El PSOE está en plena campaña electoral; con el mismo descaro que en su día Gonzalez proclamaba "no a la OTAN," y luego nos metío en ella, Sanchez esgrime el "no a la guerra" pero "sí a la OTAN", financiando y alimentado la guerra de Ucrania, aprobó la ampliación de la base de Rota...
A niveles nacional, regionales, y locales YA están enviando propaganda electoral.
Hipótesis: Si al PSOE le va bien en las elecciones andaluzas, pueden adelantar las nacionales. Para aprovechar el slogan"no a la guerra", antes de que la población se sienta engañada; www.meneame.net/m/actualidad/no-tan-pacifista-sanchez-firma-convenio-p www.meneame.net/m/actualidad/gobierno-aprueba-otro-gasto-militar-29-6-
No olviden lo siguiente, para no sentirse engañados una vez más: "El Congreso ha rechazado oponerse al aumento del gasto militar y al plan de rearme de la Unión Europea (UE) con el voto de PP y PSOE, Sumar ha votado en contra de eso y ha apoyado que España abandone la OTAN. " www.meneame.net/story/congreso-avala-aumentar-gasto-militar-planes-def
y sin dar tiempo a que las izquierdas se unan.
Compatriotas si no quieren votar a los grandes partidos corruptos españoles, que han destruído la sanidad andaluza, con graves consecuencias (cribado de cáncer); ellibre.es/la-indignante-politizacion-de-la-sanidad-publica-en-andaluc; causan accidentes por falta de mantenimiento de las infraestructuras,...
Y si no les convencerían los otros partidos: tienen la opción de votar al partido Escaños en Blanco, que dejan los escaños vacios, ahorrandonos sueldos, dietas, privilegios de politicos que ya han probado su ineficacia y corrupción. Votar al partido "Escaños en Blanco" no es votar en blanco sin más: hay que coger una papeleta que reza Escaños en Blanco, los escaños que logran los dejan vacíos. Como votar a Escaños en Blanco: www.meneame.net/story/como-vota-escanos-blanco
No votar, nulo, o votar en blanco sin más, equivale a votar a los grandes partidos (PPSOE), con corrupción e inoperancia demostradas
El tema de los móviles y su descontrolado o excesivo uso por parte de la chavalada está de moda (por fin, ya era hora). Sin embargo, siempre termino arqueando la ceja cuando leo los comentarios de muchos usuarios en muchas de las noticias relacionadas. Los últimos han sido a propósito de esta noticia www.meneame.net/story/paso-paises-bajos-dos-anos-despues-prohibir-uso- , aunque vale cualquiera que hable del mismo tema.
Para mí los argumentos más aplastantes para que los chavales no lleven móvil, no al colegio o al instituto, no, sino que NO TENGAN MÓVIL de uso personal y continuo en absoluto, son argumentos médicos y científicos, y me da que éstos deberían de estar en el fragor del diálogo, pero no… En lugar de eso leo comentarios del tipo, “es que no se les puede prohibir, es su derecho”, “Es cuestión de educación, hay niños que saben poner el teléfono en silencio y no molestan a los demás con su uso en la escuela”, “a mí nadie me dice cómo educar a mi hijo”… Nadie hoy día podría esgrimir argumentos de este tipo para, por ejemplo, defender el uso del tabaco en menores, o el alcohol, ¿por qué sí con el tema del móvil?
El cerebro es un órgano que no termina de desarrollarse completamente hasta cerca de los 21 años. No es solo que “pasen mucho tiempo con el móvil”, es que ese tiempo está moldeando físicamente el órgano que dirigirá sus vidas. Por ejemplo, actualmente la mayor parte de la comunidad científica considera que, para adolescentes de 13 y 14 años, más de 2 horas diarias de ocio digital ya empieza a correlacionarse con cambios negativos. El problema no es la pantalla en sí, sino, entre otras cosas, lo que se conoce como “coste de oportunidad”: lo que el cerebro deja de hacer mientras está conectado. En el cerebro de los chavales, entre otras cosas, se está produciendo la poda sináptica (el cerebro elimina lo que no se usa para ganar eficiencia) y también se está llevando a cabo la mielinización (su cableado se hace más rápido). Estos procesos son potentísimos y generalmente acompañan un desarrollo del chaval en el que la socialización y el aprendizaje son el centro de su atención. Los móviles, pantallas, etc, conectados 24/7, están robando ese centro.
