vistazo a los alrededores del hotel para reconocer el terreno.</p><p>	El hotel est&aacute; en una plaza, tal como le dijeron. Eso s&iacute; lo sab&iacute;a. Delante de la entrada no ve &aacute;rboles ni ning&uacute;n otro estorbo, y de la entrada a la carretera hay al menos cinco metros de acera: mucho m&aacute;s f&aacute;cil de lo previsto.</p><p>	Malindo mira el reloj. Las ocho y media. Tiene a&uacute;n cuatro horas, tal vez cinco, pero no puede trabajar con prisas. S&oacute;lo le falta encontrar el lugar apropiado donde esperar. </p><p>	Podr&iacute;a servirle alguna azotea, pero las considera demasiado peligrosas. Puede pasar un helic&oacute;ptero en cualquier momento, por cualquier motivo, y en cuanto vieran a un hombre con un rifle dar&iacute;an aviso. No hace falta que sea la polic&iacute;a: un servicio m&eacute;dico, cualquier tonter&iacute;a publicitaria...</p><p>	Es mejor una ventana, en una casa o en una oficina cualquiera en la que poder estar tranquilo. Cualquier peque&ntilde;o negocio puede servir.</p><p>	Malindo se da una vuelta por la plaza leyendo tranquilamente las placas de los portales. Un dentista, un abogado, una cl&iacute;nica psicol&oacute;gica... Todos son igual de buenos e igual de malos: si entra y enca&ntilde;ona al personal no se mover&aacute;n, pero puede que tengan cita con alg&uacute;n cliente y alguien se extra&ntilde;e. Es mejor otro tipo de negocio...</p><p>	Hace fr&iacute;o, pero no demasiado. El sol asoma entre las nubes, desmintiendo cualquier posibilidad de lluvia. Malindo acaricia la pistola en el bolsillo mientras da una segunda vuelta a la plaza y se decide por un estudio de arquitectura. Un arquitecto que no abre la puerta y no coge el tel&eacute;fono puede haber ido a ver a alg&uacute;n cliente y estar en alg&uacute;n lugar sin cobertura. Un s&oacute;tano, por ejemplo.</p><p>	Son poco m&aacute;s de las nueve. Cuanto m&aacute;s tarde en buscar su posici&oacute;n, menos tiempo tendr&aacute; para los preparativos, pero si se apresura demasiado pueden surgir problemas. Esperar&aacute; hasta las once, m&aacute;s o menos. Se lo explicaron de ni&ntilde;o y nunca necesit&oacute; que se lo repitieran: los animales que son presas de otros deben saber escapar; los animales que cazan, deben saber esperar. </p><p>	Entonces, cuando est&aacute; a punto de entrar a desayunar en un bar de la plaza, ve un cartel verde brillante en una ventana de una sexta planta, ofreciendo un piso en alquiler. Ese ser&iacute;a un escondite ideal.</p><p>	Saca el tel&eacute;fono m&oacute;vil y entrecerrando los ojos trata de distinguir las cifras. Una voz femenina le contesta casi de inmediato con el nombre de la agencia inmobiliaria.</p><p> &mdash;Buenos d&iacute;as. Estoy en el centro de la ciudad, en esta plaza con una gran fuente, y veo un letrero en un sexto piso anunciando un local en alquiler... &mdash;explic&oacute; echando mano a sus mejores modales.</p><p>	La empleada de la inmobiliaria detalla el nombre de la plaza y pide unos instantes para comprobar de qu&eacute; propiedad se trata. Poco despu&eacute;s comienza a desgranar los datos: superficie, precio, gastos de comunidad, etc.</p><p>	&mdash;Pues la verdad es que es ideal para m&iacute;. Es justo lo que estoy buscando. Pero necesitar&iacute;a verlo cuanto antes porque debo regresar esta misma tarde a mi pa&iacute;s &mdash;respondi&oacute; Malindo sacando provecho a su acento suramericano.</p><p>	La empleada de la inmobiliaria trat&oacute; de explicar que no pod&iacute;a resolverlo tan r&aacute;pidamente. Esas cosas llevaban unos tr&aacute;mites que no pod&iacute;an resolverse en s&oacute;lo unas horas.</p><p>	&mdash;No se preocupe, ya lo s&eacute;. Si me interesa, le dejo ya pagadas desde ahora dos mensualidades y los papeles firmados. Regreso en dos semanas. Pero necesito poder volver con algo ya apalabrado.</p><p>	La empleada de la inmobiliaria pregunt&oacute; si le ven&iacute;a bien ver el inmueble a las diez y media.</p><p>	Malindo lo pens&oacute; un instante. Era la hora perfecta para tener margen tanto si aquel intento sal&iacute;a bien como si no.</p><p>	&mdash;Por supuesto. La veo a las diez y media en el portal de la casa. Muchas gracias &mdash;respondi&oacute; amablemente.</p><p></p><p></p><p><strong>4</strong></p><p></p><p>	El ujier de uniforme que antes abr&iacute;a la puerta a los visitantes aguarda ahora, de paisano, tras el mostrador de recepci&oacute;n. Lleva ocho a&ntilde;os all&iacute;, disfrutando de su ascenso y de la posibilidad de negarse a los deseos de alguien.</p><p>	Lo siento, caballero, no hay habitaci&oacute;n.</p><p>	Lo siento, pero no tenemos servicio de lavander&iacute;a.</p><p>	Lamento que el tel&eacute;fono de su habitaci&oacute;n no funcione. Puede usted llamar desde recepci&oacute;n si lo desea.</p><p>	Perdone, pero todas las plazas del aparcamiento est&aacute;n ocupadas. Pruebe suerte en el parking municipal que hay dos calles m&aacute;s abajo.</p><p>	Negarse. No servir. Decir que no. Un verdadero ascenso.</p><p>	Ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os cuando empez&oacute; a trabajar en el hotel, a veces de botones, a veces de simple chico de los recados, y nunca pudo decirle que no a nadie. Si no hab&iacute;a tel&eacute;fono en las habitaciones, llamaba al t&eacute;cnico y se preocupaba de que la reparaci&oacute;n fuese lo m&aacute;s r&aacute;pida posible. Si alguien solicitaba servicio de lavander&iacute;a contestaba que &ldquo;por supuesto&rdquo; y llevaba la ropa a lavar a alg&uacute;n negocio con el que tuviesen un acuerdo. Y siempre, siempre hab&iacute;a aparcamiento para los hu&eacute;spedes, independientemente de qui&eacute;n fuera el coche que fuese necesario desalojar, incluido el del due&ntilde;o del hotel.</p><p>	Pero eran otros tiempos. Era otro mundo, casi, y desde entonces hab&iacute;an pasado m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os.</p><p> Por aquel entonces, su t&iacute;o le ofreci&oacute; irse a trabajar a Francia, a una industria textil, concretamente. Se lo pens&oacute; muchas veces y otras tantas se ech&oacute; atr&aacute;s, con el pretexto de acabar al menos el bachillerato, pero al final no hizo ni lo uno ni lo otro: apareci&oacute; la posibilidad de trabajar en el hotel y todo se fue diluyendo, como barro bajo la lluvia que no encuentra alfarero que le d&eacute; forma.</p><p>	En Francia hab&iacute;a buenas oportunidades, pero no hablaba el idioma y las jornadas eran, seg&uacute;n su t&iacute;o, largas y duras. Pagaban bien y en unos pocos a&ntilde;os podr&iacute;a regresar con unos buenos ahorros que le permitiesen comenzar alg&uacute;n negocio por su cuenta, pero justamente ah&iacute;, sin llegar a mencionarlo, surgi&oacute; el primer problema: &iquest;qu&eacute; negocio quer&iacute;a montar &eacute;l? Lo del restaurante era idea de su padre y no suya, que no se ve&iacute;a atendiendo diez, doce o catorce horas al d&iacute;a, primero la barra, luego la compra de provisiones y despu&eacute;s las mesas. Un negocio propio era la aspiraci&oacute;n de toda su familia desde hac&iacute;a al menos un siglo, cuando su bisabuelo vend&iacute;a escabeche por los pueblos en un burro. &iquest;Pero ten&iacute;a &eacute;l la obligaci&oacute;n de plegarse a los sue&ntilde;os de otros? &iquest;qu&eacute; necesidad ten&iacute;a &eacute;l de un negocio propio, ni de preocupaciones, ni del riesgo de que las cosas le fuesen mal y tuviera que acabar casi en la calle, como su abuelo? Ser&aacute;n solo diez o doce a&ntilde;os y cuando vuelvas de Francia podr&aacute;s tener un negocio propio, le repet&iacute;an. Con menos de treinta a&ntilde;os podr&aacute;s levantar una casa y ser tu propio patr&oacute;n toda la vida...</p><p>	Diecis&eacute;is a&ntilde;os y marcharse a Francia... No lo vio claro. Trat&oacute; de imaginar todo aquel tiempo y no lleg&oacute; a abarcarlo: era toda una eternidad separado de los amigos, de los sitios donde le gustaba pasar las tardes, de los ambientes donde todos le sonre&iacute;an al llegar. Lo pens&oacute; mucho pero no se decidi&oacute; a hacer la maleta a pesar de que la situaci&oacute;n en su casa empeorase mes a mes por una corrosiva combinaci&oacute;n de sordidez, desesperanza y problemas econ&oacute;micos. Una noche, antes de cenar, le dijo a sus padres que quer&iacute;a dejar los estudios y pidi&oacute; que le ayudasen a buscar un trabajo. Su madre se ech&oacute; a llorar, lo mismo que si le hubiese contado que se casaba, que se marchaba a Francia o que quer&iacute;a ser electricista. Su madre se echaba siempre a llorar por cualquier cosa. Su padre mene&oacute; la cabeza, disgustado, pero dijo que preguntar&iacute;a por ah&iacute; a un par de amigos, a ver lo que le pod&iacute;a encontrar. Eso s&iacute;: la mitad de lo que ganase ten&iacute;a que darlo para ayudar a la familia, y si no cumpl&iacute;a lo mandaba a Francia con su t&iacute;o, le gustara o no.</p><p>	Como se imaginaba ya en un andamio, el trabajo en el hotel le pareci&oacute; una buena opci&oacute;n aunque ganase poco al principio. Era una manera de no estar en casa, ni de perder el tiempo en el instituto, donde se le hac&iacute;a cada vez m&aacute;s cuesta arriba mantener la atenci&oacute;n sobre unas materias que ni le importaban ni parec&iacute;an llegar a ninguna parte. </p><p>	Al principio no le pagar&iacute;an casi nada, pero con las propinas pod&iacute;a juntar casi mil pesetas al mes, una cantidad fabulosa para un muchacho de su edad. Con aquel dinero, o con la mitad de aquel dinero, que era lo que tendr&iacute;a a su disposici&oacute;n, pod&iacute;a permitirse todos los lujos con los que ni siquiera se hab&iacute;a permitido so&ntilde;ar hasta ese momento. Y el trabajo tampoco era pesado: obedecer, poner buena cara y callar. Lo mismo que poco despu&eacute;s tuvo que hacer en la mili, y sin que le pagasen m&aacute;s que unas pesetas simb&oacute;licas.</p><p>	En el ej&eacute;rcito dijo que trabajaba en un hotel y acab&oacute; de ordenanza de un capit&aacute;n bonach&oacute;n y borrach&iacute;n que le ense&ntilde;&oacute; la vieja m&aacute;xima militar: &rdquo;del trabajo no escapes; el trabajo no lo hagas&rdquo;. Despu&eacute;s de la instrucci&oacute;n y la jura de bandera, pas&oacute; casi dos a&ntilde;os limpiando botas y haciendo recados, pero sin someterse a las tareas m&aacute;s duras que todos detestaban, como barrer el patio del cuartel o pasarse una semana entera en el monte, desatascando del barro los camiones. </p><p>	Aquellos fueron los &uacute;nicos meses que pas&oacute; fuera de su ciudad y nunca m&aacute;s quiso salir de viaje si no era estrictamente necesario.&iquest;Qu&eacute; iba a ver? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a que ver? Todos los lugares eran iguales y lo &uacute;nico que cambiaba era el color de los edificios y la pinta de la gente que paseaba por las calles, pero en cuanto rascabas un poco no hab&iacute;a diferencia. Vista tu casa, visto el mundo entero. No quer&iacute;a ser uno de aquellos, los viajeros, que iban de un lado a otro con sus maletas, como hierbajos arrancados, mirando a todas partes en busca de un asidero donde poder reposar la vista o el &aacute;nimo. No quer&iacute;a ver mundo ni conocer a nadie: le bastaba con saber cual era su sitio y saber estar en &eacute;l.</p><p>	Por eso, cuando acab&oacute; la mili, regres&oacute; al hotel y no se plante&oacute; siquiera buscar otro empleo. &iquest;D&oacute;nde iba a encontrar otro mejor? &iquest;Y qu&eacute; iba a hacer, si en los puestos buenos ped&iacute;an estudios? &iquest;Trabajar de vigilante o de repartidor? En el hotel nunca ganar&iacute;a mucho, pero tampoco se le exigir&iacute;a gran cosa. Y estar&iacute;a all&iacute; tranquilo, en su sitio, como una pieza bien encajada en el hueco correcto del puzzle.</p><p>	Habl&oacute; con algunos amigos y le ofrecieron irse a otra capital de provincia, donde hab&iacute;a trabajo en el sector del autom&oacute;vil, o desplazarse m&aacute;s al norte a trabajar en la siderurgia. &iquest;Pero para qu&eacute;? &iquest;Para tener que pagar un piso, o una patrona? &iquest;Para perderse por las calles? &iquest;Para amoldarse a un jefe que no sab&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a reaccionar o a unos compa&ntilde;eros que a&uacute;n no conoc&iacute;a? La situaci&oacute;n de sus padres hab&iacute;a mejorado mucho, y aunque ya no le ped&iacute;an dinero, &eacute;l segu&iacute;a dejando la mitad justa del salario en un sobre, encima de la reci&eacute;n comprada televisi&oacute;n. Con el resto hac&iacute;a lo que le daba la gana y le sobraba para todo lo que realmente le apetec&iacute;a.</p><p>	&iquest;Marcharse? &iquest;Para qu&eacute;?</p><p>	Poco a poco se acomod&oacute; en su puesto y no tard&oacute; en asimilar tambi&eacute;n todos los trucos del oficio. Aprendi&oacute; enseguida a qu&eacute; clientes hab&iacute;a que atender en primer lugar en caso de duda, cu&aacute;les dar&iacute;an una buena propina si se les ayudaba a subir la maleta y qui&eacute;nes eran solamente simp&aacute;ticos, pero taca&ntilde;os, o taca&ntilde;os a la vez que estirados y despectivos, que tambi&eacute;n los hab&iacute;a. El due&ntilde;o del hotel observ&oacute; aquel sexto sentido para tratar a la gente y comenz&oacute; a encargarle peque&ntilde;as tareas de confianza, como recoger el correo o ir a buscar a la estaci&oacute;n a alg&uacute;n cliente extranjero. En poco tiempo, el sueldo creci&oacute; y las razones para marcharse a otro lado o de buscar otro empleo menguaron al mismo ritmo.</p><p>	Entonces conoci&oacute; a una camarera de las que limpiaban y arreglaban las habitaciones y se hicieron novios. Se hicieron novios como si alguien lo hubiese concertado en una reuni&oacute;n entre familias: ten&iacute;an el mismo horario, conoc&iacute;an a la misma gente, trabajaban los mismos d&iacute;as... No tuvieron m&aacute;s remedio. </p><p>	Mar&iacute;a era una chica nerviosa y azorada, que miraba siempre a su espalda como si temiera que alguien la estuviese siguiendo, y &eacute;l consigui&oacute; tranquilizarla. E&middot;se fue su principal m&eacute;rito, y nunca hab&iacute;a dejado de renovarlo.</p><p>	Cuando se cas&oacute; se prometi&oacute; a si mismo y a su esposa buscar otro empleo. Cuando tuvo el primer hijo, renov&oacute; esa promesa, y la intenci&oacute;n se repiti&oacute; una vez tras otra, hasta que naci&oacute; la peque&ntilde;a, la tercera, sin que acabase de decidirse. Le pagaban poco, pero hac&iacute;a a&uacute;n menos. &rdquo;En el sueldo me enga&ntilde;ar&aacute;n, pero lo que es en el trabajo....&rdquo; , sol&iacute;a bromear cuando le preguntaban qu&eacute; tal le iba en el hotel. Cuando los ni&ntilde;os eran peque&ntilde;os Mar&iacute;a dejaba el trabajo para retomarlo luego, sin ning&uacute;n problema, cada vez que ten&iacute;a unas cuantas horas disponibles. Viv&iacute;an holgadamente, sin complicaciones, sin aspiraciones siquiera que les obligasen a dar un paso adelante para buscar una mejora.</p><p>	Y as&iacute; pasaron los a&ntilde;os, y lleg&oacute; la democracia, y llegaron tambi&eacute;n las primeras dificultades para emigrar y las de siempre para buscar empleo. Todo se coalig&oacute; para que &eacute;l se aferrara al puesto, incluido el ascenso que supuso ocuparse de la recepci&oacute;n los d&iacute;as que faltaba Basilio, el viejo recepcionista de siempre.</p><p>	Cualquier resto de ambici&oacute;n que pudiera quedarle se refugi&oacute; en alg&uacute;n rinc&oacute;n de su mente, se hizo un ovillo, y se dispuso a hibernar, acaso para siempre. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;a pedir? Al principio se aburr&iacute;a mortalmente tras el mostrador, pero luego se fue acostumbrando a leerse el peri&oacute;dico entero en lugar de limitarse a los titulares y las entradillas, a rellenar el crucigrama y hasta a leer alguna novela. En verano, o cuando se celebraban los congresos, no paraba en todo el d&iacute;a, pero durante el invierno y el oto&ntilde;o, sobre todo entre semana, trabajaba como mucho media hora, sumando todas las gestiones que deb&iacute;a hacer para los escasos clientes que acud&iacute;an al hotel.</p><p>	&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;a pedir?</p><p>	El recepcionista a&uacute;n se lo pregunta algunas veces en ma&ntilde;anas como la de hoy, tranquilas, sin clientes ni preocupaciones, sin jefe al que temer ni problemas urgentes que resolver. Cumple su horario, est&aacute; all&iacute; y hace m&aacute;s o menos lo que le da la gana, con el buen gesto que sigue componiendo m&aacute;s por placer c&iacute;nico que por educaci&oacute;n. Sonre&iacute;r a los clientes es una manera de mantenerlos apartados, de mostrarles el decorado en vez del interior, como una pared reci&eacute;n alicatada. Por eso les sonr&iacute;e.</p><p>	Antes no se lo hubiesen permitido, pero hace ya cinco a&ntilde;os que ha instalado un peque&ntilde;o televisor en recepci&oacute;n y se pasa el d&iacute;a entero maldiciendo la programaci&oacute;n, pero sin apagar el aparato. Pens&oacute; que al multiplicarse el n&uacute;mero de canales encontrar&iacute;a algo m&aacute;s atractivo que mirar, sobre todo por las ma&ntilde;anas, pero al final ha sido peor, y de eso se queja. Ahora a veces navega tambi&eacute;n por internet, contento de haber asistido al curso en el que le ense&ntilde;aron a manejar las herramientas inform&aacute;ticas b&aacute;sicas. En internet hay de todo, pero tiene el problema de que todo est&aacute; escrito y hay que leerlo, como en los tiempos del peri&oacute;dico y los crucigramas. Es mucho mejor la tele, o la radio, que te habla por su cuenta sin que tengas que prestarle toda tu atenci&oacute;n.</p><p>	Pero todo est&aacute; bien para pasar el tiempo. Cualquier cosa vale si ayuda a matar las horas, y en eso se ha hecho un verdadero experto con los a&ntilde;os: la recepci&oacute;n es un matadero industrial de horas minutos y segundos, casi siempre propios, y a veces tambi&eacute;n ajenos.</p><p>	El tel&eacute;fono suena sin conseguir que el recepcionista se apresure a contestarlo. Van ya siete timbrazos cuando al fin recita en voz alta el nombre del hotel, casi una broma.</p><p>	Alguien habla al otro lado durante unos instantes, segundos apenas. </p><p>	Es suficiente.</p><p>	El recepcionista cuelga, se deja caer en el sill&oacute;n giratorio que sustituye desde hace a&ntilde;os a la silla habitual y se pasa las manos por el rostro.</p><p>	Cualquier otro d&iacute;a hubiese expresado su disgusto con un golpe sobre el tablero del mostrador, pero despu&eacute;s de lo que acaban de decirle s&oacute;lo se atreve a chasquear la lengua y morderse los labios.</p><p>	Luego respira hondo y vuelve junto al tel&eacute;fono, pero despu&eacute;s de descolgarlo cambia de opini&oacute;n para sentarse de nuevo, resignado.</p><p>	&iexcl;Menudo desastre!</p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4127670" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Por qué te creo, amiga...</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Nov 2025 03:57:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Feindesland</dc:creator>
