Las fuerzas de marea producidas por la Luna y el Sol debilitarían algunas fallas mediante un mecanismo indirecto y gracias a la presencia de agua a gran profundidad. El débil efecto de las mareas estimula la producción de temblores a gran profundidad de la corteza terrestre. Esto sugiere que a más de 25 kilómetros debajo de la superficie, las rocas están lubricadas por agua a alta presión que les permite deslizarse con menos esfuerzo. Roland Bürgmann, Universidad de Berkeley, dice que los temblores parecen ser sensibles a cambios de estrés.
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