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Una fría mañana de hace 120 años atrás, en la oficina postal de Albany, New york, los trabajadores que se encontraban catalogando las bolsas del correo hallarían un paquete muy particular. Se trataba de un cachorro. Owney sería llamado, y se criaría entre paquetes y bolas con sobres y notas. Rápidamente descubría que los trenes eran un excelente refugio al frío neoyorquino. Refugio que, curiosamente, siempre lo hacía despertar en un lugar distinto del que se había ido a dormir. Seguir leyendo la historia...
menéame
iba a decir que con los humanos no lo harían y me he acordado de Lenín y algún otro que también lo han exhibido así,...
piensa #2 que puede ser una forma de clonar ahora el perro
#6 calla, calla, que ese capítulo me traumatizo, casi me cayó la lagrimilla y tó...
Muy curioso, la verdad.
#12 y yo!
yo es que soy mu de animales
Aunque yo no lo hubiera enbalsamado.
Vinieron a España, y, al volver a ponerse en contacto con su vecina, ésta les comunicó que el perro se había escapado y no sabía nada de él.
El matrimonio quedó muy apenado, ya que tenían mucho cariño a su perro y todo indicaba que no lo volverían a ver. Pero la sorpresa fué mayúscula cuando al cabo de unas semanas se encontraron a su mascota esperando en la puerta de la casa donde vivían. El animal había seguido el rastro y se vino andando desde Alemania.
Ya digo, no sé si es verdad, pero si lo fuera, qué impresionante, no?