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En las casas han entrado comidas nuevas, exóticas, complejas: a través de los programas de cocina de la televisión, de los (pocos) reportajes en la prensa, de los lineales del supermercado, de los nuevos restaurantes que van abriendo. Han tenido un efecto positivo, seguramente: ampliar los gustos, educar (bien o mal) el paladar, hacer conocer ingredientes exóticos y popularizar otros poco cercanos. Pero ¿han mejorado la calidad de nuestra cocina? ¿Cocinamos más? ¿Mejor? ¿Comemos mejor? Yo veo dos posibles efectos negativos.
menéame
1- Confunde el autor tocino con velocidad. Exótico o elaborado no significa caro o especial. Este viernes hice para 6 personas una cena. Primero, pasta negra con gulas, gambas, setas y conchas. Segundo, muslo de pavo a la mamá de mua. Vale que no suena muy exótico, pero otro día la pasta podía ser con dátiles y especias orientales, o bien algo de bortha y humus con pan ácimo, o un delicioso cebiche peruano con choclo.
Coste por persona: 4,85 euros. Contando el melón del postre, y que tuve que comprar las especias para cocinar en casa de un colega que no es lo suyo esto y no tenía, y luego le quedaron a el.
2- Vaya sarta de tonterías en las comparaciones. Un platazo de lentejas no es más humilde que un guacamole, ni tardas menos en hacerlo.
3- ¿el autor sabe cocinar? me pregunto.