EDICIóN GENERAL

No te abstengas, VOTA

#32 Si la gente como tú hiciera caso a esas pegatinas, otro gallo nos cantaría. No hace falta meterse en un partido, ni votarlo, para cambiar las cosas a mejor. En este país se han cambiado más cosas a través de medios no electoralistas* que a través de partiditos y elecciones. Desconocerlo es una muestra de ignorancia grave sobre nuestra propia historia, así que no deberías burlarte de esas pegatinas tan alegremente.

es.wikipedia.org/wiki/Anarcosindicalismo
es.wikipedia.org/wiki/Huelga_de_La_Canadiense

Y por cierto, flipante cómo en sólo cuatro años el enemigo a pasado a ser el PP. ¿Dónde quedó aquello del PPSOE, del #nolesvotes y del "la misma mierda son"? ¿El PSOE ha pasado a ser un mal menor al ver que podría llegar a ser un socio de gobierno? :roll:
#242 Que las cosas se puedan cambiar en la calle no excluye que también se puedan cambiar votando. ¿Por qué no ambas?

Ejemplo claro que te voy a poner: ¿de verdad piensas que cortar al máximo la financiación con dinero público de la derecha no les va a hacer daño?
#251 Sí, sí que lo excluye. No hay más que ver lo que ha pasado en Barcelona con Ada Colau y el conflicto de los trabajadores de metro y la CGT, o la reacción de Ahora Madrid de denunciar a los titiriteros. El voto es incompatible con un cambio real.

Y te repito que mi objetivo no es hacer daño a la derecha. Sería muy corto de miras por mi parte.

#260 Te remito a este mismo comentario mío, y añado: si las formas alternativas al voto han demostrado ser más útiles que las estrategias electoralistas, ¿por qué tanta insistencia en el voto y tanto ataque a los que no votan?
#265 Entonces, Neotobarra, cuanto peor mejor?
#271 Por supuesto que no, ¿de dónde sacas eso?
#273 Se lo he escuchado a varios anarquistas dogmáticos, que en el momento en que estemos casi con los clavos en el ataúd, reventaremos de ira y esto se vendrá abajo. Y me lo decían en serio.
#275 Bueno, pues yo no pienso así. Si tienes interés por saberlo, mis motivos para no votar los explicaba bastante mejor este compañero:

www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?p=397286&sid=c2bc3c9d0
El argumento de que votando "legitimamos la democracia", como si a sus valedores les importásemos lo más mínimo a la hora de desarrollar sus programas, es tan recurrente como pobre entre nosotros. Más aún, limitar el discurso al "no votes para no legitimar al Estado" es casi tanto como promover la abstención pasiva, incluso si a renglón seguido se vanagloria la abstención activa; supone un salto argumental difícil de captar, y es de sobra sabido que tal cosa (la abstención pasiva, quiero decir) no tiene nada que ver con el anarquismo. No hace mucho me contaba un amigo universitario que en las elecciones al claustro la abstención no baja nunca del 85%, y sin embargo los comicios siguen celebrándose. Algo parecido, aunque con cifras menos escandalosas, ocurre en muchos lugares de trabajo con las elecciones sindicales, y sin embargo esto no hace que se tambalee el actual sistema de representación sindical. Por ello, no veo qué debería inducirnos a pensar que a nivel parlamentario pudiera suceder algo diferente.

Sin embargo, no estoy tampoco de acuerdo con quienes piensen que votando a los partidos "de más a la izquierda" están recurriendo a un mal menor en tiempos especialmente duros. No lo estoy por dos motivos: primero, porque si estos tiempos son duros, y por ello es concebible un recurso electoral, no se explica cómo desde sus mismos albores ha sido el movimiento libertario abstencionista. Estos tiempos serán duros, sin duda, y precisamente porque las injusticias siguen estando a la orden del día seguimos luchando, pero más duras eran las condiciones de épocas anteriores sin por ello recurrir necesariamente (siempre hubo quien sí lo hizo, tampoco es mi intención ocultarlo) a esta argumentación.

En segundo lugar, no estoy de acuerdo porque nunca estaremos en condiciones, a mi juicio, de establecer con certeza hasta qué punto acertamos al calificar esta o aquella candidatura de "mal menor", cuando precisamente aceptamos ya de entrada que según nuestros principios éticos y políticos se trata de un mal. Entiendo perfectamente cuál es el razonamiento de quienes están seguros de acertar con su mal menor, y es que en el plano de lo inmediato, un partido concreto puede lograr desde el parlamento alguna pequeña reforma que en lo material y a corto plazo suponga una mejora en las condiciones de vida de los más perjudicados por este orden social. Se puede, y aun así supondría una bronca parlamentaria enorme, con el consiguiente gasto de energías, lograr un mayor control de los despidos, que a día de hoy son libres (todo, salvo contadas excepciones, se soluciona con una mayor o menor cantidad de dinero). Se pueden alcanzar unas condiciones menos inhumanas para los presos. Se puede avanzar en la gratuidad de la enseñanza, por ejemplo haciendo que los libros de texto no cuesten dinero a quienes lleven a sus hijos a la escuela pública. Y sin embargo, por lo mismo que los anarquistas debemos rehuir el purismo absurdo que conduce a la inacción más insultante y a la crítica destructiva de lo que hacen otros (lo que suele llamarse la torre de marfil), tarea en la que nos falta mucho por andar, creo que otro tanto debemos hacer con el pragmatismo a ultranza. Los programas de lucha, fuertemente apegados a la realidad, y el programa de máximos que tenemos, no deben jamás ser considerados por separado sino como partes complementarias la una de la otra que no tienen ningún sentido si se las disocia.

