Sugerente artículo de Gideon Rachman, brillante columnista de Financial Times, que reproduce Expansión. Según Rachman, el modelo económico dominante durante los 30 últimos años, surgido en la revolución Thatcher-Reagan de 1979-80, ha muerto. Dice que la actual crisis financiera tiene su origen en tres ideas que antes eran dogma: la promoción de la compra de viviendas, la desregulación financiera y una fe ferviente en la autoregulación del mercado. Todo esto, que se tradujo en bienestar durante 30 años, ha provocado el desastre.
menéame
Viene a decir que borrón y cuenta nueva. Donde dije desregulación, digo regulación. Donde dije libertad de mercado, digo normativa.
Viene a decir que ni los grandes gurús de la economía tienen la menor idea de cómo acabará esto.
Pero vamos, que el nombre de conservadurismo no lo he puesto yo, lo llama así el columnista de Financial Times.
Aquellos que ignoran al libre mercado están condenados a sufrir sus consecuencias...
No existe tal cosa como la mano invisible del mercado, lo que existe es el desastre cuando no hay regulación. Si tan cierto y verdadero es ese dios llamado mercado, el que haya hecho sus deberes (el que no haya contraído deudas, ni consumido por encima de sus posibilidades, ni comprado pisos a precios abusivos, ni especulado, ni hecho nada incorrecto) no debería sentirse preocupado, ¿verdad?
Los bancos centrales no han conducido a ningún exceso, ni ha habido estafa en el sistema bancario (¿dónde está la estafa?), no echemos balones fuera. Cuando un banco privado y un comprador de piso firman la hipoteca, firman ambos, junto con el constructor que vende el piso, sin que nadie les obligue. La única firma que no está ahí es precisamente la del banco central, porque no es necesaria, porque el mercado no está regulado.
Otro gallo les cantaría en USA si hubieran regulado el mercado financiero. Otro gallo nos cantaría a nosotros si hubiéramos regulado el mercado inmobiliario para que los precios de las viviendas no se hubieran triplicado en menos de 10 años, ni se firmasen hipotecas por más del 100% del valor de compra del piso (metiendo ya de paso los muebles y el coche nuevo en la hipoteca).
Lo que se ha hecho es precisamente seguir el "laissez faire" ("dejar hacer", el principio central del liberalismo), y así nos va.