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La tierra de los niños envenenados

Riesgo inminente de óbito», decía el último parte médico de Gonzalo, eufemismo que indicaba que el bebé, a sus dos meses y 27 días, podía morir en cualquier momento. En su diagnóstico se leía «malformación craneoencefálica», entre una marea de términos médicos. Las estadísticas dirán más tarde que es uno de los siete entre mil casos que nacen así, pero su padre, Pedro Mores, y otros como él creen otra cosa. El pequeño Gonzalo se gestó en uno de los tantos pueblos de Argentina expuestos a las fumigaciones con agroquímicos.
etiquetas: argentina, pedro mores, agroquímicos
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