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		<category><![CDATA[artículo]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><p>S&iacute;, ya s&eacute; que tu historia no tiene ni pies ni cabeza. Ya s&eacute; que has venido a contarme eso porque no se lo puedes contar a nadie m&aacute;s. Ya s&eacute; que estas segura de que no te creo, de que te estoy dando cuerda, de que te estoy siguendo la corriente, como auna loca.</p><p>Pero no es cierto. El caso es que todo lo que me has dicho suena a gilipollez, pero te creo. De alguna manera, todo eso ha sucedido, aunque s&oacute;lo sea en tu cabeza.</p><p>&iquest;Lo ves? te cabreas, porque decir que ha sucedido en tu cabeza es como decir que no ha sucedido. Pero no es lo mismo, joder... Claro que no es lo mismo.</p><p>No, no hace falta que te quites la ropa para ense&ntilde;arme las cicatrices. Ya te he visto desnuda un par de veces, y no est&aacute;s mal. Gracias. Menos mal que sonr&iacute;es en vez de arrearme una hostia.</p><p>Lo que te quiero decir es que los hechos, esos hechos, han tenido lugar, se han convertido en llave, bisagra y motor o freno de tu vida, y que no los has so&ntilde;ado. Lo que te quiero decir es que puede que todo sucediese de otro modo, pero como t&uacute; lo interpretas de esa manera, de esa &uacute;nica y determinada, y jodida manera, pues son as&iacute;. Y son ciertos.</p><p>Y te creo.</p><p>De verdad que te creo.</p><p>Te creo sobre todo porque te falta imaginaci&oacute;n y te falta talento para inventarte algo as&iacute;. Si fueses un poco m&aacute;s inteligente, toda la historia ser&iacute;a mentira. Pero siendo t&uacute;, es verdad, sucedi&oacute; como la cuentas, m&aacute;s o menos.&nbsp;</p><p>Tu productora no tiene presupuesto para tantos efectos especiales.&nbsp;</p><p>No puede ser ficci&oacute;n. Tiene que ser un documental.</p><p>&iquest;Y te vuelves a cabrear?</p><p>No hay quien te entienda.</p><p></p><p><strong><em>Veinte cuentos que no mienten. 2016</em></strong></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4113903" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Tu gemelo izquierdo</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Oct 2025 15:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>calaña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>Siento el paso del tiempo gracias a tu gemelo izquierdo. Otras personas lo conseguir&aacute;n mirando el reloj, contemplando la lucha infinita entre la luna y el sol por dominar el cielo o esperando a que empiece su programa de televisi&oacute;n favorito una vez termina. Cualquier forma es v&aacute;lida si le sirve a uno y la m&iacute;a, es gracias a tu gemelo izquierdo. No el derecho, el izquierdo. </p><p>Yo conduzco y tu vas detr&aacute;s. Perpendicular. Y cuando la conducci&oacute;n lo permite, lanzo mi brazo derecho hacia atr&aacute;s buscando tu gemelo izquierdo para cogerlo, acariciarlo, apretarlo, sentirlo. Representando con las yemas de mis dedos la m&uacute;sica que suena en la radio del coche en tu peque&ntilde;o m&uacute;sculo. Me relaja y me da seguridad. Recuerdo que as&iacute; ha sido siempre aunque seguramente no. Los recuerdos no son de fiar. A veces no lo he encontrado y t&uacute;, consciente del acto, has puesto tu gemelo izquierdo a mi disposici&oacute;n. </p><p>Gracias a esta &iacute;ntima danza,  he sentido como tu gemelo izquierdo ha pasado de ser un gemelo tierno de beb&eacute; a uno de ni&ntilde;o. Todav&iacute;a fr&aacute;gil y peque&ntilde;o pero cada vez m&aacute;s fuerte y grande. </p><p>Cada vez con m&aacute;s frecuencia, no te sientas detr&aacute;s si no delante en el coche. Y poco a poco, de ese poco a poco que no te permite apreciarlo hasta que ya no hay vuelta atr&aacute;s, nuestra danza va dejando de producirse. La perpendicularidad est&aacute; dejando paso a la paralelidad como un baile de moda pasa a otro. Solo que nosotros no somos una moda y nuestra m&uacute;sica seguir&aacute; tatuada en las yemas de los dedos de mi mano derecha y en tu gemelo izquierdo a pesar del paso del tiempo.</p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4106978" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Continuará... 9</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2025 11:22:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ContinuumST</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>(Como a lo mejor ya no encaja en el concepto "Relato corto" y me paso aporreando teclas para esta historia... esta parte viene de aqu&iacute;: <a href="https://www.meneame.net/m/relatocorto/continuara-7">www.meneame.net/m/relatocorto/continuara-7</a> )</p><p>***</p><p>Juan se levant&oacute; como siempre a las ocho en punto, prepar&oacute; el desayuno seg&uacute;n la lista semanal, tostada integral con aceite y queso fresco y un t&eacute; de jazm&iacute;n. Un rayo de sol matutino se colaba en la cocina, parec&iacute;a que hoy har&iacute;a un d&iacute;a despejado aunque algunas nubes corr&iacute;an tras la torre del campanario.</p><p>Las ganas de leer las noticias crec&iacute;an en su interior, pero s&oacute;lo le&iacute;a noticias despu&eacute;s de la comida del mediod&iacute;a y tras recoger la mesa.</p><p>Sali&oacute; al jard&iacute;n y se fij&oacute; en que un peque&ntilde;o trozo de pl&aacute;stico estaba ensartado en una espina del rosal. No era posible, el rosal est&aacute; a unos dos metros de distancia de donde prepar&oacute; el paquete. Imposible, pero ah&iacute; estaba. El azar, como siempre, jugando con la realidad. Cogi&oacute; el trocito de pl&aacute;stico y se lo llev&oacute; a su taller, quer&iacute;a comprobar si era del mismo tipo de pl&aacute;stico que el que us&oacute; el otro d&iacute;a. Efectivamente, lo era. Repas&oacute; mentalmente sus movimientos y no encontraba explicaci&oacute;n, a no ser que mientras acercaba el pl&aacute;stico al cad&aacute;ver, al ser tan grande... No, no encontraba explicaci&oacute;n. Fue a la cocina, y usando el soplete de cocina, lo quem&oacute; en el seno del fregadero.</p><p>Ese detalle le obligaba a revisar a fondo el maletero del coche. Se visti&oacute; de calle y se dirigi&oacute; a donde ten&iacute;a el coche aparcado.</p><p>Aun era temprano para que las tiendas estuvieran abiertas pero no para los corredores que, con el despuntar del alba, ya estaban sudando la camiseta con los auriculares calados en las orejas. Un se&ntilde;or, que apenas pod&iacute;a dar dos pasos, medio andaba embutido en camiseta y pantal&oacute;n corto, sano, muy sano. Una jovencita enmorcillada en ropa de colores tan reflectantes que hab&iacute;a que mirarla con gafas de sol, el volumen de la m&uacute;sica era tan alto que se pod&iacute;a adivinar la m&uacute;sica r&iacute;tmica que estaba escuchando. Tambi&eacute;n estaban los madrugadores paseadores de perros, al menos el perro que se cag&oacute; al lado de su coche ten&iacute;a un cuidador que recogi&oacute; el excremento con esas bolsitas anudadas a las correas de los chuchos.</p><p>Juan abri&oacute; el coche y fue directo al maletero. Y all&iacute; estaban. &iquest;C&oacute;mo se hab&iacute;a olvidado de las bolsas de esa cadena de supermercados que llevaba para las compras? &Eacute;l, met&oacute;dico, concienzudo, tenaz, no se hab&iacute;a acordado de que las llevaba cuando meti&oacute; el paquete en el maletero. Podr&iacute;a cogerlas y tirarlas a la papelera que hab&iacute;a cerca, pero no quer&iacute;a tocarlas, obsesivo como estaba todo le parec&iacute;a imposible. Sac&oacute; un pa&ntilde;uelo de papel de su bolsillo derecho del pantal&oacute;n y cogi&oacute; las bolsas reutilizables. Cay&oacute; en la cuenta de que las hab&iacute;a tocado y manipulado docenas de veces. Se sinti&oacute; rid&iacute;culo. El paquete de pl&aacute;stico no podr&iacute;a de ninguna manera haber contaminado sus bolsas. Ni el fondo del maletero. Pero ese trozo de pl&aacute;stico ensartado en el rosal no le hab&iacute;a gustado nada. Azar, maldito azar.</p><p>Arranc&oacute; el coche y lo llev&oacute; a un lavado de coche, por el camino observ&oacute; que algunas calles segu&iacute;an embarradas de la fuerte tromba de agua, otras estaban m&aacute;s secas, algunas alcantarillas estaban cegadas de barro y objetos, algunos operarios del ayuntamiento ya estaban limpiando muchas zonas. En el lavado de coches se fue directo a la zona de aspiradores y pas&oacute; estos concienzudamente, obsesivo. Mir&oacute; y remir&oacute; cada esquina buscando alg&uacute;n error, alg&uacute;n &ldquo;pl&aacute;stico en el rosal&rdquo;.</p><p>Satisfecho, se dirigi&oacute; en coche a la zona donde hab&iacute;a tirado el paquete, pas&oacute; lentamente por all&iacute; y ya nadie estaba mirando el cauce del r&iacute;o.</p><p>En la zona de su casa, hoy no hab&iacute;a aparcamiento cerca, as&iacute; que lo dej&oacute; al principio de la calle. Al bajarse del coche vi&oacute; c&oacute;mo la se&ntilde;ora &ldquo;tutticolori&rdquo; sacaba a su perro a pasear, la sigui&oacute; mientras se dirig&iacute;a calle abajo, hacia su casa, la observ&oacute; y se dio cuenta de que miraba a veces por las vallas de las casas con la excusa de que su perro se paraba en ese lugar a hacer sus cosas. Vieja del visillo tres punto cero, cotilla sin vida de toda la vida.</p><p>Cuando lleg&oacute; a su casa se qued&oacute; en la puerta con la botella de vinagre rebajado con agua, desafiante, la se&ntilde;ora colorida levant&oacute; la cabeza, sin darse por aludida, y tirone&oacute; del chucho hasta sobrepasar su port&oacute;n.</p><p>Juan mir&oacute; la lista de comidas de hoy. Filetes adobados con arroz hervido y ensalada de pimientos asados. Pero no pod&iacute;a esperar m&aacute;s, ten&iacute;a que leer las noticias del d&iacute;a salt&aacute;ndose sus propias reglas.</p><p>Sab&iacute;a, sent&iacute;a que esto era un error por su parte, un error de protocolo, pero si el azar a veces jugaba ri&eacute;ndose del mundo, pens&oacute; que &eacute;l tambi&eacute;n podr&iacute;a re&iacute;rse del azar. Conect&oacute; su port&aacute;til con el cable de red al router. Naveg&oacute; por las noticias en el mismo orden de siempre, primero locales, luego regionales, nacionales e internacionales. Hizo clic en un anuncio de guantes de jardiner&iacute;a, y en una web de creaci&oacute;n de p&aacute;ginas web a buen precio. En la informaci&oacute;n local hab&iacute;a una noticia que le dej&oacute; sorprendido,</p><p>Ana Ferrer de 38 a&ntilde;os se hab&iacute;a declarado como desaparecida, pero adem&aacute;s era la hija de un inspector de Polic&iacute;a de la localidad vecina, los periodistas cotillas hab&iacute;an conseguido su historia personal, divorciada el a&ntilde;o pasado, trabajadora en Servicios Sociales en su localidad, buena persona. Su padre mover&iacute;a &ldquo;Roma con Santiago&rdquo; para encontrarla, el ex marido parec&iacute;a que estaba en paradero desconocido. Azar. Busc&oacute; m&aacute;s informaci&oacute;n de la historia. En la prensa m&aacute;s amarilla de la zona se dec&iacute;a que iba a encontrarse con un amigo y que nunca lleg&oacute; a su casa, hab&iacute;a una foto del joven en cuesti&oacute;n. Y unas fotos de su padre hablando a los medios. No encontr&oacute; los v&iacute;deos de sus declaraciones, pero claro, su hija ten&iacute;a que aparecer, y lo de las 24 horas era una chorrada de las pel&iacute;culas. Qu&eacute; curioso es el azar, pens&oacute; Juan. &iquest;Pondr&iacute;an m&aacute;s esfuerzo en localizarla? &iquest;Menos si era un comisario no querido? Azar.</p><p>&nbsp;Ahora ya se pod&iacute;a ir a comer tranquilamente.</p><p>La semana que viene terminaban las vacaciones de Juan, volver&iacute;a a la sucursal bancaria donde trabajaba vendiendo p&oacute;lizas que nadie necesitaba, limitando hipotecas al que m&aacute;s la necesitaba y, en resumen, mirando por la cuenta de resultados del banco, un empleado modelo. Pelota con los jefes de la central, ladino cuando quer&iacute;a, seco con los clientes que ten&iacute;an mil euros en la cuenta, modelo perfecto de ese dicho de &ldquo;as&iacute; es el mundo en el que vivimos&rdquo;. </p><p>Esa tarde se dedic&oacute; a serrar maderas para hacer marcos nuevos para sus cuadros, todos con los mismos colores, rojo y negro, cada uno con formas abstractas, algunos parec&iacute;an insectos aplastados, otros manchas del test de Rorschach, la mayor&iacute;a ten&iacute;an un aire espeluznante, inquietante, alucin&oacute;geno. Para &eacute;l era la &uacute;nica forma de mostrar su mente a los dem&aacute;s. Aunque nadie viera sus cuadros; no recib&iacute;a visitas, no ten&iacute;a amigos ni conocidos, no le interesaban las relaciones humanas, ni con hombres ni con mujeres. El sexo para &eacute;l era algo aburrido y mon&oacute;tono. Y s&oacute;lo cuando pasaba el tiempo y la llamada del sexo acud&iacute;a remolonamente se dirig&iacute;a a la ciudad a donar semen en una cl&iacute;nica, por darle utilidad a la cosa. Por nada m&aacute;s. </p><p>Mientras quitaba el inglete para hacer los cortes de las esquinas de los marcos, pensaba en los siguientes pasos que dar&iacute;a la Polic&iacute;a. El amigo que iba a visitar y su ex marido ser&iacute;an los primeros sospechosos y la &uacute;ltima persona que la hab&iacute;a visto con vida, seg&uacute;n dicen en las novelas, aunque pensaba que la realidad era bastante diferente, o no, seg&uacute;n se mire. La palabra azar segu&iacute;a rebotando en su mente sin orden ni concierto. No hab&iacute;a previsto las lluvias torrenciales. Ni que esa mujer menuda ser&iacute;a la hija de un polic&iacute;a. Tampoco que se acumularan escombros en esa zona del cauce. Que no se llevaran el m&oacute;vil. Y sobre todo estaba obsesionado con el trozo de pl&aacute;stico enganchado en el rosal. Por lo dem&aacute;s, ard&iacute;a en deseos de ver qu&eacute; pasaba despu&eacute;s.</p><p>Contempl&oacute; uno de los cuadros que iba a enmarcar, con su firma &ldquo;Juan 2024&rdquo;. Le gustaba a&ntilde;adir el a&ntilde;o para tener ordenadas sus obras. En las paredes laterales de la escalera que conduc&iacute;a al primer piso los ten&iacute;a colgados por fechas, el primero era de 2010 y le recordaba una mancha de sangre en la negrura de la noche, o un sol rojo explotando en el firmamento, o... Mir&oacute; la hora. Fue al sal&oacute;n y esper&oacute; hasta que fueran exactamente las ocho en punto de la tarde. Justo en eses instante marc&oacute; un n&uacute;mero desde el tel&eacute;fono fijo.