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Hay que conseguir que el sujeto-pieza se encuentre feliz, que sus pulsiones más sagradas estén canalizadas y ocupadas en la insatisfacción permanente de la noria del consumo, y que en ningún momento tenga el desliz de plantearse la pregunta clave "¿puedo vivir y ser feliz de otra manera?". Y no sólo que se encuentre feliz: está obligado a serlo, a no estar enfermo o no parecerlo, ya que de lo contrario puede quedar atrapado por la propia maquinaria de la que forma parte. El absentismo entorpece el mecanismo de la máquina.
menéame