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Cientos de policías velaban por la seguridad en Lhasa, la capital del Tíbet y escenario de la revuelta que se inició el 10 de marzo de 2008, cuando monjes tibetanos salieron a las calles para conmemorar el aniversario de la insurrección antichina de 1959. Autos policiales y militares patrullaban este miércoles la capital tibetana para impedir un nuevo brote de violencia como el del 14 de marzo de 2008, cuando los tibetanos atacaron a los chinos de etnia han, mientras algunos comercios cerraron sus puertas.
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