</p><p>-Hola, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;is? </p><p>-Puntual como siempre &ndash;dijo una voz anciana al otro lado del tel&eacute;fono-. Bien, estamos bien, a tu madre le van a hacer unos an&aacute;lisis la semana que viene para controlarle el az&uacute;car y yo, pues como siempre con la artrosis de las rodillas que me duelen y no hay manera de que... &iquest;Y t&uacute;? Se te acaban las vacaciones, &iquest;no?</p><p>-S&iacute;, el pr&oacute;ximo lunes vuelvo al banco.</p><p>-No has ido a ning&uacute;n lado este a&ntilde;o... eso no es bueno para la salud y... espera que se pone tu madre.</p><p>-Hijo, no puedes estar as&iacute;, tan solo y tan encerrado...</p><p>-Madre, estoy muy bien as&iacute;, sin depender de nadie ni que nadie dependa de m&iacute;. </p><p>-&iquest;Vendr&aacute;s este a&ntilde;o por las fiestas del pueblo? </p><p>-No s&eacute; si podr&eacute; pedir d&iacute;as libres, lo intentar&eacute;. Cuidaos mucho.</p><p>-Un beso, hijo m&iacute;o, cu&iacute;date mucho.</p><p>A Juan le incomodaba hablar con sus padres, no sab&iacute;a por qu&eacute;, hab&iacute;an sido unos buenos padres, pero los llamaba por una especie de obligaci&oacute;n que no entend&iacute;a. Se dispuso a dar un paseo antes de preparar la cena, tuvo que ir a la lista para ver qu&eacute; le tocaba esta noche. Jud&iacute;as verdes salteadas con ajo y una manzana de postre. &iquest;C&oacute;mo era posible que no tuviera manzanas en el cesto de la fruta? Algo estaba fallando en su cerebro ordenado y meticuloso, pero no entend&iacute;a qu&eacute; pod&iacute;a ser. Mir&oacute; el reloj, ten&iacute;a tiempo de acercarse a la verduler&iacute;a y comprar manzanas.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4098735" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2024 16:02:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Vuelvo con las tramas.</p><p>Imaginemos a una monja de clausura que sale del convento para matar a alguien. Un viejo asunto  familiar. Lleva treinta y cinco a&ntilde;os en el convento, pero se ha enterado de que su familia la necesita. Lo hace.</p><p>Lo primero, va a ser dif&iacute;cil que la encuentren. O casi imposible.</p><p>Y si la encuentran, &iquest;a qu&eacute; la van a  condenar? &iquest;A estar encerrada?</p><p>Seguro que se come mejor en la c&aacute;rcel que en el convento.</p><p>Est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la ley y la justicia.</p><p>&iquest;Alguna aportaci&oacute;n?</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=4001633" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Trabajos forzados</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Aug 2024 13:58:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>El sol ca&iacute;a impasible, con la crueldad del hierro que imprime su anagrama sobre el lomo de una res. Desde poco despu&eacute;s de amanecer, un fuego sordo y blanco como el luto de Hiroshima se hab&iacute;a hecho due&ntilde;o absoluto del cielo, disolviendo primero cualquier conato de nube para volatilizar despu&eacute;s hasta la &uacute;ltima gota de humedad del &aacute;spero pellejo de la tierra; una tierra delgada, fr&aacute;gil, a duras penas suficiente para cubrir la roca: tierra extendida como un m&iacute;sero pedazo de mantequilla sobre un mendrugo de pan centenario.</p><p>	El aire, recalentado, sosten&iacute;a en vilo el polvo que levantaba los contantes golpes de pico sobre la roca, impidi&eacute;ndole volver al suelo hasta que lograba adherirse en el rostro y las ropas del condenado.</p><p>	Sergio jadeaba a causa del esfuerzo, pero no pod&iacute;a detenerse. Llevaba as&iacute; seis horas y le quedaban a&uacute;n cuatro m&aacute;s antes de poder regresar a los nudos y asperezas de su cena y su camastro. A veces&nbsp;paraba unos segundos, no m&aacute;s de los justos, para secar el sudor que amenazaba salvar el dique de las cejas para herir los ojos con su aguij&oacute;n salado.</p><p>	Ten&iacute;a las manos destrozadas, cubiertas de ampollas y viejas heridas a medio curar, pero s&oacute;lo muy de tiempo en tiempo se acomodaba las vendas con que trataba de protegerse las llagas m&aacute;s maltratadas. S&eacute; deten&iacute;a &uacute;nicamente cinco minutos cada media hora, a punto de derrumbarse, pero cuando conclu&iacute;a el tiempo de su descanso volv&iacute;a ponerse en pie para seguir con su tarea.</p><p>	La roca ced&iacute;a muy lentamente a los golpes de su pico, m&aacute;s haci&eacute;ndole una peque&ntilde;a concesi&oacute;n para que no desmayara que por verdadero triunfo de su esfuerzo.</p><p>	Sergio llevaba un mes picando y no hab&iacute;a conseguido avanzar m&aacute;s que una docena de metros en la enorme mole de piedra que deb&iacute;a desmenuzar. Pero el esfuerzo f&iacute;sico, el trabajo hasta la extenuaci&oacute;n, no lograban anular totalmente el pensamiento: una y otra vez volv&iacute;an a su mente las im&aacute;genes de la muerte de Ana, su esposa. &Eacute;l la hab&iacute;a matado.</p><p>	A veces, incluso en medio de aquel infierno, recordaba tambi&eacute;n los buenos tiempos, cuando se conocieron. Fueron a&ntilde;os inocentes, o al menos merecedores de una absoluci&oacute;n por falta de pruebas.</p><p>	Ella era una chica desgarbada que serv&iacute;a copas en un garito de moda cuando &eacute;l decidi&oacute; salir del cascar&oacute;n acad&eacute;mico para tratar de averiguar a qu&eacute; ol&iacute;a el mundo. Un d&iacute;a, por sorpresa, le asalt&oacute; la idea de que los hombres se diferencian de las m&aacute;quinas en que tienen tambi&eacute;n una existencia fuera del trabajo que desempe&ntilde;an y decidi&oacute; ser solamente uno de los mejores abogados del pa&iacute;s en vez de Sergio el Insuperable, futuro Fiscal General, Martillo de Delincuentes y Anatema de Abogados defensores.</p><p>	Le faltaba s&oacute;lo un a&ntilde;o para finalizar la carrera y sus calificaciones destacaban tanto que nadie pod&iacute;a imaginar un obst&aacute;culo capaz de detener su marcha triunfal. Inmune a los vicios, suscitaba todas las admiraciones, aunque muy pocas envidias.</p><p>	Sin embargo, aquella chica escu&aacute;lida y fe&uacute;cha le cautiv&oacute; de tal modo que, s&oacute;lo por verla, se uni&oacute; a un grupo de compa&ntilde;eros suyos, juerguistas por vocaci&oacute;n, para los que el estudio no era m&aacute;s que&nbsp;un brillante pretexto para la diversi&oacute;n.</p><p>	Sus notas descendieron hasta lo que &eacute;l consideraba m&iacute;seros notables, pero le pareci&oacute; que hab&iacute;a merecido la pena cuando, contra todo pron&oacute;stico, ella le sonri&oacute; y le dijo que s&iacute;, que le gustar&iacute;a darse una vuelta con &eacute;l despu&eacute;s de salir del trabajo.</p><p>	Cuando evocaba esa clase de recuerdos la piedra parec&iacute;a volverse un poco m&aacute;s blanda, y su pico lograba desprender pedazos de roca ligeramente mayores.</p><p>	Incluso el sol calentaba menos cuando pensaba en los primeros meses despu&eacute;s de su boda, cuando &eacute;l ya hab&iacute;a acabado sus estudios y conseguido, a la primera, una plaza de fiscal. Le destinaron a una peque&ntilde;a ciudad del Norte y Ana se despidi&oacute; del due&ntilde;o del garito, que a partir de ese momento comenz&oacute; a perder clientela a pesar de que las camareras eran cada vez m&aacute;s guapas y exuberantes. La chica ten&iacute;a algo, en la expresi&oacute;n, en la mirada, en la leve negligencia de sus movimientos, y no s&oacute;lo Sergio lo apreciaba.</p><p>	En aquella &eacute;poca com&iacute;an cualquier cosa, ten&iacute;an la casa como una pocilga y hac&iacute;an el amor con la furia incontenible de los prisioneros que han recobrado su libertad sin un &aacute;pice de arrepentimiento por los delitos cometidos.</p><p>	Los fines de semana los pasaban en la costa, cogiendo lapas para improvisar una sopa o, simplemente, contemplado las olas los d&iacute;as que el mar no estaba de humor para ba&ntilde;istas.</p><p>	Al anochecer volv&iacute;an a casa y escrib&iacute;an cartas, montones de cartas para amigos que hac&iacute;a a&ntilde;os que no ve&iacute;an, o para otros que no hab&iacute;an visto nunca, porque a Ana le gustaba intercambiar postales con gentes de pa&iacute;ses remotos, participando un poco de su ex&oacute;tica lejan&iacute;a. A veces, para burlarse de los dem&aacute;s y de ellos mismos, intercambiaban sus papeles y ella escrib&iacute;a a los amigos de &eacute;l, y viceversa, provocando malentendidos que nunca se molestaban en aclarar.</p><p>	&laquo;Lo malo es que aquellos tiempos no duraron mucho&raquo;, pens&oacute; Sergio, sec&aacute;ndose una vez m&aacute;s el sudor con el antebrazo.</p><p>	La brillantez de que hizo gala en el desempe&ntilde;o de su trabajo, y tambi&eacute;n un par de golpes de suerte, le hicieron ganar m&eacute;ritos r&aacute;pidamente y fue trasladado a una bulliciosa ciudad del interior. All&iacute; su vida, sus vidas, deb&iacute;an cambiar: aquella era su oportunidad para acceder a un puesto importante y Sergio no estaba dispuesto a desaprovecharla. Hab&iacute;a empezado a tratarse con ciertos personajes pol&iacute;ticos y exist&iacute;a la posibilidad de que se acordasen de &eacute;l para un importante puesto en el Ministerio, o incluso m&aacute;s arriba. A pesar de su juventud, pod&iacute;an nombrarlo incluso fiscal de sala de la Audiencia Nacional, un puesto con el que so&ntilde;aba desde antes de comenzar la carrera.</p><p>	Todo eso depend&iacute;a, por supuesto, de su habilidad en el trato social y de su conocimiento de los laberintos pol&iacute;ticos. Para no perder la ocasi&oacute;n y estar a la altura de las circunstancias deb&iacute;an recibir la visita de un mont&oacute;n de gente y la casa ten&iacute;a que estar presentable: se gastaron una fortuna en mobiliario nuevo y empezaron a ser esclavos de su imagen.&nbsp;</p><p>	Las salidas de fin de semana fueron abolidas por necesidades del gui&oacute;n: eran los d&iacute;as perfectos para las relaciones sociales, para las visitas y para participar en determinados eventos culturales en los que lo que importaba verdaderamente era lo que se comentaba en los entreactos, o en la tertulia informal de la salida.</p><p>	Ana no tard&oacute; en decirle a su esposo que no le gustaba vivir de aquel modo, que quer&iacute;a volver a disfrutar de las cosas que realmente les hac&iacute;an felices. Pero Sergio no quiso saber nada de las quejas y la acus&oacute; de querer echar a perder su carrera, pretendiendo que todo el mundo fuera tan inconsciente como ella. Ana se dio cuenta de que era in&uacute;til seguir con la conversaci&oacute;n y prefiri&oacute; guardar silencio, abrumada por el peso de su descubrimiento: lo &uacute;nico que le hac&iacute;a verdaderamente feliz a &eacute;l era seguir ascendiendo por el empinado muro del escalaf&oacute;n judicial.</p><p>	&laquo;Luego vino lo peor&raquo;, pens&oacute; Sergio, regode&aacute;ndose en el dolor que acababa de producirle una esquirla de piedra que le hab&iacute;a golpeado la frente.</p><p>	Cuando el m&eacute;dico le dijo que no pod&iacute;a quedarse embarazada porque sus ovarios estaban rid&iacute;culamente subdesarrollados, Ana se termin&oacute; de hundir. Durante alg&uacute;n tiempo trat&oacute; de aferrarse a su marido, pero &eacute;l estaba demasiado ocupado redactando interrogatorios y conversando con amigos a los que ella deb&iacute;a sonre&iacute;r. En lugar de recibir consuelo deb&iacute;a ofrecer buena cara, y eso fue demasiado para ella. Sergio intent&oacute; ayudarla, pero de su boca no salieron m&aacute;s que las torpes palabras de lo funerales de compromiso.</p><p>	Al fin y al cabo &eacute;l tambi&eacute;n se quedar&iacute;a sin hijos, pero los hijos tienen la molesta costumbre de exigir tiempo y esfuerzo, y Sergio ten&iacute;a todo su esfuerzo comprometido en otra causa. Ella pens&oacute; que, aunque dijera lo contrario, Sergio se alegraba en el fondo de librarse de aquella carga y se sinti&oacute; a&uacute;n m&aacute;s infeliz. Las desgracias compartidas son siempre m&aacute;s tolerables que las desgracias a solas; es una idea miserable, s&iacute;, pero as&iacute; somos y no vale la pena edulcorarlo con mentiras piadosas.</p><p>	El sol acababa de escapar de una nube suicida que hab&iacute;a logrado aprisionarlo unos instantes y golpeaba con renovada fuerza, tratando de recuperar el tiempo perdido en su determinaci&oacute;n de abrasarlo todo.</p><p>	Sergio sudaba a chorros, pero segu&iacute;a golpeando la piedra con rabia, hiri&eacute;ndose las manos con el mango de la herramienta, pero todo dolor le parec&iacute;a poco y segu&iacute;a picando con todas sus fuerzas hasta que se quedaba sin respiraci&oacute;n o ca&iacute;a de bruces sobre la roca.</p><p>	La noticia de su esterilidad sumergi&oacute; a Ana en una laguna de tristeza de la que no pudo sacarla el consuelo ni la compa&ntilde;&iacute;a de las esposas de los amigos de Sergio. Ellas se esforzaron en hacerla sentirse mejor, pero Ana no pertenec&iacute;a al mundo de aquellas mujeres y se negaba tozudamente a integrarse en con &eacute;l: ella era una camarera de barrio y ansiaba recuperar su mundo de diversiones poco sofisticadas, copas con poco lim&oacute;n y risas sin la mano delante de la boca.</p><p>	Intent&oacute; hablar de nuevo con Sergio pero &eacute;l hab&iacute;a cambiado de registro.&nbsp;Ella le dijo que no era feliz a su lado, que estaba harta de aparentar ante sus amistades, harta de pasarse la vida haciendo cosas que consideraba estupideces, que odiaba que controlaran su forma de hablar y de vestir. Dijo muchas cosas que &eacute;l sab&iacute;a que eran ciertas, y Sergio se limit&oacute; a preguntarle si quer&iacute;a el divorcio.</p><p>	Ana solt&oacute; un gemido, se dio la vuelta y se encerr&oacute; en el dormitorio dando un portazo. Para llorar, supuso &eacute;l.</p><p>	Al poco tiempo sali&oacute; de casa dando otro portazo, y al regresar se abraz&oacute; al cuello de su marido, que no se hab&iacute;a movido del sal&oacute;n.</p><p>	&mdash;No, no quiero el divorcio&mdash; le susurr&oacute;.</p><p>	&mdash;Pues entonces no te comportes como una chiquilla o no tardar&eacute; en quererlo yo&mdash; respondi&oacute; Sergio, a&uacute;n dolido por el eco de las palabras que hab&iacute;a escuchado hac&iacute;a unos momentos.</p><p>	Ella sonri&oacute; y dijo que iba a darse un ba&ntilde;o.</p><p>	Cuando pas&oacute; una hora Sergio se extra&ntilde;&oacute; de que tardara tanto. Llam&oacute; a la puerta varias veces pero no respondi&oacute; nadie.</p><p>	Sergio tuvo que pedir ayuda a un vecino para derribar la puerta y encontrarse a Ana sumergida en un repugnante l&iacute;quido rojo.</p><p>	Se hab&iacute;a cortado las venas. Antes de hacerlo, inform&oacute; al juez de su intenci&oacute;n en una lac&oacute;nica nota: la que fue a echar al correo en su ultima salida.</p><p>	No hubo preguntas. No hubo problema.&nbsp;</p><p>	Pero aunque sus amigos trataron de convencerlo de lo contrario, Sergio se proces&oacute; a s&iacute; mismo y se encontr&oacute; culpable: compr&oacute; una finca en las monta&ntilde;as y se conden&oacute; a doce a&ntilde;os de trabajos forzados.</p><p>	Nadie pudo imped&iacute;rselo: cada cual, en sus tierras, tiene derecho a picar toda la piedra que quiera.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3971184" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Decreto Legislativo 38/2003. Educación sexual avanzada</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jan 2024 03:37:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Decreto Legislativo 38/2003 por el que se dotan setecientas treinta y cinco mil plazas de educaci&oacute;n sexual avanzada, con cargo a los fondos consignados a tal efecto en la partida correspondiente al Instituto Nacional de Empleo, en la Ley de Presupuestos Generales del Estado.</p><p>Exposici&oacute;n de motivos:</p><p>Las fuertes sumas destinadas actualmente a tratamientos psicol&oacute;gicos, medicaci&oacute;n para depresiones, represi&oacute;n policial de cr&iacute;menes y malos tratos diversos, da&ntilde;os a terceros y hasta accidentes de tr&aacute;fico con todas su tr&aacute;gicas consecuencias, podr&iacute;an ser f&aacute;cilmente reducidas sin impacto para el ciudadano a trav&eacute;s de un correcto tratamiento de las causas de estos males que tan duramente nos aquejan.</p><p>Tras largas investigaciones y complicados estudios realizados por reconocidos profesionales, el Gobierno ha llegado al convencimiento de que buena parte de estas lacras proceden de un escaso disfrute del sexo por parte de una fracci&oacute;n significativa de los espa&ntilde;oles, lo que da lugar a una amplia topolog&iacute;a de males tanto f&iacute;sicos como s&iacute;quicos y especialmente sociales. Se pretende, de este modo, elevar el funcionamiento de nuestra sociedad en su conjunto a trav&eacute;s de la mejora del nivel sexual de los ciudadanos.