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A finales del siglo XIX, al igual que había sucedido en otros lugares, alguien gritó a los cuatro vientos la palabra mágica desde un remoto lugar: ¡Oro! Las noticias sobre el descubrimiento de ricos yacimientos del valioso metal crearon una nueva fiebre, la conocida como del Yukón, Alaska o Klondike. En unos meses miles de aventureros, ávidos de riquezas, viajaron al lejano norte para exprimir hasta el límite las tierras aledañas al río Klondike y otros, como el arroyo de Bonanza, en el valle del Yukón.
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