1958
Sesenta y tantos, mujer delgada, de aspecto débil. Aquella señora elegante salió aquella tarde de la peluquería, bella, hermosa, contenta, pero la “felicidad” (si se le puede llamar así) le duró 15 minutos. Justo el tiempo que tardó en llegar a su casa y encontrarse con él, su marido, un hombre algo mayor que ella, con un carácter indescriptible. Un maltratador. Aquella tarde simplemente no le pareció bien el corte de pelo de su mujer, ni el color del tinte, así es que cogió las tijeras e hizo con su pelo lo que quiso
menéame
Me parece perfecto. Pero hay muchas mujeres que no han tenido el coraje que has tenido tú. Eso no les hace más cobardes a ellas.
Cada circunstancia depende de muchos factores (trabajo, educación, situación anímica, años y años de vejaciones).
Eso sí, lo que no deberías hacer es juzgar cualquier situación de violencia pensando que todas son iguales a la tuya propia.
No se si es el caso, pero quizá tú tenías apoyo moral, económico, etc. una vez abandonaste a tu pareja... y puede que esta mujer del relato no lo tuviera.
Entonces dime si es muy fácil abandonar a tu marido, a riesgo de que te mate, sin tener a nadie a quien acudir (me refiero a alguien más cercano que una casa de acogida), con la autoestima destrozada y sin ninguna fuente de ingresos económicos. Porque en muchos casos lo que ocurre es eso: que el marido la va degradando de forma muy sutil, la separa de amigos y familiares y consigue que deje de trabajar, convirtiendo su casa en su cárcel, no vaya a ser que conozca a alguien que le ayude a abrir los ojos y dar el paso.