Desde hace dos décadas, un grupo de sondas ha tenido comportamientos extraños que ni científicos ni ingenieros pueden explicar. En diciembre de 1990, la sonda Galileo se acercó a la Tierra para tomar impulso en su viaje hacia Júpiter. Cuando los responsables de la NASA midieron el cambio de velocidad de la sonda, observaron que había acelerado 3,9 milímetros por segundo más de lo esperado.
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