EDICIóN GENERAL

Los expertos abogan por reducir y estabilizar la población humana para proteger el planeta

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La economía es una clase de ecosistema particularmente complejo. Termodinámicamente podemos decir que es una clase de estructura disipativa (ver la obra de Prigogine). Las estructuras disipativas son sistemas termodinámicamente abiertos que pueden crecer, desarrollarse y evolucionar gracias a la circulación a través de los mismos de los flujos adecuados de energía y materia. Es decir, que la economía crece - o puede crecer- al consumir energía. Si se consume energía - del tipo y al ritmo adecuado- eso se va a trasladar en crecimiento poblacional y/o en aumento de salarios, más empleo, y también nuevos tipos y sectores de trabajo. Si la energía (y los materiales pertinentes) no entran al ritmo adecuado por el sistema, empiezan a aparecer los problemas; problemas muchos de los cuales llevamos experimentando desde hace un tiempo y especialmente desde la última gran crisis (ver Gail Tverberg). Si el flujo de energía y materiales que entra es 'raquítico' para las necesidades del sistema, el riesgo de colapso es claro (ver Joseph Tainter). Cualquier organismo vivo es también una clase de estructura disipativa: podemos concebir a la economía como un súper-organismo.

Al sistema, consumir energía le cuesta energía: evidentemente la clave está en el superávit logrado al explotar ciertas fuentes de energía. El problema es que cada vez nos cuesta más consumir esa energía: experimentamos rendimientos decrecientes en la producción/extracción de energía de nuestras principales y vitales fuentes, los combustibles fósiles. Este fenómeno acaba llegando a nuestra 'cotidianidad' y se traduce en los distintos problemas de inestabilidad política, social, y dificultades económicas que muchas economías en el mundo están experimentando.

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