EDICIóN GENERAL

26 años viviendo con el hombre que les borró el rostro

#26 Joder, Síndrome de Estocolmo, de libro, con buenísima dosis de indefensión aprendida (y MUY aprendida, y reforzada por el entorno). Vuelve a leer:

El taxista la convenció para que fuera con él a ver a un abogado que ofrecía sus servicios gratis. Un par de semanas más tarde, la Policía detuvo al señor Mahor. Geeta se echó a llorar, esta vez de alivio.

Sin embargo, durante los meses siguientes el ambiente en el barrio se fue volviendo en su contra. Geeta oía a la gente cuchichear. Era una desgraciada, decían. Un monstruo que había traicionado a su marido. Geeta intentaba ignorar aquellos comentarios, pero la mala conciencia no la dejaba dormir. Un día llegó una tarjeta. Era del señor Mahor. Con una caligrafía irregular, le decía que lo sentía mucho, que estaba dispuesto a pagarlo todo, los tratamientos, las medicinas, que solo tenía que retirar la denuncia. Pero si no lo hacía, añadía, las mataría a todas. Al preguntarle hoy a Geeta cómo pudo retirar la denuncia, en sus ojos se percibe desamparo. «Entonces era una mujer distinta. Todos me presionaron. No tuve elección».


Si se quedan solas, se convierten en propiedad común para violaciones, palizas y abusos del barrio o de gente de fuera (son dalits, o sea, intocables). Ya en el barrio se lo dejaron clarito. Luego tienen que vivir con él. Y si tienen que vivir con él, no pueden vivir odiándole del todo: tragar es un mecanismo de defensa, les darían varios infartos.

Lamento que no te dé pena, porque no han escogido su situación. Las han encerrado con un abusador, y sencillamente, 26 años viviendo con alguien así, o revientas y te lo cargas, o tienes que irte al doblepensar para sobrevivir. Si la hija recuperara la vista y se pudiera sacar una carrera y tener un buen trabajo y llevarse a su madre a un sitio donde su padre no pudiera amenazarla de muerte y no estuviera insegura en el barrio de mierda, le daría la patada al puto viejo de mierda en cero coma dos segundos.

Y la prueba de que no lo quiere, sino que lo tolera, es cuando la hija dice "no pienso hacer de enfermera". Al menos ése se pudre sin que le quiten la mierda del cuerpo, que se lo merece.

Mil millones de interneses para el taxista y el abogado (ambos varones) y otros tantos para todos los de la ONG que les ayudaron.
#52 Bien argumentado.

menéame