EDICIóN GENERAL

La sombra del fraude se cierne sobre el Instituto Cervantes

Los directores de los sesenta y tantos centros del Instituto Cervantes en el exterior están nombrados a dedo. Sesenta y tantas personas cobrando sueldos de alta dirección, con pasaporte diplomático, dietas y mudanzas pagadas cada cinco años que entran y salen igualito que se entraba y salía del gobierno en "La escopeta nacional". Pago de favores políticos, venganzas, agradecimientos mediáticos y colocación de amiguetes que a veces no conocen ni el idioma del país al que les destinan. Y la segunda parte es verlos en acción. Concejales, consejeros de comunidad autónoma, traductores, poetas, etc. convertidos de la noche a la mañana en diplomáticos en el extranjero, en gestores de presupuestos en paises con ordenamientos jurídicos de su padre y de su madre y en jefes de plantillas de entre diez y cincuenta trabajadores. Auténticas bombas de relojería. Cuentas que no cuadran, malestar en el país por meteduras de pata o chulerías del personaje, conflictos con la propia embajada de España, acoso a los trabajadores... En algunos centros se consideran afortunados si en vez de "hacer su trabajo" los directores se limitan a hartarse de comer a costa del erario público, escribir sus cosas y traerse a todos sus amiguetes a dar conferencias. Por supuesto, se cumple el principio de que un político nunca va a admitir que ha puesto a dedo a un incompetente o un caradura, así que por muchas tropelías que cometa un director, "la casa" siempre lo protegerá, con lo que la bola puede crecer hasta dimensiones monstruosas.
De acuerdo con todo lo que dice #27, perdona que no te pueda votar, pero no me deja el móvil.

menéame