Es por este motivo que considero que no podemos analizar sólo nuestras reivindicaciones concretas para ver si éstas coinciden con el programa de alguno de los partidos de los que hablamos (que seguro que sí) y en función de ello considerarlos "mal menor" porque nos irán consiguiendo algunas de nuestras exigencias, ya que una lucha concreta no puede ser jamás considerada de forma aislada, sino como parte de un movimiento general. En este sentido, una misma victoria puede ser un verdadero avance, un paso atrás encubierto, o ni una cosa ni la otra, en función de cómo se consiga, y soy de la opinión de que cuando el logro se obtiene a través del parlamento, cuya propia fisionomía orgánica le impide hacer nada que no sea conceder, podemos afirmar sin que suponga incurrir en nada descabellado que, con mucha probabilidad, nos hallaremos ante un retroceso o un estancamiento del movimiento previamente existente. A finales del siglo XIX (y pido disculpas por remontarme tan atrás en el tiempo cuando se trata de una discusión de rabiosa actualidad) el Movimiento Obrero se dividió, grosso modo, en dos tendencias; la antiparlamentaria o anarquista, encarnada por italianos, españoles y parte de los franceses, y la socialdemócrata, cuyo principal baluarte fueron los alemanes, y también otra parte, bastante más minoritaria, de los franceses (guesdistas, broussistas, los últimos blanquistas, etcétera). La postura de los socialdemócratas, algunos de ellos de procedencia verdaderamente obrera, como Bebel, era la siguiente: fortalezcamos los sindicatos a la par que nuestra posición en el parlamento, para que éste posibilite el camino de aquéllos a la revolución y los guíe por la senda del "socialismo científico" cuando llegue el momento. Bien pronto obtuvo sus primeros éxitos la socialdemocracia, consiguiendo mejoras tibias para los trabajadores en un marco de relaciones que seguía siendo indiscutiblemente capitalista, y, sin embargo, bien pronto se estancó también. No obstante, sí que es cierto que Prusia (luego Alemania en buena parte) fue el primer bosquejo del Estado del Bienestar, lo que propiciaba para sus trabajadores unas condiciones, ya en la década de los 80 del siglo XIX, inimaginables para la España de medio siglo después. Por lo tanto, un análisis de la situación hecho con las miras puestas a corto plazo, hubiera indicado que la socialdemocracia era, sin duda, un mal menor. No pretendo reivindicar lo contrario, el "cuanto peor, mejor" porque también podríamos dar ejemplos contrarios (caso de las dictaduras fascistas), pero desde luego, estoy muy lejos de sentirme seguro a la hora de aceptar la idea del "mal menor", y por ello creo que debemos fomentar el abstencionismo.

Es aquí donde se ve bien lo que quería decir. Pese al derecho de asociación que a duras penas fue suspendido hasta la llegada del nazismo, pese a los subsidios por desempleo y otras medidas de protección social, la socialdemocracia fue incapaz de generar un movimiento popular responsable de sí mismo y autosuficiente, y esto no por un error en el cálculo de su estrategia política, sino por su propia esencia, mientras en una España muchísimo más pobre y con una legislación más asfixiante para el movimiento obrero se había forjado una auténtica herramienta de combate diario a través, en buena parte, de principios y prácticas anarquistas. Resulta imposible, mediante la concesión, educar para la conquista. Y es a esto a lo que yo me refería al hablar de la "legitimación" que supone votar para obtener males menores. No aludía a una legitimación del Estado ante sí mismo o ante los demás, ni siquiera del partido. Se trata, y por eso precisamente me parece peligroso desde el punto de vista anarquista, de una legitimación ante nosotros mismos. Se trata de que, en el momento en que asumimos que votando podemos obtener un rédito, por nimio que sea, nos estamos negando la posibilidad de alcanzar eso mismo mediante la lucha popular, cuyos incentivos no provienen de los partidos, que viven necesariamente "arriba", sino de las gentes que malvivimos "abajo", y que estamos llamadas a hacer nuestra esta batalla.

Lo mismo que los anarquistas que militamos en la CNT promovemos la abstención en las elecciones sindicales, aun cuando nos vemos solos y sin posibilidad, por el momento, de arrastrar a otros con nosotros (donde también sería aplicable la idea de votar al menos malo ante la imposibilidad de generar de inmediato una dinámica al margen del parlamentarismo obrero). Creo que así también debemos actuar en todos los ámbitos. Si se trata de una reclamación en el ámbito local, tejamos movimientos vecinales; si se trata de arrancar al Estado medidas generales, toca trabajar por movilizaciones más generales, pero siempre desde abajo.

Lo que nunca, nunca debemos hacer según mi criterio, es dar cabida al voto parlamentario entre nosotros, independientemente del esfuerzo que dediquemos o dejemos de dedicar a campañas por la abstención.

Y en cualquier caso, suerte a quienes pensando diferente que yo, actúan con el mismo deseo emancipatorio. El tiempo dirá.


Y con esto me piro, ya leeré las respuestas.
#265 Cierto, no ha habido ningún cambio en Madrid y Barcelona, sigue todo igual. No solo eso, los trajes de los Reyes Magos son una vergüenza, es imperdonable.
#307 Por supuesto que sigue igual. Es más, en algunas cosas se ha ido a peor, sobre todo en Barcelona. No hay más que ver el asunto de los trabajadores del Metro, o el desalojo del Banc Expropiat. Y la PAH ya ha criticado a Barcelona en Comú por no hacer todo lo que debiera en el tema de la vivienda, que precisamente fue el que la puso donde está ahora.
#242 cierto, lo que no quita que se pueda votar también para mejorar las condiciones de juego y del tablero, no?

menéame