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Hay motivos que explican las causas de que no sepamos casi nada de lo que pasa en el cerebro. Hay quien se fija en las elevadas dosis de altruismo que puede arrojar en animales no humanos, como los elefantes, y otros, en cambio se horrorizan que un cerebro pueda urdir violencias sin límite. ¿Con qué nos quedamos?. Estamos descubriendo dos o tres principios fundamentales que desconocíamos. En primer lugar, aunque parezca primario, ahora sabemos por qué no sabíamos nada del cerebro; me lo sugirió en Nueva York uno de los mejores neurólogos...
menéame
En resumen, nuestro cerebro es mucho más cutre de lo que nos gusta pensar. No somos tan inteligentes como especie como nos gusta decir, simplemente parasitamos de forma óptima a los ejemplares de nuestra especie que si son más desarrollados intelectualmente hablando...
¿El parasitismo lo llevamos a cabo con órganos distintos al cerebro?
¿Los ejemplares de nuestra especie más desarrollados intelectualmente tienen órganos distintos al cerebro encargados de ese desarrollo?
Porque si la respuesta a las dos preguntas es "no", nuestro cerebro puede ser todo lo cutre que usted quiera, pero es el órgano más inteligente de los que conocemos. Y no sé qué tiene de inteligente por parte de un cerebro como el suyo definirse como cutre, pues también está conectado a su sistema emocional, y si ha leído el artículo, la ofensa sólo se compensa con cinco halagos. Salvo patologías que agradecen la ofensa.