[c&p] En términos generales, nuestros datos apuntan a que el colectivo marroquí está mejor integrado en la vida cotidiana de la capital catalana que sus compatriotas en Madrid: se sienten muy identificados con la ciudad, muestran niveles de asociacionismo mucho más elevados ..., y alcanzan niveles de convivencia intercultural en sus redes sociales muy notables. Sin embargo, o precisamente por esta mayor integración social, el colectivo marroquí de Barcelona percibe de manera mucho más clara la discriminación y los prejuicios de que son objeto.
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4. Lo fundamental son las distintas medias de años transcurridos desde la llegada a España, de 8 en el caso de Madrid y de 12 en el caso de Barcelona, con un 14% de marroquíes en Madrid casi recién llegados (hace dos años o menos) frente a un 2% en Barcelona. No es de extrañar, entonces, que el apego a la ciudad pueda ser algo menor en el caso de Madrid, pues llevan viviendo en la ciudad cuatro años menos que en Barcelona. Y tampoco extraña, entonces, el menor nivel de asociacionismo, pues la pertenencia a asociaciones debe de aumentar con la estancia en una localidad, por la mayor estabilización de lazos de todo tipo que eso conlleva. Tampoco extrañaría la mayor presencia de hogares mixtos en Barcelona, pues, de nuevo, es más probable establecer lazos con gente distinta cuanto más tiempo se lleva en un sitio y más ocasión, por tanto, ha habido de conocer a esa gente.
5. En relación con el tiempo de estancia está la situación legal del entrevistado, que revela una mucho mayor estabilidad en Barcelona, con un 36% que disfruta de un permiso de larga duración (más de 5 años), frente al 10% en el caso de Madrid. De nuevo, cuanta más estabilidad, más integración, ceteris paribus.
Saludos
Respecto al blog enlazado, un análisis excelente. Hay que tener mucho cuidado con las estadísticas, si se les miran las tripas muchas veces resulta que lo que parecen conclusiones evidentes no lo son tanto.
Barcelona es una ciudad más mediterránea que Madrid y el catalán está más cercano al francés, que muchos magrebíes conocen como segunda lengua.
En muchos sentidos, Barcelona se parece mucho a algunas ciudades francesas. Y la gente del Magreb conoce Francia desde hace años, debido a la influencia francesa en su zona.