EDICIóN GENERAL

Violencia de género: maltratadores y la cárcel

#30 Me sé otra: abusos sexuales. Eran dos menores de en torno a diez años, de un barrio muy pobre. La madre dijo que el niño había violado a su hija. Declara la niña a puerta cerrada. Pregunta el juez (un zopenco de cojones):

- Entonces, dime, guapa, ¿hubo penetración?
- ¿Lo qué?
- Si hubo coito.
- Ah, sí, claro, coito y coito.

(Yo era pasante y acompañaba a la abogada de la defensa, que veo que se crispa hasta que interrumpe):

- Perdón, Señoría, pero creo que no le está entendiendo. Vamos a ver, mona, ¿a ti te metió su pito en tu chichi?
- ¿Eso? Buá, ¡qué asco! No, me daba besos en los labios y me metió un poquito la lengua, el coito, como decía el juez.

Esta anécdota me gusta recordarla sobre la importancia de que los jueces se expresen en lenguaje llano cuando es necesario.

menéame