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Barracones para nazis y judíos

Julián Moreno tuvo la osadía de tener hambre y comer. En el basurero del campo de concentración de Miranda de Ebro descubrió un manjar: cáscaras de naranja. A los militares no les gustó. "Le ponían una moneda en la frente y contra la pared, teniendo que sostenerse en una sola pierna. Cada vez que se le caía tenía que recogerla y en ese instante los soldados le propinaban una paliza. Miranda de Ebro fue el último campo de concentración en clausurarse. En la II Guerra Mundial albergó a 15.000 extranjeros, entre ellos a dos futuros Nobel.

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