2239
Ayer, pasando por una tienda de artículos religiosos en la calle Mayor, cerca de Sol, me quedé mirando el escaparate. Siempre lo hago. Supongo que espero ver algo hecho de madera cortado de forma simple, que cumpla su función y ya. En su lugar, ayer lo que vi fue un artículo con la etiqueta visible; si antes había estado allí, o no lo había visto o había preferido no verlo, para evitarme vergüenzas. La etiqueta bajo un sencillo caliz de oro para repartir ostias. Sólo espero que ese “5.989″ que se ve abajo sea el número de serie.
menéame
Y de la misma manera que el novio piensa que su futura mujer se merece eso y más, un creyente cree que su padre (Dios) se merece eso y más.
Ese tipo de objetos raramente los compra una iglesia, los suelen comprar feligreses que se lo regalan a una iglesia. Por eso no pueden venderlos para dar el dinero a los pobres... porque son cesiones de patrimonio, si lo vendieran el dinero tendría que ir a los feligreses que dieron el objeto en cuestion.
Por otro lado, Dios, el de verdad, no necesita oro, posee el mundo. Las ofrendas con objetos de oro a Dios termino por orden tajante un día a los píes del Monte Sinaí cuando Moises vió a los israelitas adorando un becerro de oro.
LLama a Rouco y se lo cuentas.