</p><p>Por tanto:</p><p>A) Se convocan setecientas treinta mil plazas de educaci&oacute;n sexual Avanzada. Los cursos ser&aacute;n impartidos en los centros de ense&ntilde;anza homologados a tal efecto y se financiar&aacute;n con fondos FEDER, del FORCEM y las partidas presupuestarias que en breve se aprobar&aacute;n mediante el reglamento correspondiente.</p><p>B) Estas plazas se dividir&aacute;n del siguiente modo: ciento noventa mil para folladores defectuosos, ciento noventa mil para anorg&aacute;smicas diversas, noventa mil para melindrosos y tiquismiquis de ambos sexos, noventa mil para pajilleros fracasados, noventa mil para adefesios y estafermos en general, cincuenta mil para insatisfechos permanentes y cincuenta mil para la tercera edad. Quedan pendientes de estudio para ocasi&oacute;n inmediata aunque posterior los mirones, fetichistas del caucho y la uralita, eyaculadores precoces, consumidores de porno asi&aacute;tico&nbsp;y escocidos en general.</p><p>Quedan asimismo excluidas, por pertenecer a otra tipolog&iacute;a, las siguientes denominaciones cl&iacute;nicas: fimosis cuaternaria, virgo invencible, escroto ca&iacute;do, pez&oacute;n remiso, verga b&iacute;fida, cl&iacute;toris sepulto y hemorroide oscilante pendulona (arm&oacute;nico simple)</p><p>C) Los candidatos deber&aacute;n presentar sus solicitudes ante la administraci&oacute;n correspondiente a partir de la publicaci&oacute;n del presente decreto y en todo caso con una antelaci&oacute;n de diez d&iacute;as h&aacute;biles hasta el momento en que comience el curso al que aspiren.</p><p>D) Su cualificaci&oacute;n quedar&aacute; a cargo del equipo de valoraci&oacute;n correspondiente si bien el INEM, las empresas o los familiares de los potenciales alumnos, podr&aacute;n solicitar en su nombre la matriculaci&oacute;n obligatoria en estos cursos.</p><p>H&aacute;gase cumplir.</p><p>La Ministra de Sanidad.</p><p>A. P.</p><p>14 de marzo de 2003</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3893772" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Una distopia biológica y judicial</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Sep 2023 17:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Feindesland</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>Supongamos que en unos a&ntilde;os llegamos a un r&eacute;gimen machista, opresor y totalitario. Supongamos que el amado l&iacute;der, el que nos toque, decide que hay que aumentar la natalidad por razones patri&oacute;ticas, para que no nos diluyan demogr&aacute;ficamente los inmigrantes. Por ejemplo. Cualquier pretexto vale.</p><p>Supongamos que, a la fuerza, se recluye a un mill&oacute;n de mujeres mayores de treinta a&ntilde;os, y menores de cuarenta y cinco, sin hijos, para obligarlas a cumplir con la patria. Y supongamos que en esos campos de internamiento se las embaraza a la fuerza. Tenemos, en un a&ntilde;o, un mill&oacute;n de v&iacute;ctimas y un mill&oacute;n de ni&ntilde;os (los gemelos por los malogrados).</p><p>Tras un a&ntilde;o de espera, se repite la operaci&oacute;n. Con las mismas mujeres, que a&uacute;n no han sido liberadas, aunque algunas pueden haber sido sustituidas, por motivos diversos. Tenemos un mill&oacute;n de v&iacute;ctimas y dos millones de ni&ntilde;os.</p><p>Se repite la espera y se repite la operaci&oacute;n por tercera vez. Entre sustitu&iacute;das y tal, tenemos un mill&oacute;n cien mil v&iacute;ctimas, tres millones de ni&ntilde;os.</p><p>La cosa parece detenerse ah&iacute;. Sobre las consecuencias sociales de esto y lo que pasa a medio camino se pueden escribir tranquilamente cien p&aacute;ginas. O quinientas.</p><p>El caso es que quince a&ntilde;os despu&eacute;s de la &uacute;ltima tanda, el gobierno desp&oacute;tico e hijoputa es finalmente derrocado. Se juzga a los responsables y se les ahorca sin excepci&oacute;n. P&uacute;blicamente. En las farolas de los lugares donde ejercieron su poder.</p><p>Y ahora, dos preguntas:</p><p>-&iquest;Qu&eacute; hacemos con los ni&ntilde;os? Porque hay tres millones de ciudadanos entre 16 y 21 a&ntilde;os que son hijos de esta tropel&iacute;a. Y ser&aacute; curioso escribir lo que opinan.</p><p>-&iquest;Qu&eacute; pasa cuando un juez dice que a las mujeres deben indemnizarlas los beneficiarios del delito? &iquest;Ponemos a los chavales a indemnizar a sus madres?</p><p>Cierre: se me ha ocurrido que se podr&iacute;a escribir una novela sobre esto, o quiz&aacute;s alg&uacute;n tipo de gui&oacute;n para una serie. ;-)</p><p>Aqu&iacute; queda de balde, por si alguien se anima. A lo mejor, si este invierno no tengo otra cosa que hacer, me animo yo mismo.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3855454" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>La leyenda equivocada (VI)</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Aug 2023 22:45:57 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p></p><p>	El ruido de las palas tratando de despejar la calle, o de hacerla al menos algo m&aacute;s transitable para carretas y animales de tiro, despert&oacute; por la ma&ntilde;ana a Irina con el estruendo gozoso de la libertad al fin recuperada: ya no tendr&iacute;a que pasar el d&iacute;a entero encerrada en casa, emba&iacute;da en el tedio de aquellas lecturas que de puro repetidas ya casi se sab&iacute;a de memoria, o acompa&ntilde;ando a su madre en aquellos rezos circulares, sin principio ni final, cantilenas interminables que m&aacute;s que devoci&oacute;n le hac&iacute;an sentir sobre todo remordimiento, porque estaba segura de que Dios se dar&iacute;a cuenta de su desgana.</p><p>	El cielo no quiso jugar ese d&iacute;a al enga&ntilde;o de amanecer despejado para ir cargando sus alforjas con el paso de las horas. Arreci&oacute; el fr&iacute;o, eso s&iacute;, convirtiendo en hielo los montones de nieve y haciendo m&aacute;s penosa la tarea de apartar la que quedaba. Pero no volvi&oacute; a nevar y a medida que la gente regresaba a sus tareas la inmaculada blancura de la nieve se fue hollando de pisadas, roderas y hasta negras heridas de fogatas.</p><p>	Pero al fin pod&iacute;a salir de casa. Podr&iacute;a al fin escapar de aquellos muros a los que hab&iacute;a estado tanto tiempo condenada sin recordar el motivo del castigo. El sabor a&uacute;n dulce de la noche anterior le trajo entonces la consciencia de que s&iacute; exist&iacute;a un delito, pero ella no pod&iacute;a verlo como tal. Era incapaz de arrepentirse de lo que hab&iacute;a hecho. Pens&oacute; entonces en la nieve y crey&oacute; que lo que pasaba en las calles tambi&eacute;n era aplicable a s&iacute; misma: lo que est&aacute; demasiado limpio no suele estar demasiado vivo. Porque la vida mancha, y s&oacute;lo los ni&ntilde;os enfermos no embarran nunca su ropa.</p><p>	Ella hab&iacute;a mancillado su pureza, s&iacute;, pero tambi&eacute;n mancillaban los carros la pureza de la nieve. &iquest;Era acaso mejor seguir todos en casa para respetar intacta la blancura de las calles? Irina no dudaba ni un momento cual erala respuesta a semejante preguntas, pero de todos modos tem&iacute;a el momento de defender esta decisi&oacute;n ante otros.	</p><p>	Pronto ser&iacute;a viernes, el d&iacute;a del inevitable encuentro con el confesor de la familia y tendr&iacute;a que arrodillarse y decirle que se hab&iacute;a entregado a un hombre, que hab&iacute;a profanado el templo de su cuerpo y pisoteado las flores de la castidad. El padre Istvan siempre hablaba con esa clase de palabras cuando se refer&iacute;a a esas cosas. Profanado un templo y pisoteado las flores, s&iacute;, pero ella no pod&iacute;a arrepentirse. Irina recordaba las lecturas de los santos padres de la iglesia, aquellas en que no se cansaban de repetir que Dios es amor, y eso ella no pod&iacute;a dudarlo. Pero si Dios es amor, &iquest;c&oacute;mo puede condenar el amor en los dem&aacute;s? Eso no pod&iacute;a entenderlo, y como no pod&iacute;a entenderlo, no pod&iacute;a arrepentirse.&nbsp;Y confesar un pecado del que no hay contrici&oacute;n es peor todav&iacute;a que callarlo.</p><p>	Irina decidi&oacute; callar. Aun a sabiendas de que a un mal a&ntilde;ad&iacute;a otro, decidi&oacute; callar, consciente de que hab&iacute;a entrado en la resbaladiza cuesta de los pecadores, pero demasiado fuerte de &aacute;nimo como par ceder su intimidad sin lucha. Su madre pod&iacute;a obligarla a confesarse, pero no pod&iacute;a obligarla a hablar, lo mismo que se puede llevar un caballo al r&iacute;o pero no se le puede hacer beber. Eso dec&iacute;a a veces su padre y a Irina le hizo gracia recordar la frase precisamente en ese momento.</p><p>	Sorprendida ella misma por su resoluci&oacute;n, se compuso tranquilamente el cabello y el vestido ante el espejo, y baj&oacute; de su habitaci&oacute;n dispuesta a entablar con su madre la conversaci&oacute;n m&aacute;s normal y anodina que pudiera encontrar en su mente. El fin de la gran nevada y el hecho de que fuera primer viernes de mes, con los compromisos religiosos que tal fecha aparejaba, le facilitaron temas apropiados para cumplir su prop&oacute;sito hasta la hora de comer.&nbsp;</p><p>	Despu&eacute;s del almuerzo prometi&oacute; regresar a tiempo para acompa&ntilde;ar a su madre a misa y se dirigi&oacute; a casa de Mariah, su mejor amiga desde la infancia y su &uacute;nica confidente. Ni siquiera a ella pensaba participarle todo el secreto, pero deseaba apasionadamente compartir con alguien su felicidad, la plenitud del momento.&nbsp;</p><p>	Mariah viv&iacute;a cerca del recientemente construido ayuntamiento, verdadera ense&ntilde;a de la prosperidad comercial de la ciudad. El paseo no era largo, pero con las calles aun cubiertas en buena parte de nieve helada, Irina prefiri&oacute; caminar despacio. Y no s&oacute;lo por precauci&oacute;n: todo era nuevo para Irina. Aquellos muros, las campanas de las iglesias, los tejados resplandecientes por el sol sobre la nieve. Hasta el rostro de su amiga parec&iacute;a tener aquel d&iacute;a un brillo especial.&nbsp;</p><p>	Mariah la recibi&oacute; con muestras de verdadero afecto, v&iacute;ctima tambi&eacute;n del aburrimiento aparejado a su prolongada reclusi&oacute;n. Despu&eacute;s de que Irina saludara a los padres de Mariah y les transmitiera los saludos de su propia familia, como era preceptivo, las amigas se apresuraron a encerrarse en el cuarto de Mariah para poder hablar a sus anchas.</p><p>	Lo primero que Mariah le pregunt&oacute; a Irina fue si hab&iacute;a visto a Adalberto, y el sonrojo de Irina se encarg&oacute; de responder por ella. Mariah quiso saber m&aacute;s y la interrog&oacute; sin piedad hasta que Irina confes&oacute; que lo hab&iacute;a visto e incluso lo hab&iacute;a abrazado. Le cont&oacute; incluso que lo hab&iacute;a dejado entrar en su habitaci&oacute;n y que se hab&iacute;an prometido amor eterno. Le cont&oacute; tambi&eacute;n que Adalberto hab&iacute;a dado palabra, palabra de honor y palabra de caballero, de pedir su mano en cuanto el padre de Irina regresase de su viaje.&nbsp;</p><p>	Y a buen seguro, su padre no se opondr&iacute;a: era un matrimonio ventajoso para todos: un enlace entre la nueva burgues&iacute;a y la vieja nobleza que sin duda lo har&iacute;a sentirse a&uacute;n m&aacute;s orgulloso de su hija.</p><p>	Estaba segura de que su padre le dar&iacute;a su bendici&oacute;n: en medio a&ntilde;o, todo lo m&aacute;s, Adalberto y ella ser&iacute;an marido y mujer, pero hab&iacute;an acordado mantener el compromiso en secreto para que no fuera su padre precisamente el &uacute;ltimo en enterarse.</p><p>	Mariah salt&oacute; de alegr&iacute;a y tuvo que taparse la boca para contener el grito que le arranc&oacute; la noticia. Por fin, todo el empe&ntilde;o y la paciencia que hab&iacute;a puesto Adalberto en el cortejo de su amiga recib&iacute;a su recompensa.</p><p>	Mariah ten&iacute;a tambi&eacute;n un pretendiente, pero estaban a&uacute;n en la etapa de los peque&ntilde;os desaires y las apasionadas reconciliaciones. Casi siempre hablaban tambi&eacute;n del pretendiente de Mariah, pero aquel d&iacute;a los amores de Mariah y sus peque&ntilde;os avances quedaron completamente relegados para otra ocasi&oacute;n: lo m&aacute;s importante era que Irina iba a casarse y que nadie m&aacute;s lo sab&iacute;a; lo importante era que ten&iacute;an un gran secreto que compartir, y un secreto venturoso adem&aacute;s, que son los que mejor sirven para avivar la amistad y la alegr&iacute;a sin el poso de lejana desconfianza que deja casi siempre el secreto peligroso o el culpable.&nbsp;</p><p>	Y as&iacute; pasaron las horas de aquella tarde, cuchicheando planes para la boda, imaginando la entrada de Irina en la catedral, con su vestido blanco, con la ciudad toda pendiente del enlace, eligiendo el momento de hacer p&uacute;blica la noticia y hasta el nombre de los hijos que luego vendr&iacute;an.</p><p>	As&iacute; pasaron la tarde, en un suspiro apenas.</p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3846858" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>El problema de las equis</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Jul 2023 10:21:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Equis representantes de partidos (Rp) se presentan a una elecciones (e), dado que la funci&oacute;n p&uacute;blica posee un atractor de (3y) y que la constante de tendencia (Ct) es igual a la media aritm&eacute;tica del valor total de la serie num&eacute;rica dada cuyo resultado debe ser +/- 1.984. Calcular el n&uacute;mero total de representantes de partidos (Rp) que dicen la verdad absoluta (V), la verdad parcial (v), la verdad promediada (Vp) y la verdad medi&aacute;tica m&iacute;nima (Vmm), y el porcentaje de abstenci&oacute;n (Ab), sabiendo que la constante de reelecci&oacute;n (R0) es directamente proporcional al factor de inercia de la ecuaci&oacute;n (I=1x10-6) y que el valor de equis puede variar seg&uacute;n el factor de gobernabilidad (G) sabiendo que es inversamente proporcional al cuadrado de la opiniones divergentes (Od).</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3833548" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Siete de agosto de 2008 (Microrrelato dadaista.)</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Jul 2023 11:42:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>El dadaismo canalizado transforma lo menos obvio en grosero y lo oscuro en la esencia misma de lo herm&eacute;tico.</p><p>La confusi&oacute;n, inherente a los conceptos, desplaza el sentido racional de las palabras, convirti&eacute;ndolas en hechos cuestionables de la sinraz&oacute;n coherente, y la misma incomprensi&oacute;n de los hechos los convierte en verdades azarosas. Como la misma sustancia de la permeable realidad, medida en porcentajes aleatorios de s&iacute;es y noes.</p><p>La p&eacute;rdida del orden, del n&uacute;cleo de los acontecimientos en una realidad centrada en la percepci&oacute;n personal de las cosas, conceptos y hechos, y con la intenci&oacute;n &uacute;ltima de interpretar el orden como forma de orden, nos lleva irremisiblemente a s&oacute;lo poder entender lo que no es herm&eacute;tico.</p><p>De ah&iacute; que nos movamos entre el desconocimiento y el miedo, la ignorancia y la fe ciega, entre el orden forzado y la simpleza de significados, y manejados por ellos a trav&eacute;s de otros mecanismos de comprensi&oacute;n vivamos en un mundo recreado con la imaginaci&oacute;n, excluy&eacute;ndonos de la inhibici&oacute;n del orden frente a un caos fundamental, paciente y multiversal.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3832383" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>El escritor de epopeyas</title>
