Imagina que pudieras mirar a algo y recordarlo para siempre. Nunca volverías a preguntar por una dirección. Ahora un grupo de científicos ha aislado una proteína que incrementa espectacularmente la habilidad de recordar todo lo que vemos. Por cierto, los investigadores son españoles.
menéame
Por cierto, es 'ha aislado', no 'a'.
Pero el fondo de la noticia es de lo más interesante. Pocas cosas podrían cambiar el mundo más que un medicamento que mejorase así nuestra memoria. Aunque me pregunto si de verdad quiero recordarlo todo... hay cosas, al contrario, que me gustaría olvidar para siempre.
droga.
(Del ár. hisp. *ḥaṭrúka; literalmente, 'charlatanería').
1. f. Sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes.
2. f. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.
3. f. medicamento.
4. f. Can., Am. Mer. y Méx. Deuda, a veces la que no se piensa pagar.
5. f. Col. Persona o cosa que desagrada o molesta. Es droga, una droga, mucha droga
6. f. Ur. Cosa aburrida, tediosa o de mala calidad.
7. f. desus. Embuste, ardid, engaño. U. en Argentina.
#7 Ah, qué recuerdos... y sin inyecciones :D
Si olvidamos cosas es por que es NECESARIO. Al día nos llega excesiva información, tendríamos el sistema absolutamente bloqueado si recordásemos todo. Tardaríamos más en acceder a la información realmente útil, tendríamos problemas para procesar la información que queremos recordar y que queremos recuperar...
Yo le veo más futuro al fármaco entre quien no tiene memoria, amnésicos, personas afectadas de demencia, etc.
#9 Eso se soluciona con un disco duro más rápido; adiós a esos problemas de latencia de lectura. Y no vendría mal una desfragmentación de vez en cuando :-D
Ahora ya solo falta que invente la contrapartida, para olvidar. En plan Tokyo ya no nos quiere.
(Confesión: esto es un c&p de algo que escribí antes meneame.net/story/hipertimesia-imposibilidad-olvidar-eng/00014)
El "Si se puede ver, se puede copiar" va a ser literal de aquí a unos años xD.
1· Invento Español?, ¿Dónde está el palo?
2· Tener una memoria perfecta es un defecto, porque no aprendes a relacionar las cosas entre sí. La gente que tiene esa enfermedad se pueden saber de memoria todas las leyes de Maxwell y sus consecuencias, pero nos sabrían resolver un problema de electricidad y magnetismo que no hayan visto antes.
Aun así, hablando un poco friki... si tienes un 486 en el cerebro y le añades 10 TB de memoria ¿cuanto se tardará en acceder a toda la información, en filtrarla y obtener lo que se queire?
Dudo mucho que con una dosis te dure para toda la vida, si no vaya negocio farmaceutico mas malo.
Yo le veo mas uso por las noches, cuando salgo de juerga y me levanto al dia siguiente sin acordarme de nada... :P
Es como tener memoria eidética: al principio es gracioso, en casa te preguntan cosas como "Dónde viste por última vez mis gafas"... pero en ocasiones no es tan gracioso. Ahora, cuando te acostumbras no sabrías vivir sin ello.
#5 Esta en lo cierto sin que la gramatica tenga nada que ver.
Con este farmaco y otras investigaciones que haya en un futuro a lo mejor empezamos a utilizar toda nuestra capacidad cerebral.
Los que dicen que no distinguiriamos lo importante de lo que no lo es, requerira su periodo de aprendizaje, pero también pensaremos mas deprisa para discernirlo y al final sera algo instintivo.
Si la noticia es verdad ya veo a todo dios empastillado.
Tengo una memoria de pez que vamos, pierdo las llaves entre salir de mi casa y subir al autobus. Luego las encuentro en el bolsillo de la mochila que no busque
:( es muy triste
xDDDDDDD
Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzado. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo -género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño; Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres, "un Zarathustra cimarrón y vernáculo "; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.
Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año 84. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el » ver todo el comentario
Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: "Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo". Y también: "Mis sueños son como la vigilia de ustedes". Y también, hacia el alba: "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras". Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.
Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo. La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando. Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil. No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele.
Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, el gas, la caldera, Napoléon, Agustín de Vedía. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie de marca; las últimas eran muy complicadas... Yo traté de explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario de un sistema de numeración. Le dije que decir 365 era decir tres centenas, seis decenas, cinco unidades: análisis que no existe en los "números" El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme. Locke, en el siglo xvii, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada p » ver todo el comentario
Esa afirmación es una falacia. Es absolutamente falso que sólo empleemos un 10% (o simplemente una "menor cantidad", sea el porcentaje que sea) de nuestra capacidad.
eltamiz.com/2007/06/16/falacias-solo-usamos-un-10-de-nuestro-cerebro/ una explicación buenísima.