La determinación de la longitud en el s XVIII era crucial para la navegación. El problema es que para determinarla había que saber la hora local (fácil, mirando al cielo) y a la hora de referencia de un lugar de longitud conocida. La solución consistiría en llevar un reloj a bordo del barco que marcase siempre la hora del lugar de referencia. El problema es que un reloj de péndulo (los únicos fiables en esa época) sobre un barco en movimiento... no funciona bien. Esta es la historia de cómo Harrison resolvió el problema.
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