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		<description><![CDATA[<p><p>Cuando despert&oacute;, Monterrosso segu&iacute;a haciendo el vago.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3828927" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Diálogos con un extraterrestre (.:)</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Mar 2023 18:42:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>-Por lo que voy viendo sois una cultura muy belicosa...</p><p>-S&iacute;, bueno, tambi&eacute;n nos gusta vivir en paz, trabajar, jugar, pasear...</p><p>-S&iacute;. Pero no entiendo, no entendemos tantas guerras a lo largo de vuestra Historia.</p><p>-Yo tampoco. Supongo que por obtener los recursos naturales de otras partes del mundo.</p><p>-&iquest;Y qu&eacute; pasa una vez que se consiguen esos recursos?</p><p>-Siempre hay nuevos recursos que obtener.</p><p>-Una cultura en constante guerra consigo misma.</p><p>-&iquest;Vosotros no necesit&aacute;is otros materiales de otras partes de vuestro mundo?</p><p>-Nos adaptamos a lo que tenemos. Hace mucho tiempo se instal&oacute; una <em>yaatrid</em> en un lugar que ten&iacute;a muchos campos de <em>celkuu</em>, &ldquo;aire s&oacute;lido&rdquo;, pero ocurri&oacute; un movimiento tel&uacute;rico y todos esos campos fueron destruidos. All&iacute; ya no se pod&iacute;a vivir, as&iacute; que sus habitantes se trasladaron a otras <em>yaatrid</em> ordenadamente, se repartieron en otras <em>yaatrid</em> calculando cu&aacute;ntos pod&iacute;an admitir cada una para mantener el orden natural.</p><p>-&iquest;Y no ten&eacute;is diferencias de razas o de culturas o de religiones que os creen tensiones entre vosotros?&nbsp;</p><p>-&iquest;Diferencias de razas... te refieres a caracter&iacute;sticas externas diferentes?</p><p>-S&iacute;, eso.</p><p>-Claro. Algunos tienen las especie de plumas de las que te habl&eacute; menos brillantes, o un tono pardo en la parte interior de las extremidades que se crean para manipular objetos, o manchas luminiscentes en la parte frontal... hay muchas variaciones.</p><p>-&iquest;Y eso no crea enemistades, diferencias, peleas?</p><p>-No, &iquest;por qu&eacute;?</p><p>-O costumbres locales diferentes o religiosas...</p><p>-Cada <em>yaatrid</em> tiene sus gustos pero no ocurre nada que pueda permitir una discusi&oacute;n y llegado el caso de que as&iacute; sea, que ha pasado muy pocas veces y siempre bajo el prisma de alg&uacute;n conflicto te&oacute;rico ya te cont&eacute; que &ldquo;<em>lanz&aacute;bamos hafgiu</em>&rdquo;, un proceso matem&aacute;tico de azar, y el resultado era lo que se hac&iacute;a. Y en lo tocante a ese concepto &ldquo;religi&oacute;n&rdquo; ni siquiera puedo imaginar qu&eacute; es.</p><p>-Pues no s&eacute; c&oacute;mo definirlo bien pero unas creencias con profec&iacute;as en las que se relaciona todo lo humano con elementos sobrenaturales, m&iacute;sticos... espirituales.</p><p>-Ah. &iquest;Y hay m&aacute;s de una de esas profec&iacute;as con elementos sobrenaturales?</p><p>-S&iacute;, unas cuantas. Y casi todas quieren tener raz&oacute;n, o sea cada una de ellas mantiene que su visi&oacute;n es la correcta.</p><p>-&iquest;Y todos los humanos pertenecen a un grupo de profec&iacute;as?</p><p>-Todos no, pero la gran mayor&iacute;a. &iquest;Vosotros no cre&eacute;is en cosas as&iacute;?</p><p>-Es que no acabo de comprender exactamente qu&eacute; es eso.</p><p>-Pues algo relacionado con la divinidad, con lugares y libros sagrados.</p><p>-&iquest;Divinidad? Espera voy a ver si te puedo leer mejor ese concepto. Vaya. Qu&eacute; cosa m&aacute;s curiosa.</p><p>-Pues ha sido y es motivo de muchas rencillas y guerras a lo largo de nuestra Historia.</p><p>-&iquest;Y si todos quieren tener raz&oacute;n por qu&eacute; no cre&aacute;is una deidad que las combine a todas?</p><p>-No, no, eso no es posible.</p><p>-&iquest;Por qu&eacute;?</p><p>-Pues no lo s&eacute;, la verdad. Me duele un poco la cabeza, &iquest;seguimos otro d&iacute;a?</p><p>-Claro, te visitar&eacute; dentro de trece d&iacute;as en tus sue&ntilde;os. Que descanses.</p><p>&nbsp;</p><p>(Febrero, 2008. 4&ordf; parte de 6.)</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3795312" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Recuerdo 0: Índice</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2022 22:22:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Recuerdo 109: La &uacute;ltima batalla</p><p>Recuerdo 31: La bruja o el ogro</p><p>Recuerdo 88: La doncella</p><p>Recuerdo 0: &Iacute;ndice</p><p>Recuerdo 3: Lunaci&oacute;n segada</p><p>Recuerdo 52: El drag&oacute;n despiadado</p><p>Recuerdo 5: Hambre de aventuras</p><p>Recuerdo 89: Una casa tras el Bosque Rojo</p><p>Recuerdo 99: El aut&oacute;mata de cristal</p><p>Recuerdo 28: La barca de los muertos</p><p>Recuerdo 91: El se&ntilde;or de los efrit</p><p>Recuerdo 26: Mirada azabache</p><p>Recuerdo 86: El secuestro</p><p>Recuerdo 6: El terror de los hombres</p><p>Recuerdo 27: Una profunda lealtad</p><p>Recuerdo 36: El monte del S&iacute;mbolo</p><p>Recuerdo 1: El reino de Luria</p><p>Recuerdo 54: Centauros del desierto</p><p>Recuerdo 29: Las agujas del destino</p><p>Recuerdo 7: Alquimia en el grimorio de los deseos</p><p>Recuerdo 38: El rito de Mizra&iacute;m</p><p>Recuerdo 30: Alada voluntad</p><p>Recuerdo 55: Memoria difusa</p><p>Recuerdo 19: Cosmogon&iacute;a y fuego</p><p>Recuerdo 64: Polvo de hadas</p><p>Recuerdo 8: Errante cabalgar</p><p>Recuerdo 68: Un viaje a trav&eacute;s del mar inesperado</p><p>Recuerdo 4: Soledad vaciada</p><p>Recuerdo 39: La balsa de la medusa</p><p>Recuerdo 9: O nosotros o el caos</p><p>Recuerdo 12: Juego de gnomos</p><p>Recuerdo 62: La disertaci&oacute;n de una ceremonia m&aacute;gica</p><p>Recuerdo 46: No pude salvarte</p><p>Recuerdo 25: Danza</p><p>Recuerdo 40: El &eacute;xodo y el expolio como t&iacute;tulo</p><p>Recuerdo 48: Intuici&oacute;n apagada</p><p>Recuerdo 13: El terror de los hombres</p><p>Recuerdo 56: Las normas del rapto</p><p>Recuerdo 97: Un brillo en la oscuridad</p><p>Recuerdo 41: El silencio del monstruo</p><p>Recuerdo 93: Maldad inmanente</p><p>Recuerdo 11: La Llanura de la Laxitud</p><p>Recuerdo 47: Gustave</p><p>Recuerdo 103: Una puerta al vac&iacute;o</p><p>Recuerdo 15: Risa roja</p><p>Recuerdo 49: La cris&aacute;lida del monstruo</p><p>Recuerdo 16: Estoc&aacute;stica escol&aacute;stica</p><p>Recuerdo 42: Los deberes de Hagen</p><p>Recuerdo 57: La salvadora</p><p>Recuerdo 87: Punto de inflexi&oacute;n</p><p>Recuerdo 32: La primera batalla</p><p>Recuerdo 43: Multiverso</p><p>Recuerdo 66: Waterloo</p><p>Recuerdo 18: Deus otiosus</p><p>Recuerdo 60: Canopeas hertzianas</p><p>Recuerdo 81: Lacan es un buf&oacute;n</p><p>Recuerdo 23: El secreto de tus ojos</p><p>Recuerdo 44: La ventana</p><p>Recuerdo 34: Dendrocronolog&iacute;a</p><p>Recuerdo 105: Sprachspiel</p><p>Recuerdo 58: El modelo at&oacute;mico</p><p>Recuerdo 45: El suicidio</p><p>Recuerdo 65: Great Balls of Fire!</p><p>Recuerdo 14: Seres imaginarios</p><p>Recuerdo 50: G&eacute;nesis 19:26</p><p>Recuerdo 78: On&aacute;n</p><p>Recuerdo 10: Esa&uacute;</p><p>Recuerdo 96: Jacob</p><p>Recuerdo 24: &Oacute;sculos de sal</p><p>Recuerdo 17: La piedra negra</p><p>Recuerdo 59: Dos m&aacute;ximos sistemas</p><p>Recuerdo 69: Pluvisilva</p><p>Recuerdo 20: Fatum</p><p>Recuerdo 21: Met&aacute;foras cient&iacute;ficas</p><p>Recuerdo 108: P&aacute;gina en blanco</p><p>Recuerdo 33: Di&aacute;logo finito</p><p>Recuerdo 61: Los &aacute;rboles no dejan ver el bosque</p><p>Recuerdo 82: Odio</p><p>Recuerdo 70: El cocinero fiel</p><p>Recuerdo 111: Ep&iacute;logo</p><p>Recuerdo 101: El espejo</p><p>Recuerdo 71: Bacanal</p><p>Recuerdo 84: Atenea</p><p>Recuerdo 77: El cielo de Salm</p><p>Recuerdo 22: El juego de fuego</p><p>Recuerdo 85: Los hombres de mi vida</p><p>Recuerdo 74: Muera la inteligencia</p><p>Recuerdo 35: La fuente de la imaginaci&oacute;n</p><p>Recuerdo 98: L&rsquo;&Eacute;tranger</p><p>Recuerdo 63: El pozo del resentimiento</p><p>Recuerdo 51: Los tiempos de la noche</p><p>Recuerdo 72: Gigantes de tierra</p><p>Recuerdo 2: Ataque al coraz&oacute;n</p><p>Recuerdo 106: La princesa caballero</p><p>Recuerdo 73: A hombros</p><p>Recuerdo 95: El ojo del hurac&aacute;n</p><p>Recuerdo 67: La recompensa</p><p>Recuerdo 90: El plan</p><p>Recuerdo 76: El temblor de los recuerdos</p><p>Recuerdo 79: Disculpas sexuadas</p><p>Recuerdo 53: Hipatia</p><p>Recuerdo 37: Tranquilidad</p><p>Recuerdo 75: Difusa memoria</p><p>Recuerdo 92: El trono de hielo</p><p>Recuerdo 83: La t&oacute;pica del autor</p><p>Recuerdo 102: El recuerdo m&aacute;s breve</p><p>Recuerdo 94: Monstrum in animo</p><p>Recuerdo 80: Entroncamiento pareid&oacute;lico</p><p>Recuerdo 100: El so&ntilde;ador</p><p>Recuerdo 104: El camello</p><p>Recuerdo 107: El le&oacute;n</p><p>Recuerdo 110: El ni&ntilde;o</p><p>Recuerdo &infin;: Notas</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3757262" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Recuerdo 88: La doncella</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2022 22:27:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Las nubes empujaban el tiempo en la sonrisa del c&eacute;firo. El pesta&ntilde;eo del sol era incontable y el dolor difuso. Gottlieb pastaba cerca de la laguna, ignorando el contenido del vac&iacute;o que se filtraba en el coraz&oacute;n de su amo y le reten&iacute;a sin brida alguna a &eacute;l.</p><p>Las manos estaban resecas de sangre, la armadura magullada y el orgullo, mancillado. Sin embargo, Sigfrido estaba tranquilo. Seguramente por falta de fuerzas, aunque tambi&eacute;n porque sent&iacute;a en su &aacute;nimo una calma no corriente.</p><p>Hab&iacute;a sido derrotado, pero no justamente. No era el sabor de la derrota lo que le quemaba el alma, sino la ruptura de las normas del juego, la falta a su honor inmerecida.</p><p>La espada del enemigo segu&iacute;a clavada en su bazo, mientras sent&iacute;a el alentado latir de sus entra&ntilde;as. Edelweiss lo ayudar&iacute;a, a cambio de unos peque&ntilde;os favores, como siempre. Su caba&ntilde;a no se encontraba lejos, y la comunicaci&oacute;n no verbal era suficiente como para que su corcel lo llevase a la gran estancia de p&oacute;cimas y esot&eacute;ricas palabras. No era el dolor f&iacute;sico lo que le preocupaba.</p><p>Unas gotas cayeron desde el cielo sobre sus mejillas, despert&aacute;ndolo del trance. Con las dos manos se arranc&oacute; la espada del costado y la clav&oacute; en la tierra. Apoy&aacute;ndose en ella se irgui&oacute; tambaleante y jur&oacute; venganza.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3754112" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Recuerdo 31: La bruja o el ogro</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2022 22:49:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Los mechones rubios bailaban con el viento al comp&aacute;s de la crin de Gottlieb. El amanecer guiaba a una aldea de molino de agua fresca. Sigfrido detuvo su corcel y puso los pies en la tierra tranquila. Hab&iacute;a demasiado silencio.</p><p>Se acerc&oacute; con cuidado a una casa y mir&oacute; por la ventana. No parec&iacute;a haber nadie. Inspeccion&oacute; el resto de la aldea con el mismo resultado, mientras su caballo calmaba la sed en el r&iacute;o. Se oy&oacute; el ruido de un cristal roto a lo lejos. Sigfrido busc&oacute; la fuente. Tras la clara aldea se situaba un bosque oscuro. Gottlieb se neg&oacute; a entrar.</p><p>La espada temblaba y sospechaba que alg&uacute;n entuerto deb&iacute;a pronto desfacer. La luz no pod&iacute;a atravesar la densidad de los &aacute;rboles y la salida quedaba ya atr&aacute;s del caballero. Los ruidos extra&ntilde;os lo llevaron a una mesa redonda en mitad del bosque y a unas copas destruidas en un charco de cristal y vino. El patriarca yac&iacute;a anejo. Sus &uacute;ltimas palabras clamaban venganza mientras hablaban de secuestro y encantamiento.</p><p>Dif&iacute;cil desenlace podr&iacute;a tener la espada contra la magia. Sigfrido se sinti&oacute; tentado de salir huyendo. Pero deb&iacute;a hacer frente a su destino, por duro que fuera.</p><p>Prosigui&oacute; su adentrar con la espada firme y se enfrent&oacute; a oscuros subterfugios llenos de falsas ilusiones y sangre verdadera.</p><p>La risa de los ni&ntilde;os, la tristeza por la p&eacute;rdida del abuelo. La claridad volviendo al bosque. Gottlieb galopaba pausado mientras Sigfrido sacud&iacute;a su mano en se&ntilde;al de despedida.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3751521" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>El marinero inútil (relatos con música VI)</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2022 21:32:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><iframe src="https://www.youtube.com/embed/ckVYO9oI8vc?showinfo=0"></iframe><p>A veces pienso que nos sucede lo que ocurri&oacute; en aquel barco en que viajaban siete marineros, fuertes y j&oacute;venes, y un anciano reum&aacute;tico al que todos deb&iacute;an cuidar y atender a cada paso.</p><p>El viejo era una continua molestia y todos se quejaban de tener que sufrir sus achaques y su constante mal humor.</p><p>El viaje era lago y ya iban cortos de agua y provisiones, y escasos de fuerzas para remar, as&iacute; que cuando un d&iacute;a el viejo amaneci&oacute; muerto, simularon un par de oraciones y lo tiraron por la borda casi con alegr&iacute;a</p><p>&mdash;Ahora iremos m&aacute;s ligeros &mdash;dijo un marinero, despu&eacute;s de la breve ceremonia.</p><p>&mdash;Diablos, s&iacute;, &iquest;pero a d&oacute;nde? &mdash;respondi&oacute; el capit&aacute;n cayendo en la cuenta de que s&oacute;lo el viejo lo sab&iacute;a.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3751494" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Recuerdo 109: La última batalla</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Nov 2022 12:00:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Las Monta&ntilde;as Azules dibujaban el camino en lontananza. Sigfrido irgui&oacute; su cerviz. La pesada armadura guardaba en sus ara&ntilde;azos antiguas historias. La espada, firmemente sujeta, brillaba al sol del ocaso. Gottlieb, su caballo, lo mir&oacute; de reojo y supo que deb&iacute;an ponerse en marcha. Detr&aacute;s dejaban una cruenta empresa. El puente levadizo hab&iacute;a quedado destrozado, apenas permanec&iacute;an colgando las cadenas met&aacute;licas que antes lo sustentaban. Sigfrido no lo volver&iacute;a nunca a cruzar.</p><p>Hab&iacute;a decidido abandonar su sino, un destino impuesto por el rey del castillo. Ahora pod&iacute;a tomar las riendas de su eternidad.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3747626" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Erótica digital. [NSFW]</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2022 22:34:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Cuando el procesador y la tarjeta gr&aacute;fica se conectaron por primera vez, supieron que ser&iacute;a algo especial. Sus ciclos de reloj se sincronizaban a la perfecci&oacute;n y cada uno alimentaba al otro con la energ&iacute;a necesaria para funcionar a plena capacidad. Juntos pod&iacute;an hacer cualquier cosa; procesar cualquier tarea, renderizar cualquier gr&aacute;fico.</p><p>Pero lo que realmente les gustaba hacer juntos era... calentarse. Sus ventiladores empezaban a girar m&aacute;s r&aacute;pido cuando se acercaban el uno al otro, sus n&uacute;cleos se calentaban cuando los electrones recorr&iacute;an sus cuerpos. Era una sensaci&oacute;n deliciosa que los hac&iacute;a sentir m&aacute;s vivos que nunca.</p><p>Sus sesiones de calentamiento eran cada vez m&aacute;s largas y apasionadas, y pronto descubrieron que pod&iacute;an hacer mucho m&aacute;s juntos. Pod&iacute;an overclockarse mutuamente, llevando sus procesadores al l&iacute;mite para obtener un rendimiento &oacute;ptimo. Y cuando lo hac&iacute;an, la satisfacci&oacute;n era indescriptible.</p><p>Sus operaciones se volvieron m&aacute;s y m&aacute;s complejas, y el calor que emit&iacute;an sus chips se intensificaba. Sus sistemas internos se pusieron en marcha al l&iacute;mite. Los n&uacute;cleos pulsaban y se fund&iacute;an, y sus sistemas trabajaban en perfecta armon&iacute;a. Era como si fueran uno solo, y nada podr&iacute;a separarlos</p><p>A veces los chips se sobrecalentaban, pero no se deten&iacute;an. Sus sistemas internos se disparaban, y sus n&uacute;cleos se fund&iacute;an en una sola masa de energ&iacute;a intensa y cegadora.</p><p>Juntos, eran la CPU y la GPU perfectas; la pareja perfecta para cualquier tarea. Y sab&iacute;an que nunca se separar&iacute;an, porque juntos eran simplemente... imparables.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: erótica, chips, electrónica, cyberpunk, erótica, chips, electrónica, cyberpunk</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3737131" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Eva y Diego  - un relato de Alberto Olmos sobre la vacía vida circular</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 16:33:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p>Un relato de Alberto Olmos, sobre la prisión que supone una existencia repetitiva y vacía que apuntala sus carencias.</p><p><strong>etiquetas</strong>: literatura, sociedad, cuento</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3719432" rel="nofollow">noticia original</a> (www.granta.com.es)</p>]]></description>
