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	<title>Menéame: comentarios [830306]</title>
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	<description>Sitio colaborativo de publicación y comunicación entre blogs</description>
	<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 21:45:55 +0000</pubDate>
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		<title>#2 Si naciste en 1976, tú puedes ser Clarita | Eduardo González Viaña</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 21:45:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><a class="tooltip c:830306-1" href="https://www.meneame.net/story/naciste-1976-tu-puedes-ser-clarita-eduardo-gonzalez-viana/c01#c-1" rel="nofollow">#1</a> ¿Tenias ganas de escribir solamente? ¿o simplemente eres gilipoyas sin más?<br />
¿No se te ocurre nada que comentar contra una parte de la historia tan horrible y degradante para el ser humano?<br />
Y por desgracia siempre la misma historia repetida siglo tras siglo.<br />
Y seguimos igual.<br />
Siento ser pesimista, pero creo que no aprenderemos nunca.</p><p>&#187;&nbsp;autor: <strong>www</strong></p>]]></description>
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		<title>#1 Si naciste en 1976, tú puedes ser Clarita | Eduardo González Viaña</title>
		<link>https://www.meneame.net/story/naciste-1976-tu-puedes-ser-clarita-eduardo-gonzalez-viana/c01#c-1</link>
		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 21:30:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p>Por Eduardo González Viaña<br />
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Si naciste en 1976, tú puedes ser Clarita<br />
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Aunque no te llamen ahora así, y tus padres adoptivos te hayan puesto otro nombre, es muy posible que tú seas Clara Anahí Mariani.<br />
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Hay algo que no pueden haber falsificado quienes te secuestraron y te vendieron: naciste el 12 de agosto de 1976, y es muy difícil que te hayan puesto una fecha lejana de esa en el documento falso con que has vivido todo este tiempo. Naciste en La Plata, Argentina, hija de Daniel y de Diana, y quizás los raptores te inscribieron en tu mismo país mientras los militares estaban en la Casa Rosada, o tal vez lo hicieron en Uruguay o Chile, igualmente gobernados por asesinos. Al acabarse ese tiempo, a otros niños como tú se los llevaron a Italia y España, donde también podrías estar ahora.<br />
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Clarita Anahí Mariani, tengo para ti una carta de tu abuela, la “Chicha”, que te está buscando desde que te raptaron. Va aquí con la mía, y en ella encontrarás fotos de tus padres y de ti misma que tal vez te ayudarán a reconocerte. Además, tu abuela  te cuenta otros detalles que, por genética, pueden repetirse en ti.<br />
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Es obvio que no recuerdes lo que ocurrió cuando apenas tenías tres meses de nacida. Sin embargo, un psicólogo me asegura que ese hecho brutal se quedó grabado en tu inconsciente y es posible que, algunas noches, se exprese con sueños espantables.<br />
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Clarita: tu pesadilla está a punto de terminar. Cuando abraces a tu abuela, recobrarás el derecho de tener recuerdos familiares, y acaso sientas que Diana y Daniel, tus padres, te acompañan desde una región luminosa de los cielos.<br />
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Déjame contarte lo que pasó el 24 de noviembre de 1976, y comenzarás a entender esta carta.<br />
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Ese día, a las cinco de la tarde, estabas jugando con tu madre que te alzaba y besaba jugando a que eras su muñeca. De súbito, se escucharon las pisadas y los gritos de mucha gente que irrumpía en el tercer piso del edificio donde vivías.<br />
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Seguro que tú sonreíste y creíste que era parte del juego de tu madre, pero era tan grande el ruido que empezaste a llorar. Era tu manera de preguntarle a mamá qué era lo que estaba pasando y por qué.<br />
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Miguel Osvaldo Etchecolatz abrió por fin la puerta de tu casa. A su lado se encontraba el general Ramón Camps. Ambos se hicieron a un lado para que ingresaran  los soldados del Ejército, la Policía y la Armada de Argentina que realizaban una operación conjunta para masacrar opositores al gobierno.<br />
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Entraron disparando. Antes, habían ametrallado los departamentos de dos familias vecinas y habían matado a cinco personas. Etchecolatz te puso la pistola en la boca y le advirtió a tu madre que iba a disparar. Ella le arrancó la pistola y te cubrió con su cuerpo. Te cubrió de tal forma que resultabas invulnerable.<br />
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Entonces el hombre comenzó a disparar. Aunque Diana Terugi, tu madre, debe de haber muerto a los primeros balazos, en su cadáver se encontraron más de cuarenta impactos producidos por el arma de Etchecolatz y las ametralladoras de los soldados de tu patria. Cuando Etchecolatz te iba a rematar, lo detuvo el general Camps.<br />
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-¡Estás loco! Podemos conseguir unos buenos pesos con la piba.<br />
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Del resto poco sabemos, Clarita. O Alejandra, Margarita, Viviana, Renata, Marisa, María Elena, como te llamen ahora. Tu abuela y tu padre te buscaron por toda Argentina. Por fin, los asesinos llegaron hasta Daniel, y también lo eliminaron.<br />
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A estas alturas de mi carta, te seguirás preguntando ¿por qué, por qué? Voy a darte una parte de la respuesta.<br />
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A partir de los años setenta, diversas bandas de militares se apoderaron de más de la mitad de Sudamérica. Está probado hoy todo lo que hicieron entonces: su violencia salvaje, las persecuciones, la represión ilegal de los disidentes, la tortura infernal, la desaparición forzada de personas, el rapto y la venta de niños y el copamiento de todos los medios de información. Miles de civiles tan indefensos como tu madre y tu padre fueron masacrados en un verdadero holocausto. Millares de niños fueron arrebatados en sus casas como tú o arrancados de los brazos de sus madres en la prisión. Los militares llamaban a eso una “guerra interna” y justificaban su barbarie con el fundamento de que estaban defendiendo la civilización cristiana en nuestro continente.<br />
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Pasado ese tiempo, con gobiernos elegidos y descubiertas las cuentas secretas de Videla, de Pinochet, de Fujimori, entre otros, con las lloriqueantes confesiones del asesino de tu madre, Etchecolatz y del cobarde general Videla ante sus jueces, conocidas las coimas gigantescas por el armamento que compraban, descubiertas las cuentas de la Ford y la Mercedes Benz, ente otras empresas que los tenían en sus nóminas, ya se sabe que todo era al revés de lo que los militares proclamaban.<br />
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Ya se sabe que eran criminales bien pagados, saqueadores insaciables y chacales sin alma, y que su primer objetivo fueron jóvenes como tus padres o viejos como el director de orquesta que fue tu abuelo, para quienes el socialismo era la mejor forma de hacer verdad en la tierra las promesas de Cristo.<br />
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Ya se sabe la verdad, Clara Anahí, pero tu abuelita, la Chicha, todavía no te ha visto. Dale la sorpresa en estos días navideños.</p><p>&#187;&nbsp;autor: <strong>lineasemanal</strong></p>]]></description>
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