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Las declaraciones del presidente de Telefónica en las que se mostraba dispuesto a acabar con el principio de la neutralidad de Red, obligando a buscadores y otras empresas rentables a pagar un tributo a los dueños de los cables han generado una intensa y previsible tormenta de críticas. Y bien pueden, porque las declaraciones son un grave error que demuestra que Alierta no comprende algo realmente vital para su cargo y su empresa: la naturaleza misma del poder.
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