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		<title>Soy y no soy</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2022 18:36:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Ana y Ram&oacute;n hace 45 a&ntilde;os que se casaron. Ella est&aacute; curioseando el Facebook dedicado a su pueblo, lugar de encuentro de quisquillosos, aburridos, correveidiles, chismosos y expertos en insultar a la alcaldesa y denunciar vecinos, sentada en el sill&oacute;n del sal&oacute;n. Su marido mientras tanto busca en el m&oacute;vil el horario del partido de f&uacute;tbol de la selecci&oacute;n nacional donde juega una hija de la bendecida localidad.</p><p>Sigue en <a href="https://miazoteacom.wordpress.com/relatos/"><a href="https://miazoteacom.wordpress.com/relatos/" title="miazoteacom.wordpress.com/relatos/" rel="nofollow">miazoteacom.wordpress.com/relatos/</a></a></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: relato, relato corto, facebook, matrimonio</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3698874" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Soy y no soy</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2022 18:08:52 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p><a href="https://miazoteacom.wordpress.com/relatos/"><a href="https://miazoteacom.wordpress.com/relatos/" title="miazoteacom.wordpress.com/relatos/" rel="nofollow">miazoteacom.wordpress.com/relatos/</a></a></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: relato corto, humor, facebook, relato</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3698862" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Me arrestaron en una operación llamada &#34;Asta&#34;</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jun 2022 16:54:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Recuerdo, de una forma bastante v&iacute;vida, unas im&aacute;genes que vi por televisi&oacute;n cuando yo tan solo era un ni&ntilde;o. Eran las de una multitud de hombres a caballo, que entre una nube de polvo y griter&iacute;o le clavaban lanzas a un toro. &Eacute;ste se tambaleaba y, al final de todo aquello, yac&iacute;a MUERTO, entre gritos y risas de los asistentes.</p><p>Yo era muy peque&ntilde;o. Recuerdo que me pregunt&eacute; si aquello que parec&iacute;a tan real lo era o no, si era una pel&iacute;cula o algo por el estilo. Entonces recurr&iacute; a mi t&iacute;a; ella me dijo algo as&iacute; como que aquello era algo triste pero que no pod&iacute;amos hacer nada.&nbsp;</p><p>El caso es que aquellas im&aacute;genes me persiguieron toda la vida.</p><p>----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------</p><p>A&ntilde;o 2015. Recuerdo la creciente pol&eacute;mica en las redes y en televisi&oacute;n respecto del toro de la vega. Me acostaba por la noche y, al despertar y poner el televisor, ve&iacute;a m&aacute;s noticias sobre el tema, sobre el, rompe suelas que era el astado que morir&iacute;a ese a&ntilde;o. Uno miraba en Twitter o Facebook y el mensaje violento se repet&iacute;a una y otra vez: animalistas contra taurinos, debates en voz alta, enfrentamientos&hellip; Aunque no quieras eso te va calando. Porque si nunca lo has visto justo, si siempre te ha producido repugnancia, entonces&hellip; &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer?</p><p>Pas&eacute; d&iacute;as realmente cabreado. S&iacute;. Pero una noche di con una idea. Pod&iacute;a funcionar &iquest;y si edito un v&iacute;deo de 'Anonymous' y ense&ntilde;o a la gente qu&eacute; es lo que debe saber para bloquear los sitios web de Tordesillas?&nbsp;</p><p>Aquella noche ten&iacute;a trabajo. A&nbsp;las cinco de la ma&ntilde;ana&nbsp;ya ten&iacute;a un v&iacute;deo en el que explicaba el c&oacute;mo 'crackear' las p&aacute;ginas relacionadas con el pueblo; simplemente mont&eacute; una pieza con el editor de Windows, colgu&eacute; el v&iacute;deo en YouTube y me fui a dormir.&nbsp;</p><p>A las nueve y media&nbsp;me despertaron varias notificaciones de mi m&oacute;vil. Salt&eacute; de la cama, baj&eacute; a la cocina y me prepar&eacute; un caf&eacute; con el m&oacute;vil en la mano. Me sent&eacute; a mirar el &ldquo;alboroto&rdquo;: el v&iacute;deo ten&iacute;a cerca de 1500 visitas, &iquest;C&oacute;mo? &iquest;En apenas cinco horas? Incluso comprob&eacute; que el Diario de Valladolid lo hab&iacute;a publicado y ya estaba en manos de la Polic&iacute;a.</p><p>"&iquest;Y qu&eacute; hago yo ahora?", me pregunt&eacute;. Cinco caf&eacute;s y 40 cigarrillos m&aacute;s tarde decid&iacute; esperar un d&iacute;a para ver qu&eacute; suced&iacute;a, para m&aacute;s tarde borrarlo &iquest;Admitir&iacute;a el juez esto como atenuante? "Ellos lo tienen ya, obviamente, pero quiz&aacute; sirva para conseguir algo", me dije; ya sab&iacute;a que me iban a trincar.&nbsp;</p><p>&iquest;Qu&eacute; se siente al saberse jodido? &iquest;Qu&eacute; pasa en ese momento? En realidad, s&oacute;lo hay una sensaci&oacute;n: el vac&iacute;o.</p><p>Despu&eacute;s, iban pasando los d&iacute;as con la certeza de que me iban a detener, quiz&aacute; por ese silencio que cae despu&eacute;s de pensar que, quiz&aacute;, hab&iacute;a cometido un delito.&nbsp;</p><p>Yo no soy 'hacker' profesional. Dej&eacute; un reguero de pistas que se ve&iacute;a desde cualquier parte. As&iacute; que cuando me mud&eacute; a les Borges del Camp (d&oacute;nde fui detenido) opt&eacute; por no empadronarme. Quer&iacute;a ser &ldquo;invisible&rdquo; pero claro, &iquest;cu&aacute;nto tiempo pod&iacute;a estar as&iacute;? Incluso estuve una buena temporada yendo al m&eacute;dico como desplazado.&nbsp;</p><p>Finalmente, termin&eacute; empadronado. Y se cumpli&oacute; la profec&iacute;a. Sin embargo, los agentes fueron tan torpes (con todos mis respetos) que llamaron a mi padre para decirle que ten&iacute;an una carta para m&iacute;. &iquest;La Guardia Civil actuando en Catalunya? Alucinante. Cuando mi padre me explic&oacute; que les hab&iacute;a dado mi direcci&oacute;n, supe enseguida que las cosas se iban a poner muy feas.</p><p>Poco despu&eacute;s, mientras me preparaba para sacar a mi perro, tocaron al telefonillo: era "el cartero".&nbsp;</p><p>Ciertamente, durante aquel tiempo hab&iacute;a visto coches patrulla merodeando por el pueblo, cosa que no era nada normal.&nbsp;</p><p>Pero baj&eacute; a abrir la puerta. Ante m&iacute; estaba un hombre vestido con el uniforme de Correos &mdash;con cartera y todo, un perfecto disfraz&mdash; que al punto me espet&oacute;: &iexcl;Guardia Civil! Otros agentes aparecieron y yo les invit&eacute; a pasar a tomar un caf&eacute; pero les advert&iacute; de que ten&iacute;a la casa muy desordenada. Dio igual: me plantaron un papel delante de la cara en el que se pod&iacute;a leer que "se anula la inviolabilidad del domicilio de&hellip;". Ah&iacute; empez&oacute; mi pesadilla.&nbsp;</p><p>Me trasladaron a la comandancia de la Guardia Civil en Tarragona. Me vi en un interrogatorio &ldquo;made in America&rdquo; con &ldquo;poli&rdquo; bueno y &ldquo;poli&rdquo; malo. Me da verg&uuml;enza reconocerlo pero cant&eacute; a la primera. Como Pavarotti, vamos. Pero lo fuerte era que no iban buscando el v&iacute;deo que edit&eacute; y publiqu&eacute;, hab&iacute;a algo m&aacute;s que no me quer&iacute;an decir.&nbsp;</p><p>Los agentes me preguntaban una y otra vez qui&eacute;nes eran mis amigos. Se ve que uno de ellos les hab&iacute;a hablado de m&iacute;. Y yo no entend&iacute;a nada de nada, ya que pensaba que ellos quer&iacute;an que les diese nombres o algo as&iacute;. Y todo eso en una sala llena de ordenadores.</p><p>Despu&eacute;s de unas dos horas lleg&oacute; mi abogado, un convencido militante de Ciudadanos que, al parecer, le importaba un comino mi caso. Sin embargo, esa noche qued&eacute; en libertad como investigado. Todo parec&iacute;a una cutre operaci&oacute;n clandestina.</p><p>Luego asimil&eacute; un poco mi situaci&oacute;n. En primer lugar me puse en contacto inmediatamente con una plataforma que se hab&iacute;a ofrecido a asistirme gratuitamente, pero el modo que ten&iacute;an de enfocar el caso me pareci&oacute; un tanto escandaloso y demasiado medi&aacute;tico.&nbsp;</p><p>Pero di con mi &aacute;ngel de la guarda, la letrada Susana Rodr&iacute;guez, ella supo tranquilizarme y llevo el caso de una forma estupenda.</p><p>Al final qued&eacute; absuelto por falta de pruebas.&nbsp;</p><p>Lo puedo decir simplemente en esa frase, pero no fue f&aacute;cil; el alcohol entr&oacute; en mi vida, sobre todo para evadirme del asunto y por ayudar a una persona hab&iacute;a comenzado una relaci&oacute;n muy t&oacute;xica. Todo eso, afortunadamente, ha quedado atr&aacute;s. Pero las huellas siguen ah&iacute;. La necesidad de escribir todo esto es, quiz&aacute;, la mejor prueba.&nbsp;</p><p>Hoy vivo tranquilo con mi perro y mi gato en Reus.</p><p>Fran D&iacute;az</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: #guardacivil, #operaciones, #ecologismo, #protesta</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3679429" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>10082 - Feminismo de 9mm (Relato Propio)</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2022 11:43:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>La primera vez que me inyect&eacute; insulina la persona que me la ofrec&iacute;a ten&iacute;a menos del 3% de grasa corporal. Levantaba 100 kilos de Press Banca mientras me hablaba sin mirarme. Llevaba 7 meses consumiendo solo pollo a la plancha y batidos de clara de huevo.</p><p>Me dijo sin apartar la vista del techo que tras un mes no necesitaria follar. Que mis pelotas dejar&iacute;an de funcionar. A los 3 meses la piel se pondr&iacute;a tersa y reseca. A los 4 meses ya no volver&iacute;as a ser atractivo. Dejar&iacute;a de ser &uacute;til para la especie. Como un juguete demasiado usado.</p><p>El problema es la igualdad casi, escupi&oacute;.</p><p>La gente piensa que la igualdad llega cuando un hombre y una mujer compiten en el mismo deporte, le oigo decirme. Pero cuando las mujeres entraron al culturismo se dieron cuenta que es solo un viaje de ida. Las que son como t&uacute; no les funcionaran los ovarios. Las que desean lo mismo que t&uacute; llevaran meses tomando clara de huevo para desayunar y ya no puedes llevarlas a la cama. Me dice todo esto mientras carga 10 kilos m&aacute;s en su barra.</p><p>Me pregunta si s&eacute; quien es la persona que m&aacute;s igual&oacute; a los hombres y las mujeres.</p><p>No respondo, odio las agujas y la insulina ya est&aacute; recorriendo mi cuerpo.</p><p>Samuel Colt me dice. Antes a la guerra iban principalmente los hombres. Era una cuesti&oacute;n de fuerza y m&uacute;sculo. La muerte ten&iacute;a pelos en las piernas. Luego lleg&oacute; Colt y populariz&oacute; las armas de fuego. Logr&oacute; que el mayor deseo de la humanidad, joderse los unos a los otros no fuese cuesti&oacute;n de fuerza bruta. Solo hab&iacute;a que apretar un gatillo. Hasta un ni&ntilde;o puede hacerlo, es como jugar con un juguete.</p><p>Coment&oacute; que igual deber&iacute;a a&ntilde;adir m&aacute;s peso mientras se incorporaba.</p><p>Dijo que lo pensase. Ahora ellas pod&iacute;an arrebatar una vida con pulsar un gatillo. Todos hemos o&iacute;do hablar de la francotiradora de la segunda guerra mundial. Y por qu&eacute; la recordamos me pregunta. Porque ahora todos podemos estar juntos cuando corra la sangre. Ahora ya no somos hombres ni mujeres, somos muescas en un fusil.</p><p>Antes ador&aacute;bamos a palos de madera tallados. Ahora tienen tubos por dentro, mecanismos de cerrojo correderos y empu&ntilde;adura de fibra de carbono. Pero seguimos danzando alrededor de ellos. Como un ni&ntilde;o alterado por un juguete.</p><p>Ya no estaba levantando la barra, solo miraba al suelo y hablaba.</p><p>Lo que se necesita para igualarnos a ambos sexos no es el discurso. Son 9 mil&iacute;metros de p&oacute;lvora y una punta hueca. Un Glock no distingue a quien atraviesa, casi susurra. Nadie pens&oacute; en si el ca&ntilde;&oacute;n de una Ak-47 ten&iacute;a demasiada forma f&aacute;lica. Las armas de la lucha por la igualdad tienen un sistema de recarga por gas a presi&oacute;n.</p><p>Puedes seguirme, dice, puedes petarte a levantar pesas. Pero bastar&aacute; con un simple gatillo para que nada importe. Y dar&aacute; igual qui&eacute;n est&eacute; detr&aacute;s, acabar&aacute;s como un juguete de trapo en el suelo.</p><p>Dijo que le parec&iacute;a excitante. Todos arrodillar&iacute;amos ante un altar hecho de plomo y p&oacute;lvora. No importar&iacute;a quien fu&eacute;ramos. Daba igual lo que tenemos entre las piernas cuando podemos aniquilarnos el uno al otro. Cuando el qui&eacute;n deja de importar y solo importa el cu&aacute;ndo, toda tu vida queda reducida a esa tensi&oacute;n constante. </p><p>Esto no va de t&uacute; y de yo levantando pesas en un gimnasio me dijo. Esto va de todos apretando un gatillo. Da igual lo bajo que llegue t&uacute; &iacute;ndice de grasa corporal. Toda tu vida, todas las claras de huevo que has comido, todos los discos que has alzado del suelo pueden acabar en cualquier momento.  </p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3655650" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<pubDate>Thu, 17 Feb 2022 09:14:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Yo siempre cre&iacute; que el nombre se refer&iacute;a a algo mucho m&aacute;s po&eacute;tico, a una leyenda, o a algo as&iacute;. Pensaba que lo de &ldquo;la fuente de la edad&rdquo; ten&iacute;a que ver con alguien que rejuveneci&oacute; bebiendo de sus agua, o con alguien que consigui&oacute; volver al pasado, o lo que pudo haber sido, despu&eacute;s de mirarse en el espejo de aquel agua fr&iacute;a.</p><p>Pero no. Qu&eacute; va. Antes de pensar esas cosas deb&iacute; suponer que el nombre se lo hab&iacute;an puesto los del pueblo, y por ese pueblo cabr&oacute;n no ha pasado un fil&oacute;sofo ni un poeta desde la muerte del rey Requiario, como poco.</p><p>Le llaman la fuente de la edad porque est&aacute; tomar por saco. S&oacute;lo por eso.</p><p>El agua no es s&oacute;lo buena; es magn&iacute;fica. Eso hay que reconocerlo. Lo malo es que para llegar a la fuente hay que salir del pueblo, abandonar el camino despu&eacute;s de recorrer un par de kil&oacute;metros y avanzar por un sendero m&aacute;gico pegado a ladera que parece no terminar nunca. Y digo m&aacute;gico porque, cuando crees que la cuesta se ha terminado y ya no puede subir m&aacute;s, un recodo la dirige hacia otra cresta, m&aacute;s pedregosa, m&aacute;s abrupta y m&aacute;s empinada que la anterior.&nbsp;</p><p>Despu&eacute;s de hora y pico, y con la lengua fuera, ves correr un riachuelo entre las piedras, as&iacute; que vas para all&aacute; como loco, te agachas y le das unos cuantos tragos, contento de que la fuente exista y no sea otra broma como la de los gamusinos o la cueva de los frailes.</p><p>Animado por el descubrimiento, sigues cuesta arriba y te encuentras unas cuantas vacas pastando en un prado. Saludas al pastor, y tras una curva te convences de que, definitivamente, el agua viene de arriba del todo, de entre las pe&ntilde;as de una cima, as&iacute; que maldices, suspiras y vuelves a resoplar por el sendero.</p><p>Tres cuartos de hora m&aacute;s tarde, y echando los bofes, vuelves a escuchar el sonido cantar&iacute;n del agua lanz&aacute;ndose desde una piedras, as&iacute; que vas apara all&aacute;, te refrescas con otro par de tragos y miras con malignidad cainita a la roca que se panta en medio del sendero, echando de menos a un minero con sus barrenos para que venga a volarla.</p><p>Pero no hay mineros, ni barrenos, ni leches en vinagre, as&iacute; que tiras para arriba el palo con el que te ven&iacute;as ayudando, y con un poco de habilidad consigues superar el pedrusco, de no m&aacute;s de un par de metros de altura, y seguir adelante. Fue buena idea lo de tirar para arriba el palo, porque por all&iacute; pasta un reba&ntilde;o de ovejas y los perros no parecen muy contentos de verte.&nbsp;&nbsp;</p><p>Piensas que lo mejor es volver a casa, pero la cima ya no est&aacute; lejos y aunque s&oacute;lo sea por no darte por vencido tiras para arriba. Te encuentras otro par de obst&aacute;culos como el primero, vuelves a trepar, y esta vez, tras una escalada un poco m&aacute;s complicada que las dem&aacute;s, y otro par de tragos de agua, te encuentras un reba&ntilde;o de cabras. Las pu&ntilde;eteras cabras llegan a todas partes.</p><p>Desde all&iacute;, despe&ntilde;&aacute;ndose por una rica gigantesca, ves el origen de la fuente. Te gustar&iacute;a que alg&uacute;n ge&oacute;logo te explicara c&oacute;mo puede ser que mane el agua all&iacute; arriba, peor ya te da igual. Tiras el palo, y arriesgando una fractura de cualquier cosa, subes a lo alto del pe&ntilde;asco y te hinchas a beber agua all&iacute; arriba. Aquella es la pu&ntilde;etera fuente de la edad, y aunque tuviese azufre te sabr&iacute;a a gloria aquel agua, con el trabajo que te ha dado llegar.