El Córtex prefrontal es nuestro “freno de mano” y no termina de madurar hasta los 25 años. Esta zona se encarga de planificar, de controlar impulsos y medir consecuencias; casi nada.
A mi me gusta ver el cerebro como otro miembro del cuerpo, como las piernas, por ejemplo… Vaya, casi que podríamos no usarlas para casi nada, como en la película Wall-e, total, podríamos ir a todos los sitios sentados en vehículos cómodos sin cansarnos, para qué usarlas… y acabarían atrofiadas, sin capacidad. Como hablamos de las piernas, los argumentos caen por su propio peso, usarlas nos proporciona autonomía y, ea, caminamos, es natural… pero el cerebro no lo percibimos con la misma naturalidad. Las redes sociales y los juegos están diseñados para producir ráfagas de dopamina, la hormona del placer inmediato, y si el cerebro se acostumbra a estímulos constantes y de fácil e inmediato acceso, el córtex prefrontal no se ejercita. Pero es que, además, hay consecuencias físicas demostrables causadas por esta exposición, como adelgazamiento prematuro del córtex cerebral, y un córtex más fino se traduce en una menor capacidad para gestionar la frustración y mantener la atención, entre otras cosas.
Este uso continuado no solo afecta al desarrollo de las estructuras cerebrales, sino a cómo nuestra chavalada se siente y a cómo se relaciona con el mundo. A menudo oigo cosas como que los “nativos digitales” pueden hacer muchas más cosas a la vez y, de nuevo, la ciencia lo desmiente: el cerebro no hace multitarea, hace “conmutación rápida” y esto agota la energía mental, reduce la capacidad de “memoria de trabajo” y, a la larga, dificulta que puedan profundizar en conceptos complejos o leer un libro sin sentir ansiedad. No me parece poca cosa…
Capítulos aparte, importantísimos, están el bienestar mental y las habilidades sociales. La socialización digital es “asíncrona” y editada, y está privada de millones de estímulos sensoriales que sí están presentes cuando hay contacto visual o lenguaje no verbal. El cerebro pierde práctica en leer micro expresiones y desarrollar una empatía más completa.
Hay un término súper duro que me llamó mucho la atención cuando lo conocí: “Soledad Acompañada”: Paradójicamente, cuantas más horas se pasan en redes, apps de mensajería, etc, mayor es la sensación de aislamiento y el riesgo de desarrollar ansiedad social. Esto va muy ligado a otro término muy jodido: FOMO. Tal y como se define en la red, copio y pego, “El FOMO (o Fear of Missing Out) es un tipo de ansiedad social caracterizada por el temor persistente a perderse experiencias, noticias, eventos o interacciones relevantes que otros están disfrutando. Se intensifica con el uso de redes sociales, generando la necesidad constante de estar conectado, comparación social y frustración”.
Mi opinión la tengo bastante formada ya.
Para mí, el principal problema es que el mundo adulto ya es presa de un uso abusivo y descontrolado de los móviles y sus ecosistemas; esto dificulta enormemente “ver” el problema, porque implicaría también reconocer nuestro propio problema de adicción y abuso. Si supiéramos educar a nuestra chavalada en que el uso del móvil vendrá a una edad más tardía, como el carné de conducir o el derecho a beber alcohol, quizás les sería más fácil, cuando llegase el momento, ser dueños de su atención, y no esclavos de un algoritmo.
Al final la sociedad reacciona obedece cuando se legisla. Pero, oiga, a mí que me legislen esto rápido, porfa. Eso sí, mientras tanto, no estaría de más incluir este tipo de argumentario en el debate creciente que ya hay sobre este tema en las calles, en los colegios y demás ámbitos.
