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"No hay mucha diferencia entre ser un preso y ser un enfermo mental, o al menos eso creo. Nunca he estado en la cárcel, pero si en centros como este. Comes cuando te dicen que comas y [..]. Quizás la única diferencia entre ser un recluso y un enfermo es que a los primeros los tratan como hijos de puta que merecían morir y a los “insanos” como si fuésemos retrasados, incapaces de decidir y pensar por nosotros mismos. Incapaces de decidir si preferimos vivir con nuestra locura o en el mundo que nos obligan."
menéame
Pero a ellos les da igual, me miran como si fuese una loca, que no niego serlo, bueno, al menos en parte. Loco. Una palabra interesante, misteriosa y hasta atemorizante. Quién está más loco, un ingeniero que sostiene que los extraterrestres le envían mensajes por medio de ondas al cerebro, un cura que piensa que hablando con el aire después de muerte no será comido por los gusanos por que una parte ilocalizable, no palpable de su cuerpo irá al cielo, un presidente mediocre que por sus propias ansias de poder lleva a un país a la guerra, siendo culpable de muertes y de otra nación destruida, quien se enamora y ve en el otro a su mitad perfecta… Quién esté libre de locura que tire la primera piedra.
Por cierto, qué final...
Pobre Isabel, aunq Berta se lo tiene merecido, por poner una falsa sonrisa en vez de expresar lo que de verdad piensa. Tal vez sea ella la que merece ser tachada de perturbada mental. Isa no está loca, sólo es los que ELLOS le obligan a ser: un ser sin voluntad, movido por instinto.
Hay muchos como Isa para los que la única locura está causada por los psiquiatras y enfermeras estúpidas. Odio a los psicólogos (y psiquiatras), y a la vez me encantaría ser uno de ellos. Porque siento pena, cuando una persona que tan sólo tiene otro modo de ver las cosas acaba siendo condenada; y me encantaría porder comprender y ayudar, a mi manera.
Otra referencia: Girl, Interrupted (Inocencia interrumpida), con Winona Ryder y Angelina Jolie.
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Me quedo con la "sórdida sinceridad" de este párrafo:
"
Qué me hizo, ¡ja! Qué le hice. Siempre me ha encantado el olor a hierro, pero el olor a hierro que rezuma la sangre, especialmente la ajena, claro. Romperle el vaso en su preciosa cara fue… fue… cómo explicarlo, fue una sublimación, fue dar rienda suelta a mis deseos, fue tener por tres segundos el jodido control sobre mi vida. Y aunque me suponga mil años de correas, sondas y vigilancia no me arrepiento. Fue como el mejor de los polvos, fue como follarse a dios. Sentí que toda esa furia se liberaba, salía de mí un momento para después retornar, más fuerte, más gélida. Es la mejor sensación del mundo. Coge aire, todo el que puedas. Mantenlo dentro hasta que notes que te empiezas a marear, notarás dolor, angustia. Aguanta un poco más y cuando sientas que revientas expúlsalo. Esa sensación, ¿la notas?, ¿liberación?, ¿paz?, llámalo como quieras, multiplícalo por infinito y te harás una idea aproximada de cómo me sentí yo. Cojonudamente."
Me recuerda mucho,(el texto en general,pero este párrafo en particular) al Club de la Lucha,esa sensación de rabia contenida...
El relato, desde mi punto de vista, pretende humanizar el personaje, mostrarnos su sufrimiento y dolor y permitir que nos pongamos en su papel, pero hay que admitir, sin juzgar ni creernos superior -lo que critica este relato-, que la tía está enferma.
El relato magistral.