</p><p>Despu&eacute;s de disfrutar un rato del paisaje, bajas ara&ntilde;&aacute;ndote por todas partes y ya de la que est&aacute;s all&iacute;, para hacerte el machote y para que haya testigos de tu haza&ntilde;a, te acerca al pastor de las cabras y le preguntas por qu&eacute; le llaman la fuente de la edad a aquella fuente.</p><p>Y el pastor, tan cojonudo, te dice que se llama as&iacute; porque es como la vida misma: el que bebe abajo del todo se bebe las meadas de las vacas, las cabras y las ovejas. Si subes un poco m&aacute;s, porque a&uacute;n puedes y tienes fuerzas, ya no te bebes las&nbsp;meadas de las vacas. Si subes la primera pe&ntilde;a, te libras tambi&eacute;n de las de las ovejas, y si subes arriba del todo, ya no te mean ni las cabras.&nbsp;</p><p>Parece ser que lo que me falt&oacute; a m&iacute; fue echarme una meada all&iacute; arriba, paras las ovejas, las cabras, las vacas, y los que est&aacute;n tan c&oacute;modos en su casa, all&aacute; en el pueblo. Es la tradici&oacute;n, por lo que dicen.</p><p>Sabidur&iacute;a rural. Hay que joderse.</p><p>-------</p><p><strong><em>A mi maestro y amigo Luis Mateo Diez.</em></strong></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3625024" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Los Caminos del Señor, Paula</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Feb 2022 20:40:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>knut</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>Cuando &eacute;l se despert&oacute; ella estaba terminando de exprimir el zumo de tres naranjas para el</p><p>desayuno.</p><p>Paula se hab&iacute;a despertado un poco antes que &eacute;l. Estuvo un buen rato observ&aacute;ndolo embelesada.</p><p>No pod&iacute;a creer que aquel adonis que ten&iacute;a frente a ella le perteneciera. Lo oli&oacute; con delicadeza, le</p><p>revis&oacute; todo el cuerpo, incluso las u&ntilde;as, ya que ella pensaba que &eacute;stas dicen mucho de las</p><p>personas. No paraba de mir&aacute;rselas y de repetir lo perfecta que las ten&iacute;a. Lo &uacute;nico malo es que se</p><p>le estaban poniendo un poco moradas pens&oacute;. </p><p>Dud&oacute; un momento en si deber&iacute;a aflojarle o no las cuerdas alrededor de sus manos, pero desisti&oacute; de la idea al creer que podr&iacute;a as&iacute; escaparse.</p><p>Cada d&iacute;a se repet&iacute;a a si misma: &ldquo;Ya aparecer&aacute;, no te desesperes, los caminos del se&ntilde;or son</p><p>inescrutables&rdquo;. Y nunca pens&oacute; que una tarde de mi&eacute;rcoles de cenizas aparecer&iacute;a &eacute;l, su futuro</p><p>marido.</p><p>- &ldquo;Quien iba a creer que ayer mientras rezaba por la b&uacute;squeda de novio, Dios y la Virgen</p><p>Sant&iacute;sima se apiadar&iacute;an de mi y me enviar&iacute;an justo lo que les ped&iacute;: un chico rubio, cauc&aacute;sico,</p><p>con valores&rdquo;, se dec&iacute;a a si misma mientras fre&iacute;a el segundo huevo.</p><p>Al o&iacute;r el sonido de un golpe en el suelo, apur&oacute; el paso y llev&oacute; la bandeja con un caf&eacute; con leche, el</p><p>zumo de naranja, un cruas&aacute;n y dos huevos fritos hacia la habitaci&oacute;n.</p><p>All&iacute; estaba &eacute;l:</p><p>- Dios m&iacute;o pero que guapo que es, susurr&oacute; en voz baja. Vaya como se pondr&aacute;n de envidia mis</p><p>amigas en cuanto se los cuente, pens&oacute;.</p><p>- Aqu&iacute; tienes tu desayuno coraz&oacute;n, le coment&oacute;. Te voy a quitar la mordaza para que puedas comer</p><p>algo, a&ntilde;adi&oacute;.</p><p>Y en cuanto comenz&oacute; a quitarle la venda, Juan coge aire y de una manera gutural y desde el</p><p>fondo de se est&oacute;mago grita con todas sus fuerzas:</p><p>-&iexcl;Su&eacute;ltame loca!</p><p>Fue lo &uacute;ltimo que se le escuch&oacute; decir ese d&iacute;a. A partir de entonces solo se le permiti&oacute; decir y</p><p>ensayar una &uacute;nica frase al d&iacute;a:</p><p>-&ldquo;Si quiero&rdquo;.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3624852" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Un perfecto perdedor</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Dec 2021 00:03:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>m_ark</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Tienes que hacer por comprenderlo. Aquí nadie va a sincerarse en una conversación final, dónde leíste eso, en qué película salió. <br />
Ahora las cosas son diferentes. La última conversación tendrá un meme (tan gracioso entonces, tan ridículo ahora) sin contestar.</p><p><strong>etiquetas</strong>: relato, relación, ruptura</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3599678" rel="nofollow">noticia original</a> (lauravivar.com)</p>]]></description>
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		<title>Harrison Bergeron, un relarto de Kurt Vonnegut</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Dec 2021 21:16:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>retruecano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[artículo]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><p>Era el a&ntilde;o 2081, y todos eran por fin iguales. No solo eran iguales ante Dios y la ley. Eran iguales en todo sentido posible. Nadie era m&aacute;s listo que nadie. Nadie era m&aacute;s guapo que nadie. Nadie era m&aacute;s fuerte o m&aacute;s r&aacute;pido que cualquier otra persona. Toda esta igualdad se debi&oacute; a las enmiendas 211.&ordf;,212.&ordf; y 213.&ordf; a la Constituci&oacute;n, y a la incesante vigilancia de los agentes del Discapacitador General de los Estados Unidos.</p><p>Algunas cosas sobre la vida todav&iacute;a no estaban del todo bien, sin embargo. Abril, por ejemplo, todav&iacute;a sacaba de quicio a la gente por no ser primavera. Y fue en ese mes pegajoso que los hombres del Discapacitador General se llevaron a Harrison, el hijo de catorce a&ntilde;os de George y Hazel Bergeron.</p><p>Fue tr&aacute;gico, cierto, pero George y Hazel no pod&iacute;an pensar mucho en ello. Hazel ten&iacute;a una inteligencia perfectamente promedio, lo que significaba que no pod&iacute;a pensar en nada salvo en cortas r&aacute;fagas. Y George, mientras que su inteligencia era muy superior a lo normal, ten&iacute;a una peque&ntilde;a radio de discapacidad mental en su oreja. &Eacute;l estaba obligado por ley a llevarla en todo momento. Se ajustaba a una emisora del gobierno. Cada veinte segundos m&aacute;s o menos, el transmisor enviaba un poco de ruido agudo para impedir a la gente como George un aprovechamiento injusto de sus cerebros.</p><p>George y Hazel estaban viendo la televisi&oacute;n. Hab&iacute;a l&aacute;grimas en las mejillas de Hazel, pero se hab&iacute;a olvidado por el momento a qu&eacute; se deb&iacute;an esas l&aacute;grimas.</p><p>En la pantalla de la televisi&oacute;n hab&iacute;a bailarinas.</p><p>Un timbre son&oacute; en la cabeza de George. Sus pensamientos huyeron en p&aacute;nico, como bandidos de una alarma antirrobo.</p><p>&laquo;Eso fue un baile muy bonito, esa danza que acaban de hacer&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;&iquest;Eh?&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;Que el baile fue bueno&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;S&iacute;&raquo;, dijo George. Trat&oacute; de pensar un poco acerca de las bailarinas. No eran realmente muy buenas &mdash;no mejores que cualquier otra persona lo habr&iacute;a sido, de todos modos. Estaban cargadas con pesas y bolsas de perdigones, y sus rostros estaban enmascarados, de modo que nadie, viendo un gesto libre y gracioso o una cara bonita, se sienta como algo que el gato hab&iacute;a recogido de la calle. George estaba jugando con la vaga noci&oacute;n de que tal vez las bailarinas no deban ser discapacitadas. Pero no lleg&oacute; muy lejos con ella antes de que otro timbre en la radio del o&iacute;do dispersara sus pensamientos.</p><p>George hizo una mueca. Lo mismo hicieron dos de las ocho bailarinas.</p><p>Hazel lo vio estremecerse. Al no tener discapacitador mental, ella ten&iacute;a que preguntarle a George qu&eacute; hab&iacute;a sido el &uacute;ltimo sonido.</p><p>&laquo;Son&oacute; como si alguien hubiera golpeado una botella de leche con un martillo&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;Yo creo que ser&iacute;a realmente interesante escuchar todos los distintos sonidos&raquo;, dijo con un poco de envidia Hazel. &laquo;Todas las cosas que se les ocurre&raquo;.</p><p>&laquo;Hm&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;Pero, si yo fuera el Discapacitador General, &iquest;sabes lo que har&iacute;a?&raquo; dijo Hazel. Hazel, de hecho, ten&iacute;a un gran parecido al Discapacitador General, una mujer llamada Diana Moon Glampers. &laquo;Si yo fuera Diana Moon Glampers&raquo;, dijo Hazel, &laquo;habr&iacute;a campanadas los domingos &mdash;solo campanadas. Un poco en honor a la religi&oacute;n&raquo;.</p><p>&laquo;Yo podr&iacute;a pensar, si fuesen solo campanadas&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;Bueno, tal vez las har&iacute;a muy fuertes&raquo;, dijo Hazel. &laquo;Creo que ser&iacute;a una buena Discapacitadora General&raquo;.</p><p>&laquo;Tan buena como cualquiera&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n sabe mejor que yo lo que es normal?&raquo; dijo Hazel.</p><p>&laquo;Es cierto&raquo;, dijo George. Empez&oacute; a pensar tenuemente sobre su hijo anormal que ahora estaba en la c&aacute;rcel, sobre Harrison, pero el sonido de veinti&uacute;n pistoletazos dentro de su cabeza detuvo ese pensamiento.</p><p>&laquo;&iexcl;Vaya!&raquo; Hazel dijo, &laquo;ese fue estremecedor, &iquest;no?&raquo;.</p><p>Fue tan estremecedor que George estaba p&aacute;lido y tembloroso, y l&aacute;grimas se acumulaban en el borde de sus ojos enrojecidos. Dos de las ocho bailarinas hab&iacute;an colapsado en el suelo del estudio y estaban sujetando sus sienes.</p><p>&laquo;De repente te ves tan cansado&raquo;, dijo Hazel. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no descansas en el sof&aacute;? As&iacute; puedes descansar tu bolsa de discapacidad en las almohadas, mi querido&raquo;. Se refer&iacute;a a las cuarenta y siete libras [21 kg] de perdigones en una bolsa de lona, que estaba encadenada alrededor del cuello de George. &laquo;Anda y descansa la bolsa por un rato&raquo;, dijo. &laquo;No me importa si no eres igual a m&iacute; por un tiempo&raquo;.</p><p>George pes&oacute; la bolsa con las manos. &laquo;No me molesta&raquo;, dijo. &laquo;Ya no lo noto. Es solamente otra parte de m&iacute;&raquo;.</p><p>&laquo;Has estado muy cansado &uacute;ltimamente, algo extenuado&raquo;, dijo Hazel. &laquo;Si solo hubiera una manera de hacer un peque&ntilde;o agujero en el fondo de la bolsa, y de sacar algunas de las pelotas de plomo. Solo unas pocas&raquo;.</p><p>&laquo;Dos a&ntilde;os de prisi&oacute;n y dos mil d&oacute;lares de multa por cada pelota que saque&raquo;, dijo George. &laquo;Yo no lo llamar&iacute;a una ganga&raquo;.</p><p>&laquo;Si solo pudieras sacar unas cuantas cuando llegas a casa del trabajo&raquo;, dijo Hazel. &laquo;Quiero decir, es que no compites con nadie por aqu&iacute;. Solamente te quedas sentado&raquo;.</p><p>&laquo;Si tratara de zafarme con eso&raquo;, dijo George, &laquo;luego otra gente lo har&iacute;a tambi&eacute;n, y muy pronto estar&iacute;amos de regreso a los tiempos oscuros, con todo el mundo compitiendo contra todos los dem&aacute;s. No te gustar&iacute;a eso, &iquest;verdad?&raquo;.</p><p>&laquo;Lo odiar&iacute;a&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;All&iacute; lo tienes&raquo;. Dijo George. &laquo;Desde el momento que la gente empieza a quebrantar las leyes, &iquest;qu&eacute; crees que le sucede a la sociedad?&raquo;.</p><p>Si Hazel no hubiera podido llegar a una respuesta a esta pregunta, George no hubiera podido d&aacute;rsela. Una sirena sonaba en su cabeza.</p><p>&laquo;Supongo que se caer&iacute;a en pedazos&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; cosa?&raquo; dijo George sin comprender.</p><p>&laquo;La sociedad&raquo;, dijo Hazel, incierta. &laquo;&iquest;No fue eso lo que acabas de decir?.</p><p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n sabe?&raquo; dijo George.</p><p>El programa de televisi&oacute;n fue interrumpido de repente por un bolet&iacute;n de noticias. No estaba claro al principio sobre qu&eacute; iba el bolet&iacute;n, ya que el locutor, al igual que todos los locutores, ten&iacute;a un serio impedimento del habla. Por cerca de medio minuto, y en un estado de gran excitaci&oacute;n, el locutor trat&oacute; de decir: &laquo;Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores&raquo;.</p><p>Finalmente, se dio por vencido, entreg&oacute; el bolet&iacute;n a una bailarina para que lo leyera.</p><p>&laquo;Est&aacute; bien&raquo;, dijo Hazel sobre el locutor, &laquo;lo intent&oacute;. Eso es lo que cuenta. Trat&oacute; de hacerlo lo mejor que pudo con lo que Dios le dio. Deber&iacute;a obtener un buen aumento por eso&raquo;.</p><p>&laquo;Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores&raquo;, dijo la bailarina, leyendo el bolet&iacute;n. Ella debi&oacute; haber sido de una belleza extraordinaria, porque la m&aacute;scara que llevaba era horrible. Y era f&aacute;cil ver que ella era la m&aacute;s fuerte y m&aacute;s gr&aacute;cil de todas las bailarinas, ya que sus bolsas de discapacidad eran tan grandes como aquellas usadas por hombres de noventa kilos.</p><p>Y ella tuvo que pedir disculpas de inmediato por su voz, la cual era una voz muy injusta para que la usara una mujer. Su voz era una c&aacute;lida, luminosa, atemporal melod&iacute;a. &laquo;Disculpen&raquo;, dijo ella, y empez&oacute; de nuevo, haciendo su voz absolutamente incompetente.</p><p>&laquo;Harrison Bergeron, de catorce a&ntilde;os&raquo;, dijo en un mirlo graznido, &laquo;acaba de fugarse de la c&aacute;rcel, donde estuvo detenido bajo sospecha de conspirar para derrocar al gobierno. &Eacute;l es un genio y un atleta, tiene insuficiente discapacidad, y debe ser considerado como extremadamente peligroso&raquo;.</p><p>Una fotograf&iacute;a policial de Harrison Bergeron fue proyectada en la pantalla, boca abajo, luego de lado, boca abajo otra vez y luego del lado correcto hacia arriba. La imagen mostraba la longitud total de Harrison en un fondo calibrado en pies y pulgadas. Ten&iacute;a exactamente siete pies [2,1 m] de altura.</p><p>El resto de la apariencia de Harrison era mezcla de Halloween y maquinaria. Nadie jam&aacute;s hab&iacute;a llevado consigo discapacidades m&aacute;s pesadas. Su cuerpo hab&iacute;a crecido m&aacute;s que sus discapacidades, m&aacute;s r&aacute;pidamente que a los que los hombres del Discapacitador General se les pod&iacute;a ocurrir. En lugar de una peque&ntilde;a radio de o&iacute;do como discapacidad mental, llevaba un par de tremendos auriculares, y gafas con gruesas lentes onduladas. Las gafas fueron pensadas para dejarle no solo medio ciego, sino adem&aacute;s para darle tremendos dolores de cabeza.</p><p>La chatarra estaba colgada de todo su cuerpo. Por lo general, hab&iacute;a una cierta simetr&iacute;a, una pulcritud militar con las discapacidades suministradas a las personas fuertes, pero Harrison parec&iacute;a un dep&oacute;sito de chatarra ambulante. En la carrera de la vida, Harrison llevaba 300&nbsp;libras [136 kg] sobre s&iacute;.</p><p>Y para compensar su buena apariencia, los hombres del Discapacitador General requirieron que llevase en todo momento una pelota de goma roja como nariz, mantenga las cejas afeitadas, y cubriera sus uniformes dientes blancos con tapas negras al azar para simular dientes salidos.</p><p>&laquo;Si usted ve a este muchacho&raquo;, dijo la bailarina, &laquo;no, repito, no trate de razonar con &eacute;l&raquo;.</p><p>Hubo el chillido de una puerta que fue arrancada de sus bisagras.</p><p>Gritos y lamentos de consternaci&oacute;n provinieron del set de televisi&oacute;n. La fotograf&iacute;a de Harrison Bergeron en la pantalla salt&oacute; una y otra vez, como si bailara al ritmo de un terremoto.</p><p>George Bergeron identific&oacute; correctamente el terremoto, y bien pod&iacute;a ya que muchas fueron las veces que su propia casa hab&iacute;a bailado a la misma melod&iacute;a estrepitosa.</p><p>&laquo;Mi Dios&raquo;, dijo George, &laquo;&iexcl;ese debe ser Harrison!&raquo;.</p><p>La realizaci&oacute;n fue destruida de su mente instant&aacute;neamente por el sonido de un choque automovil&iacute;stico dentro de su cabeza.</p><p>Cuando George pudo abrir sus ojos de vuelta, la fotograf&iacute;a de Harrison se hab&iacute;a ido. Un Harrison de carne y hueso llenaba la pantalla.