«Lo malo de tener la convicción de estar en posesión de la verdad absoluta narrada en papel por un ser supremo es que todos los demás están equivocados, y la principal víctima de esa creencia resulta ser la vida normal de los demás, la suya, la mía. Y si no se lo creen, vayan a comprar preservativos a Navarra, donde parece ser que un número nada despreciable de farmacéuticos dejan que sea la mano de Dios, y no la suya, la que se coloque tras el mostrador.»
menéame
No creemos en sus dioses y leyendas, que se vayan.