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“Es inequívoco. No es como aquellas tostadas en las que se puede apreciar lejanamente el contorno de la Virgen; en este papel se aprecia a Jesús con una nitidez pasmosa. No ya su cara, sino también sus ropas, sus pupilas y los rizos de su divina barba… Y, por si a algún escéptico o descreído sigue pensando que no se trata de Jesús sino de un imitador o del diablo haciéndose pasar por él, sólo hay que mirar en la parte inferior donde pone su nombre en mayúsculas”.
menéame