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El mundo está lleno de locus amoenus, pero muchos no sabemos aprovecharlos. El mundanal ruido puede ser agotador en ocasiones, y de vez en cuando me trae a la memoria otro de mis sueños: disponer de una bonita casita perdida por los montes de Asturias, donde salir y tumbarme sobre la hierba. Mi propio locus amoenus. Dormir bajo la luz de las estrellas (¿quizá al lado de alguien?), escuchar el murmullo de una fuente cercana, sentarse a reflexionar… ¿No es acaso extraordinario?
menéame