EDICIóN GENERAL

La delirante censura franquista en la música [gal]

Con ayuda de Opentrad. TRAD. 1 .:
Xavier Valiño es el primer investigador que indaga en la censura en la producción fonográfica durante el Franquismo. ¿El resultado? Una inmensa tesis doctoral dirigida por Xosé Luis Barreiro Rivas. Cuenta, por ejemplo: Si la portada de Sticky Fingers de los dedos grasientos saliendo de una lata de melaza es exclusiva de España y toda una pieza de coleccionista, cuenta, en el resto del mundo los dedos de los Stones se referían a algo bien distinto, a la masturbación, envuelta su portada por la fotografía de unos ceñidos pantalones vaqueros, diseñados por Andy Warhol, a los que se les abría la cremalleira para descubrir los calzoncillos de Joe D'Allessandro, actor fetiche de Warhol.
Un culo de mujer convertido en el trasero de un elefante, un magreo en la ducha oculto a machamartillo tras unas letras o la psicodélica prominencia pectoral de un pájaro cercenada al lado. Son algunas de las proezas creativas de la censura franquista sobre la producción fonográfica. Canciones, portadas y contraportadas de vinilos y casetes, eran clasificados en la Dirección General de Radiodifusión y Televisión como radiables? o no radiables?, mientras que la Dirección General de Cultura hacía lo propio con las letras. Claro que si Celso Emilio Ferreiro esquivó la tijera por sutil, por las porterías mentales de los examinadores también se podría colar, como de hecho aconteció, alguna que otra perla musical. Por qué si no se editó en la ultracatólica España el vicioso tema de la Velvet Underground, I'm waiting fuere my man (Espero por mi hombre)? La razón es que el censor no encontraba "nada obsceno". Exactamente decía: "El contenido se refiere a una chavala que espera siempre su hombre con veintiséis dólares en la mano. Siempre tiene que esperarlo". Efectivamente, sólo que la mujer podía ser un hombre y el marido no llegaba rezagado para ir a los bailes, sino que era en realidad su camello.

A Xavier Valiño (Cospeito, 1965) ya se lo advirtió su tutor, Xosé Luis Barreiro Rivas, al comenzar la tesis: "Tenga en cuenta que al final va a ser usted el mayor especialista del mundo en este tema". Es el primer investigador que se mete en un fregado, que, a diferencia del cine y de la literatura había quedado ignorado por los académicos. Ahora, gracias a este trabajo Censura en la producción fonográfica durante el franquismo, ya aplaudido en tribunal, y que enseguida verá la luz en forma de libro en la Editorial Milenio, los amantes del sonoro pueden aprender con humor los cuarenta años de memoria histórica robada o manipulada por los zafios dedos del batallón censor, que hurgaba en la banda sonora de una época convulsa.

Éstas eran las pautas: "Ataca la moral y el dogma? La Iglesia y sus ministros? El régimen y sus instituciones? Las personas que colaboran o colaboraron con el régimen? Los pasajes censurables, califican el contenido total de la obra?"

Inmoral, obsceno, de mal gusto, erótico, pornográfico... Relata la tesis de Valiño que la censura moral de los textos de la producción fonográfica durante el franquismo se centró casi exclusivamente en el sexo y en todo aquello que tenía que ver con las relaciones de pareja.

Ejemplos: En el disco Tapestry (1971) de Carole King fueron censurados algunos temas: I feel the earth move: "canción ligera, aunque las palabras no son reprobables, su clímax, muy apasionado, puede hacer que la interpretación resulte fuerte". It's too late (Es demasiado tarde): "las palabras tienen doble interpretación, lo que lo hace peligroso". Where You Lead (Donde me guíes): "remata en la última estrofa citando en forma muy directa relaciones íntimas". Will you love me tomorrow (Me has de amar mañana?): "inmoral". El término erotismo es empleado una y otra vez como en el caso de las canciones It's so hard (Es tan duro) y Oh Yoko! (Oh, Yoko!) del disco Imagine (Imagina, 1971) de John Lennon. De la primera, el responsable del servicio resalta: "Oh, Yoko! Mi amor te encenderá en medio del baño". De la segunda, los versos señalados son estos: "Tienes que tener satisfecha a tu mujer. Pero es tan duro, realmente es duro".

Un caso curioso es lo de la canción Je t'aime... mais non plus, single compartido por Jane Birkin y Serge Gainsbourg, y que fue un escándalo en toda Europa por los arquexos de su cantante femenina. En el Estado español, al llegar todas las canciones para ser visadas por la censura con sus textos, se autorizaban siempre las que fueran instrumentales.

Y eso es lo que pasó en este caso; en el expediente queda claro que "se aceptan como autocensuradas, la reserva de la audición del disco". Una vez publicado el disco, y después de descubrirse sus arquexos, fue retirado de la circulación.

Por otra parte, la censura también se aplicó a las portadas. Tal como escribe Valiño, todo artista que se preciara cuidaba con esmero las cubiertas de sus discos, pensadas y diseñadas hasta el menor detalle por diseñadores gráficos con la intención de expresar la intención artística y rupturista del grupo musical. Los grupos de rock psicodélico y sinfónico focalizaron su interés artístico y promocional en el formato del LP con esmerado diseño, convirtiendo estos álbumes en un lujo inimaginable apenas unos años antes, relegando así el single a la promoción de los éxitos en las radiofórmulas. En 1954, discos Columbia fabricó en España los primeros discos microsuco de vinilo. En pocos años, el disco de cuatro canciones o "extended play" revolucionó el mercado de la música moderna y la concepción del diseño de sus cubiertas. Junto a los nuevos portadistas españoles, irrumpieron los mejores diseñadores internacionales, que dieron una nueva dimensión al arte gráfico y publicitario de los años del desarrollo acelerado español. La finales de los años 50 aparecieron los primeros programas radiofónicos y revistas musicales: Discomanía y Discomoder. A continuación apareció la revista Discóbolo, publicándose ya en negro y blanco o giradas en color sepia. Ya entrados los años 60 se empezaron a publicar Teleguía, Mundo Nuevo, Fans o Fonorama, editadas ya en colores y papel cuché. Los discos pequeños fueron los primeros referentes modernos de la generación nacida tras la Segunda Guerra Mundial. Junto al tocadiscos de maleta y el pequeño transistor, los discos microsuco son el fetiche que simboliza la evolución de la sociedad de posguerra, sobre todo para los nuevos españoles que accedían, tras décadas de guerras y el período de la autarquía, a la sociedad de masas y al consumo de los nuevos electrodomésticos.

Y, poco a poco, la medida que aumentaba el poder adquisitivo de la sociedad española, fueron apareciendo los tocadiscos estéreos, las nuevas cadenas con altavoces y los discos grandes o LP. Con la popularización del long play, los discos pequeños dejaron de ocupar el lugar central en las discotecas, hasta que desaparecieron a comienzos de los años 70. En medio mundo, la aparición del LP Sgt. Pepper?s Lonely Hearts Cllub Band de los Beatles en el año 1966 marcó el inicio de ese cambio sociológico. El LP se convirtió en el objeto más preciado de los chicos, y aquella portada, diseñada por el artista pop Peter Blake, se convirtió en un referente imprescindible para artistas y músicos de los años 60.

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