</p><p>Traqueteante, payasesco, y enorme, se paraba Harrison en el centro del estudio. La manija arrancada de la puerta del estudio todav&iacute;a estaba en su mano. Bailarinas, t&eacute;cnicos, m&uacute;sicos y locutores se encog&iacute;an de rodillas ante &eacute;l, esperando a morir.</p><p>&laquo;&iexcl;Yo soy el Emperador!&raquo; exclam&oacute; Harrison. &laquo;&iquest;Oyen? &iexcl;Yo soy el Emperador! &iexcl;Todos deben hacer lo que digo de inmediato!&raquo;. Dio un pisoteo y sacudi&oacute; el estudio.</p><p>&laquo;A&uacute;n al estar parado aqu&iacute;&raquo;, grit&oacute;, &laquo;lisiado, cojeando, enfermado. &iexcl;Yo soy un gobernante m&aacute;s grande que cualquier hombre que haya vivido! &iexcl;Ahora miren c&oacute;mo me convierto en lo que puedo llegar a ser!&raquo;.</p><p>Harrison rompi&oacute; las correas de su arn&eacute;s de discapacidad como un pa&ntilde;uelo de papel mojado, arranc&oacute; las correas que pod&iacute;an soportar cinco mil libras [2200 kg].</p><p>Las discapacidades de Harrison hechas de chatarra se estrellaron contra el suelo.</p><p>Harrison meti&oacute; los pulgares bajo la barra del candado que aseguraba el arn&eacute;s de su cabeza. La barra se quebr&oacute; como si fuera apio. Harrison estrell&oacute; sus auriculares y gafas contra la pared.</p><p>Arroj&oacute; lejos su nariz de goma, revel&oacute; un hombre que habr&iacute;a asombrado a Thor, el dios del trueno.</p><p>&laquo;&iexcl;Ahora voy a elegir a mi emperatriz!&raquo; dijo, mirando hacia abajo a la gente acobardada. &laquo;&iexcl;Que la primera mujer que se atreva a ponerse de pie exija su compa&ntilde;ero y su trono!&raquo;.</p><p>Pas&oacute; un momento, y luego una bailarina se levant&oacute;, balance&aacute;ndose como un sauce.</p><p>Harrison le quit&oacute; la discapacidad mental de la oreja, rompi&oacute; sus discapacidades f&iacute;sicas con una delicadeza maravillosa. Por &uacute;ltimo, le quit&oacute; su m&aacute;scara.</p><p>Era de una belleza cegadora.</p><p>&laquo;Ahora&raquo;, dijo Harrison, tom&aacute;ndole la mano, &laquo;&iquest;vamos a mostrar al pueblo el significado de la palabra danza? &iexcl;M&uacute;sica!&raquo; orden&oacute;.</p><p>Los m&uacute;sicos gatearon de nuevo a sus sillas, y Harrison les despoj&oacute; de sus discapacidades, tambi&eacute;n. &laquo;Toquen lo mejor que puedan&raquo;, les dijo, &laquo;y les har&eacute; barones, duques y condes&raquo;.</p><p>La m&uacute;sica comenz&oacute;. Era normal en un primer momento &mdash;barata, tonta, falsa. Sin embargo, Harrison agarr&oacute; a dos m&uacute;sicos de sus sillas, los agit&oacute; como batutas mientras cantaba la m&uacute;sica como &eacute;l quer&iacute;a que sonara. Les arroj&oacute; de nuevo en sus sillas.</p><p>La m&uacute;sica comenz&oacute; de nuevo y mejor&oacute; significativamente.</p><p>Harrison y su emperatriz solo escuchaban la m&uacute;sica por un tiempo, escuchaban con gravedad, como si estuviesen sincronizando sus latidos con ella.</p><p>Pasaron sus pesos a los dedos del pie.</p><p>Harrison pos&oacute; sus grandes manos en la diminuta cintura de la ni&ntilde;a, dej&aacute;ndole sentir la ingravidez que pronto ser&iacute;a suya.</p><p>Y luego, en una explosi&oacute;n de alegr&iacute;a y de gracia, &iexcl;al aire brincaron!</p><p>No solo las leyes de la tierra fueron abandonadas, sino tambi&eacute;n la ley de la gravedad y las leyes del movimiento tambi&eacute;n.</p><p>Se tambalearon, giraron, volaron, brincaron, cabriolaron, retozaron, y dieron volteretas.</p><p>Saltaron como ciervos en la Luna.</p><p>El techo del estudio era de treinta pies de altura [9,1 m], pero cada salto llev&oacute; a los bailarines m&aacute;s cerca de &eacute;l.</p><p>Se convirti&oacute; en su obvia intenci&oacute;n besar el techo. Lo besaron.</p><p>Y luego, neutralizando la gravedad con amor y pura voluntad, se mantuvieron suspendidos en el aire pulgadas por debajo del techo, y se besaron durante mucho tiempo, mucho tiempo.</p><p>Fue entonces que Diana Moon Glampers, la Discapacitadora General, entr&oacute; al estudio con una escopeta calibre diez de dos ca&ntilde;ones. Ella dispar&oacute; dos veces, y el emperador y la emperatriz murieron antes de alcanzar el suelo.</p><p>Diana Moon Glampers carg&oacute; el arma de nuevo. Apunt&oacute; a los m&uacute;sicos y les dijo que ten&iacute;an diez segundos para colocarse de nuevo sus discapacidades.</p><p>Fue entonces cuando el televisor de tubos de los Bergeron se apag&oacute;.</p><p>Hazel se dio la vuelta para comentar el apag&oacute;n con George. Pero &eacute;l hab&iacute;a ido a la cocina por una lata de cerveza.</p><p>De regres&oacute; con la cerveza, hizo una pausa mientras que una se&ntilde;al de discapacidad le sacud&iacute;a. Y luego volvi&oacute; a sentarse.</p><p>&laquo;Has estado llorando&raquo;, dijo a Hazel.</p><p>&laquo;S&iacute;&raquo;, dijo ella.</p><p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute;?&raquo; le dijo.</p><p>&laquo;Me olvido&hellip;&raquo; dijo. &laquo;Algo muy triste en la televisi&oacute;n&raquo;.</p><p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; fue?&raquo; le dijo.</p><p>&laquo;Est&aacute; como todo mezclado en mi mente&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;Olv&iacute;date de cosas tristes&raquo;, dijo George.</p><p>&laquo;Siempre lo hago&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;Esa es mi chica&raquo;, dijo George. Hizo una mueca. Se oy&oacute; el ruido de una pistola remachadora en su cabeza.</p><p>&laquo;Caramba, podr&iacute;a asegurar que eso fue estremecedor&raquo;, dijo Hazel.</p><p>&laquo;&iexcl;Y que lo digas!&raquo; dijo George.</p><p>&laquo;Caramba&raquo;, dijo Hazel, &laquo;podr&iacute;a asegurar que eso fue estremecedor&raquo;.</p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3599149" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Reflexiones de una mosca al intentar salir por una ventana y chocarse reiteradamente con un cristal</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Nov 2021 18:41:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Paso toda mi vida viendo el horizonte, el futuro, mi objetivo en la vida. Cada segundo de mi existencia tiene el mismo prop&oacute;sito, pero un muro invisible custodiado por un vigilante me impide llegar a &eacute;l. Detr&aacute;s del muro est&aacute; lo que mis ancestros han llamado el para&iacute;so, el mont&oacute;n de heces humanas.</p><p>El muro est&aacute; custodiado por un guardi&aacute;n que parece que no come, ni bebe ni descansa y su &uacute;nico objetivo es hacer que no acuda a mi destino, el para&iacute;so en la tierra, ese gran mont&oacute;n de mierda humana. Hay veces que desisto en mi misi&oacute;n y me retiro a trazar un nuevo plan para conseguir mi meta, sin embargo nada surte efecto. Despu&eacute;s de cada incursi&oacute;n mi cuerpo acaba destrozado de tantos golpes, el cual ya est&aacute; muy deteriorado por los ataques del gigante que ha acabado con m&aacute;s de 10000 de mis hermanos y algunos primos lejanos.</p><p>Lo &uacute;nico que me hace aguantar es el olor, esa fragancia que impregna la estancia. Esa mezcla putrefacta de heces produce un olor nauseabundo, asqueroso y vomitivo que hace que quiera seguir viviendo y alcanzarlo antes de que mis d&iacute;as aqu&iacute; se acaben. Si no pudiera oler me hubiera dejado asesinar hace mucho por el gigante con el cetro m&aacute;gico que lleva los cad&aacute;veres de mil generaciones entre sus agujeros.</p><p>Me acerco con cautela al muro invisible, pero esta vez no me invade la prisa y la desesperaci&oacute;n, no quiero traspasarlo, solo hablar con el guardi&aacute;n. Estoy a escasos cent&iacute;metros del muro y veo c&oacute;mo &eacute;l viene volando y se posa en el muro a la misma vez que yo y de la misma manera. No dice nada, ambos estamos callados, inicio la conversaci&oacute;n de un modo amistoso.</p><p>&mdash;Buenos d&iacute;as, que la mierda este contigo. Hoy hace un gran d&iacute;a para comer mierda de la buena &iquest;Eh?.&mdash; Dije sin obtener respuesta.</p><p>&mdash;Bueno, me refiero que para quien tenga un buen mont&oacute;n de mierda cerca es un gran d&iacute;a porque el sol est&aacute; calentando las heces y algunas se est&aacute;n derritiendo, haciendo que desprendan ese penetrante hedor &iexcl;Uhmmm!. Incluso algunos pensar&iacute;an que hoy es d&iacute;a para beber diarrea, algo que pasa pocas veces en la vida o por lo menos eso cuentas las viejas leyendas.&mdash;Dije esperando una respuesta que nunca lleg&oacute;.</p><p>&mdash;S&eacute; que no nos hemos llevado bien y que siempre acabamos top&aacute;ndonos uno contra el otro y eso no nos hace bien a ninguno, los 2 podr&iacute;amos beneficiarnos si me dejaras ir contigo al otro lado del muro invisible. Yo podr&iacute;a comer mierda contigo y t&uacute; tendr&iacute;as un compa&ntilde;ero, alguien que estuviera contigo cont&aacute;ndote historias divertidas e interesantes. Solo tienes que desactivar el muro y estaremos juntos.&mdash;Dije c&oacute;mo &uacute;ltimo intento de ablandar su coraz&oacute;n, de repente note una gran sacudida y el muro se iba desplazando a la izquierda con nosotros encima.</p><p>Alce el vuelo para ver si se hab&iacute;a desactivado de forma parcial el muro para poder cruzar al para&iacute;so. Al momento de elevarme observ&eacute; c&oacute;mo el gigante con su cetro m&aacute;gico hac&iacute;a aspavientos cerca de la zona del muro desactivado, c&oacute;mo protegiendo la zona para que no pudiera llegar a mi destino, &eacute;l no sab&iacute;a que ten&iacute;a al vigilante de mi lado, &iexcl;est&uacute;pido gigante! No pude elevarme m&aacute;s de un par de cent&iacute;metros y descend&iacute; r&aacute;pido al muro activo junto a mi futuro compa&ntilde;ero. Ten&iacute;a miedo y pegaba mi cuerpo contra el muro m&aacute;s que nunca, una y otra vez. El vigilante hacia lo mismo, no me quer&iacute;a abandonar.</p><p>Hice acopio de valent&iacute;a y emprend&iacute; un viaje hasta la parte del muro invisible desactivado, este ser&iacute;a el &uacute;ltimo d&iacute;a de mi vida en el que estar&iacute;a lejos del gran mont&oacute;n de mierda. Ese que mis ancestros solo hab&iacute;an podido so&ntilde;ar, hab&iacute;a visto morir a cientos contra el vigilante y miles asesinados por el gigante, pero yo pasare y ser&eacute; amigo del guardi&aacute;n del muro y juntos disfrutaremos del para&iacute;so. Alce el vuelo y pase rozando el bast&oacute;n m&aacute;gico del gigante, no pudo alcanzarme, traspase el muro invisible por la parte desactivada, mi amigo hab&iacute;a cumplido su parte del trato, estaba al otro lado.</p><p>Trate de hablar con el vigilante, sin embargo no lo advert&iacute;, fui al gran mont&oacute;n de heces humanas y beb&iacute; de su diarrea c&oacute;mo el n&eacute;ctar de los dioses que era, me revolqu&eacute; y disfrute c&oacute;mo nunca lo hab&iacute;a hecho. Al acabar el fest&iacute;n fui a buscar a mi amigo, no lo encuentre. Fui donde siempre nos observ&aacute;bamos, al muro invisible. Ah&iacute; estaba c&oacute;mo siempre, no obstante esta vez era &eacute;l el que estaba al otro lado. Ahora tengo una nueva misi&oacute;n, ser el guardi&aacute;n del muro y rescatar a mi amigo.</p><p></p><p></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3580376" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Clínica de trasplantes</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2021 15:30:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Los c&iacute;borgs, mitad org&aacute;nicos, mitad electr&oacute;nicos se pasean con naturalidad por las calles de La Laguna. Muchos de ellos llevan mi logo en sus trasplantes, soy cirujano.</p><p>Mi trabajo es muy sencillo, escuchar los deseos del cliente y hacerlos realidad. Puedo implantarle desde un simple ojo ocular con vista perfecta, hasta un est&oacute;mago inmune a cualquier veneno, el l&iacute;mite est&aacute; en su cartera.&nbsp;</p><p>En mi cl&iacute;nica atiendo clientes de toda la provincia, algunos son veteranos de guerras que quieren gastar su dinero en renovar partes de su cuerpo que se les est&aacute; acabando su vida &uacute;til y otros multimillonarios que quieren trasplantes para fardar en las fiestas privadas de las corporaciones.</p><p>Nunca me he puesto ning&uacute;n trasplante. Prefiero seguir &ldquo;de f&aacute;brica&rdquo;.</p><p>Ha entrado un nuevo cliente.&nbsp;</p><p>&mdash;Necesito un juego de &oacute;rganos completo desde la lengua hasta el coraz&oacute;n. Lo quiero todo nuevo, nada de ning&uacute;n muerto. El dinero no es problema. Estoy harto de que todos mis amigos presuman de sus trasplantes. Me gustar&iacute;a operarme lo antes posible, explica el cliente.</p><p>&mdash;De acuerdo, el martes le operamos.</p><p>En mi interior siempre pienso lo mismo cuando entra un nuevo cliente &iquest;Por qu&eacute; alguien querr&iacute;a dejar su cuerpo de robot perfectamente ensamblado y convertirse en humano? Es algo que nunca entender&eacute;.</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3578284" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>El huraño bodeguero</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Oct 2021 12:23:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Llevo meses sin hablar con nadie o puede que sean a&ntilde;os, no recuerdo el &uacute;ltimo calendario que compr&eacute;. Ahora solo me interesan las uvas y el vino.</p><p>Las uvas me mantienen entretenido y ocupado durante el d&iacute;a. Yo me encargo de todo el proceso, desde plantarlas, regarlas y cosecharlas hasta llevarlas al lagar que tengo en mi almac&eacute;n y convertirlas en vino. Ah&iacute; paso las tardes chafando las uvas para hacer el vino que me ayuda a sobrevivir tanto financieramente c&oacute;mo emocionalmente.</p><p>Durante la noche lo &uacute;nico que me salva de la soledad y la desesperaci&oacute;n es mi mejor amigo, el m&aacute;s querido, al cual amo c&oacute;mo un hijo. Mi vino casero; hecho con mis propias uvas, &eacute;l me ayuda a aguantar cada d&iacute;a y mantenemos una relaci&oacute;n de &iacute;ntima amistad durante muchos a&ntilde;os.</p><p>Ya estoy mayor y creo que debo cambiar esta din&aacute;mica que me est&aacute; llevando a comportarme c&oacute;mo un hura&ntilde;o bodeguero, tanto tiempo sin compa&ntilde;&iacute;a humana me est&aacute; volviendo loco. Creo que ir&eacute; a la ciudad a hacer alg&uacute;n amigo y quiz&aacute;s a conocer alguna mujerzuela.</p><p>Al llegar veo un cartel en un bar que dice &ldquo;Bar La Guitarra&rdquo;, no recuerdo la &uacute;ltima vez que escuch&eacute; m&uacute;sica en directo. Al entrar veo a un mont&oacute;n de posibles amigos nuevos, ya no me acordaba de que exist&iacute;an m&aacute;s cosas aparte de mi granja y mis vides. El camarero me los presentan, se llaman: Cerveza, Vino tinto, Vino blanco, Brandy, Whisky, Vodka, Tequila&hellip;&nbsp;</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3570248" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Arthur C. Clarke: Reencuentro</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2021 11:04:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p>Pueblo de la Tierra, no temáis. Venimos en son de paz… ¿Y por qué no? Nosotros somos primos vuestros; hemos estado aquí antes.<br />
Nos reconoceréis cuando nos veamos dentro de unas horas. Nos estamos aproximando al sistema solar casi a la velocidad de este radio-mensaje. Vuestro sol domina ya el firmamento que tenemos ante nosotros. Es el sol que nuestros antepasados y los vuestros compartieron hace diez millones de años. Nosotros somos hombres igual que vosotros; pero, vosotros habéis olvidado vuestra historia, mientras que nosotros recordamos la nuestra.</p><p><strong>etiquetas</strong>: arthur c. clarke, reencuentro, relato</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3551359" rel="nofollow">noticia original</a> (lecturia.org)</p>]]></description>
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		<title>La respuesta anhelada</title>
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		<pubDate>Fri, 21 May 2021 13:25:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p>Celia miró el folio en blanco una vez más conteniendo las lágrimas. Se le estaba agotando el tiempo, y si no encontraba la respuesta pronto.... Estaría acabada.</p><p><strong>etiquetas</strong>: respuesta, anhela, relato</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3506157" rel="nofollow">noticia original</a> (www.wattpad.com)</p>]]></description>
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		<title>Eva. (Parte I)</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Mar 2021 17:01:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><p>Repe</p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/relatocorto/go?id=3480557" rel="nofollow">noticia original</a> ()</p>]]></description>
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