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Cuando el rey Enrique VIII rompió con la Iglesia en Roma, cerró los monasterios de Inglaterra. Cuando Fidel Castro asumió el poder en Cuba, hizo lo mismo con los casinos de La Habana. En el próximo año veremos muchos estudios y propuestas, y probablemente unas cuantas ecuaciones, que explican cómo evitar que la crisis del crédito ocurra de nuevo. Pero como Enrique VIII y Castro concluyeron, por distintas razones, algunas veces una institución es insalvable. No se la puede corregir, por la sencilla razón de que ella misma es el problema.
menéame
Lo que no acabo de entender es la geolocalización