RELATOS CORTOS

La planta de Victor Hugo

No voy a entrar en el valor literario del relato. En cuanto al mensaje (en literatura no siempre lo hay, pero aquí veo claro que hay un mensaje), me parece un poco triste. Un hijo es algo que deberías tener porque lo amas locamente, porque le vas a dedicar buena parte de tu vida. No simplemente una salvaguarda por si algún día te haces viejo y te ves desamparado. De hecho, es un clásico que, en las sociedades menos desarrolladas, la gente tiene más hijos entre otras cosas por asegurarse un buen cuidado en la vejez (y eso, entre otras cosas, nos ha llevado a la superpoblación que actualmente padecemos). Eso, sin embargo, no ha asegurado que esos hijos hayan sido bien tratados, yo diría que más bien al contrario. Llamadme loco pero yo, antes de dar a luz a una vida que no existe (y que por tanto, de momento, no sufre), tendría que estar muy seguro de lo que hago antes de condenarlo a un mundo complicado, cruel, y que encima corre peligro de quedar aniquilado en una próxima extinción -provocada, entre otras, por la superpoblación-. Tendría que estar seguro de que voy a intentar darle la mejor vida que pueda, y que más o menos lo voy a conseguir. Tener un hijo a disgusto (o, como dice el relato, sintiendo que es una competencia respecto a ti mismo, robándote instantes de felicidad) es lo peor que puedes hacer tanto para ti como para el hijo. Así que yo, personalmente, no recomendaría a nadie en esa circunstancia tenerlo, independientemente de lo que te va a pasar cuando llegues a viejo. Ésa es mi opinión.

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