Parte del interés de las pequeñas editoriales por los clásicos tiene que ver con que los derechos pasan a ser de dominio público transcurridos ochenta años de la muerte del autor. Esto permite disponer de títulos y autores de prestigio, un fondo de calidad, sin tener que desembolsar cuantiosos anticipos... la clave de su éxito fue tratar a los clásicos como si fueran autores de hoy, sin citas ni notas aclaratorias. Eso permitió que entraran en las mesas de novedades, y en las reseñas de los diarios
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