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Cuando era adolescente y no tenía el dinero que te exige saborear la sagrada cultura, robaba libros y discos. Siempre en grandes superficies, añadiendo revolución al placer, dispuesto a machacar a los desalmados chorizos que atracaban una heroica librería de barrio, o a esas entrañables tiendas de discos que solo perviven en el recuerdo. Acompañado muchas veces, pero solo como acojonados ayudantes, de algunos actuales próceres del cine español que ahora exigen cárcel para los timadores callejeros del top-manta.
menéame
La mejor descripción de nuestra ministra de cultura que he leído.
El cambio de modelo de propiedad intelectual es imparable. Se puede perder el tiempo negándolo, o se puede ser valiente y afrontar el reto desde el principio.
Olé.
Estoy en contra de que solo puedan disfrutar de estas obras un sector privilegiado de la poblacion.
Aunque claro no tan bueno como aquel de la burbuja inmobiliaria.
Cada voto vale 1,3 de karma: INCREÍBLE.
¿Qué es esta chorrada de que las noticias pierdan karma por tiempo?