EDICIóN GENERAL

Cuando sea vieja, me moriré. Opinión de una médico sobre alargar excesivamente la vida

El ser humano nunca se ha resignado a que la realidad se le imponga. Quiere mejorar, quiere vivir mejor y más. Por eso hemos llegado hasta donde hemos llegado, con nuestros claros y nuestros oscuros. Y no vamos a renunciar a intentarlo porque esta señora se resigne. Otra cosa es que la vejez se haya estigmatizado, lo cuál es un debate totalmente diferente. Si puedo tener a mis padres con salud y calidad de vida más tiempo, no renunciaré a intentarlo, yo y ellos. Su pérdida es irremplazable. Siempre y cuando ellos lo deseen así.

Cruzamos mares en el pasado para ver qué había más allá, iremos a otros planetas en el futuro, y si resulta que conseguimos vivir 120 años con la calidad de alguien de 70, lo haremos. Por mucho que haya personas que se empeñen en que no. No es mantener una vida quejosa y dolorida de forma artificial lo que se pretende. En esto podemos llegar a estar de acuerdo.
#29 El artículo no habla de resignarse a la muerte o renunciar a intentar prolongar la vida en condiciones dignas. Va en contra de intentar mantener con vida a toda costa a personas que han llegado a su límite y a las que unas semanas más de vida sólo les van a aportar sufrimiento a ellos y a sus familiares. Creo que queda bastante claro en este párrafo, por ejemplo:

Resulta inaudito ver las listas de medicación de personas tan extremadamente deterioradas que ni saben para que son sus 20 pastillas ni las pueden tragar, resulta trágico ver a ancianos sometidos a procedimientos agresivos (endoscopias, implantación de marcapasos….) cuando están tan demenciados que no pueden firmar su propio consentimiento, resulta dramático saber de personas muy mayores que permanecen atados a las camas para evitar que se arranquen las sondas naso-gástricas que les alimentan artificialmente; resulta desgarrador clavar vías y hacer radiografías a pacientes que clínicamente están dando sus últimas bocanadas; resulta inhumano comenzar antibióticos o trasfundir sangre a alguien que dejó de reconocer a su familia o saber su nombre hace una década.

menéame