Marcos había pasado veinte años cavando zanjas para la misma empresa constructora. Era el mejor de los suyos: puntual, resistente, silencioso. Cada diciembre, el capataz le entregaba su reconocimiento con una palmada en el hombro y una herramienta nueva, reluciente, más pesada que la anterior. Marcos la recibía con una sonrisa que ya no le llegaba a los ojos.
Fue en uno de esos diciembres cuando conoció a Valentina.
Ella no andaba buscando nada cuando lo encontró. Tenía su propio negocio, su propio apartamento, su propio criterio. A Marcos le desconcertó desde el principio que una mujer así quisiera pasar tiempo con él, que llegaba con las manos encallecidas y el vocabulario corto. Intentó compensarlo como sabía: invitándola a cenar en sitios que no podía permitirse, comprándole regalos que le vaciaban el sobre del sueldo. Valentina lo dejó hacer durante un mes. Luego, una tarde, le puso una mano en el pecho y le dijo: "Si sigues así, vas a arruinarte por alguien que no te lo pidió. Yo no estoy aquí por lo que tienes." Marcos no supo qué hacer con esa frase. La guardó en algún lugar sin entenderla del todo.
En el barrio donde vivía, la política lo llenaba todo. Los vecinos se dividían en dos bandos que se odiaban con una precisión admirable, como si el odio fuera el único oficio que dominaban. Marcos había pertenecido a uno de esos bandos durante años, sin cuestionarlo demasiado, porque pertenecer era más cómodo que pensar. Pero una noche, escuchando a dos hombres del bando contrario discutir, descubrió que repetían exactamente los mismos argumentos que los suyos, solo con los nombres cambiados. Sintió algo frío en el estómago. No lo llamó por su nombre durante mucho tiempo.
Su mejor amigo, o quien él creía que era su mejor amigo, era Rodrigo. Cuando Marcos perdió el trabajo -la empresa quebró un martes sin avisar- Rodrigo fue el primero en aparecer. Le dio un abrazo largo, le dijo que lo sentía muchísimo, que era una injusticia, que la vida era muy dura. Lo repitió en cada encuentro durante semanas. Pero cuando Marcos le pidió prestados trescientos euros para no perder el alquiler, Rodrigo encontró razones complicadas para no poder. En cambio, fue Dani, un compañero de trabajo con quien apenas había cruzado diez conversaciones en cinco años, quien apareció con un sobre sin que nadie se lo pidiera. "Devuélvemelo cuando puedas", dijo, y se fue sin esperar las gracias. Marcos tardó en procesar la diferencia entre uno y otro, pero cuando lo hizo, reorganizó mentalmente la lista de personas importantes en su vida.
Intentó, durante ese periodo, cambiar. Levantarse más temprano, leer más, hablar menos, controlar el genio que le había costado varios empleos anteriores. Su madre, que lo conocía desde antes de que él se conociera a sí mismo, lo miraba con ternura y escepticismo a partes iguales. "Eres como tu padre", le decía, y no lo decía como un insulto sino como una observación geológica, como quien señala que el río siempre vuelve a su cauce. Marcos se esforzaba. Algunos días lo conseguía. Pero el carácter volvía, puntual y terco, como el agua buscando su nivel natural.
Encontró trabajo nuevo. Mejor pagado, menos físico. Con el tiempo, Valentina y él construyeron algo que no tenía el dramatismo que él había asociado siempre al amor, sino una especie de calma activa que al principio confundió con aburrimiento y luego aprendió a reconocer como confianza.
Una tarde, ya con cincuenta años, Marcos estaba sentado en la terraza cuando su sobrino de veinte le preguntó cómo había aprendido todo lo que sabía. Él lo pensó un rato. Pensó en las zanjas, en los billetes regalados innecesariamente, en los dos bandos del barrio gritándose lo mismo con diferente bandera, en Rodrigo y su compasión vacía, en Dani y sus trescientos euros silenciosos, en el carácter que nunca terminó de domar del todo.
"Tarde", respondió simplemente.
El sobrino no entendió. Marcos tampoco esperaba que lo hiciera.
menéame